15/05/1997 | 539

«Al pueblo, unido, lo cagan los vendidos»

1º de Mayo en Montevideo. Acto del Pit-Cnt. Una concurrencia importante, entre la que se destacan los numerosos y masivos contingentes de los colegios secundarios.


Poco antes de comenzar el acto, Alberto Volonté, presidente del Directorio del Partido Blanco y cabeza de su ala más derechista, y otros dirigentes del mismo partido, ocupan las butacas que tenían especialmente reservadas en la primera fila del sector destinado a las ‘personalidades’. Cerca de ellos se ubicaron otros dirigentes patronales, como Rafael Michelini (del Nuevo Espacio) y los frenteamplistas Líber Seregni, Danilo Astori y Tabaré Vázquez.


Volonté y sus acólitos fueron recibidos con una espectacular silbatina. Una mujer sintetizó el pensamiento de los trabajadores y los jóvenes presentes cuando, con un tono enérgico, le espetó a los dirigentes blancos: «¡Ustedes se van, no tienen nada que hacer acá!» (Brecha, 2/5). Un argumento irrefutable.


Como las silbatinas, las puteadas y los ‘cantitos’ contra Volonté se hacían más intensos, la burocracia sindical y los dirigentes frenteamplistas montaron un operativo político y represivo de urgencia para proteger a tan ‘ilustre’ visitante. Astori, Tabaré Vázquez y Seregni se levantaron de sus asientos y se dirigieron hacia los dirigentes blancos, a los que abrazaron efusivamente a la vista de todos los presentes. Al mismo tiempo, desde el palco se reclamaba «tolerancia». En vista de que los‘argumentos políticos’ no alcanzaban a frenar la rechifla y las puteadas, la ‘seguridad’ de la burocracia formó un cordón para reforzar la valla que separaba al pueblo trabajador de las ‘personalidades’.


Pese a todo, los trabajadores y estudiantes continuaron repudiando vivamente a los representantes políticos de los explotadores. Las chiflatinas siguieron durante todo el acto y se extendieron a quienes trajeron a los burgueses al acto. Fueron chiflados los dirigentes del PIT-CNT y también el burócrata que habló en nombre de una‘multisectorial’ que integra el PIT-CNT junto con el FA y el Nuevo Espacio.


Además, los ‘cantitos’. Al clásico ‘¡Se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical!’, los trabajadores y estudiantes presentes le agregaron otro que, seguramente, va a ‘hacer historia’: ‘Al pueblo, unido, lo cagan los vendidos’. La rima es tan notable como la experiencia política que está reflejando: el hundimiento de las grandes luchas del movimiento obrero —como la de la construcción, la lucha contra la impunidad o contra las privatizaciones— por la burocracia política y sindical frenteamplista.


La revista Brecha (2/5), a la que sólo por el peso de la costumbre se la sigue calificando como ‘de izquierda’— caracterizó como «provocación» la defensa del carácter clasista del acto por parte de los trabajadores y estudiantes que repudiaron a Volonté. La única y verdadera provocación fue la desnaturalización del acto por parte de la burocracia sindical. Las chiflatinas y los ‘cantitos’ fueron una legítima defensa contra esa expropiación política del acto en favor de los explotadores.


La provocación de la burocracia traduce toda la política que la dirección del PIT-CNT defendió desde la tribuna. Desde allí, los burócratas llamaron a la «unidad popular»con los grandes explotadores. Textualmente, Elías Yafalián acusó a los trabajadores que repudiaban a Volonté: «es hora de tolerancia y unidad, es hora de abrir las compuertas para generar un espacio de defensa de los intereses populares, sin excluir a nadie. Y si hay quienes están por las exclusiones, que se excluyan ellos y no nosotros, que seguiremos firmes por el camino de la unidad popular» (Brecha, 2/5).


La política de la burocracia es la ‘unidad’con los explotadores, con los flexibilizadores y con los enemigos del movimiento obrero. Esta ‘unidad popular’ —que no une al pueblo sino que lo subordina a los intereses patronales y a las instituciones del Estado— ha llevado al movimiento obrero uruguayo de derrota en derrota y a un retroceso sin precedentes en sus condiciones de vida. Poco antes del acto del 1º de Mayo, Uruguay fue conmocionado por la noticia de que treinta mil desocupados se presentaron para cubrir 127 vacantes de barrenderos; el sorteo de las vacantes se realizó en el Centenario y parecía un Peñarol-Nacional, ya que los desocupados llenaron varias tribunas.


En la chiflatina, las puteadas y los ‘cantitos’ que recibieron Volonté y sus anfitriones radicó el verdadero acto del 1º de Mayo en Montevideo. Porque en Uruguay y en todo el mundo, el 1º de Mayo es una jornada de lucha obrera contra los explotadores capitalistas y sus representantes políticos.


Hace trece años


No es la primera vez que la burocracia sindical uruguaya intenta desnaturalizar la jornada obrera e internacionalista del 1º de Mayo.


Hace ya trece años, en la última jornada del 1º de Mayo que se hizo bajo el régimen militar, los sindicatos dirigidos por el PC plantearon que fueran invitados los ‘partidos democráticos’, es decir, los partidos patronales que poco después tomarían a su cargo el relevo de la dictadura y garantizarían la impunidad de sus crímenes. Tan segura estaba la burocracia stalinista —por aquel entonces, hegemónica en el movimiento obrero— de que lograría imponer fácilmente la presencia de los partidos patronales en el acto, que ya había ordenado la construcción de una segunda tribuna para ubicarlos.


En el plenario en que se votó la organización del acto, sin embargo, la burocracia stalinista fue derrotada y la presencia de los representantes políticos de los explotadores fue explícitamente rechazada. Es por este ‘antecedente’ que la burocracia actuó conspirativamente, llevando a los partidos patronales para enfrentar a los trabajadores con un ‘hecho consumado’. Pero volvieron a chocar con el repudio de abajo.


Aquel acto ‘excluyente’, ‘sectario’, ‘no unitario’ —según los insultos que entonces y ahora lanzaron los burócratas contra los que sostienen que el 1º de Mayo es una jornada obrera—, fue la movilización política de masas más importante que se recuerde en los últimos veinte años: más de 300.000 trabajadores se concentraron ese 1º de Mayo en Montevideo.

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