24/01/2020

Alberto Fernández y el criminal Netanyahu

Una agenda internacional marcada por la deuda externa y la política imperialista.

Alberto Fernández lidera la comitiva argentina que viajó a Israel en oportunidad de la invitación a participar del Foro Internacional de Líderes en Conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto y la Lucha contra el Antisemitismo. Del mismo participaron 40 líderes de todo el mundo, siendo Argentina la única delegación de Latinoamérica. La participación de Fernández fue orientada en busca de estrechar lazos con el Estado de Israel y el imperialismo en medio de las negociaciones de un acuerdo con el FMI y los acreedores de la deuda externa.


La estadía del presidente Alberto Fernández durante estos tres días sirvió para concretar una serie de reuniones con los líderes israelíes, asistir al evento que se realizó el día de ayer e incluso emitir una declaración conjunta con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.


La presencia de Fernández no fue inocente ni mucho menos neutral, así lo destacó el propio Netanyahu al inicio de la declaración conjunta de ambos líderes cuando comenzó felicitando al gobierno argentino por mantener el estatus de Hezbollah como organización terrorista, para renglón seguido colocar la cuestión de la investigación del atentado a la AMIA. Por la cuestión de Hezbollah, Fernández ya había recibido las felicitaciones del secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo, quien también celebró el bloqueo de los activos financieros de la organización proiraní.


El propio Foro en cuestión sirvió de tribuna del imperialismo yanqui y el Estado sionista para cargar las tintas contra el régimen iraní ante el beneplácito silencioso de los concurrentes, entre ellos Fernández. Netanyahu calificó a Irán como "uno de los regímenes más antisemitas del mundo". Lo siguió el vicepresidente norteamericano Mike Pence, que recordó que Irán era el único país que no reconocía el Holocausto  (Página12, 24/1), “El mundo debe permanecer firme ante Irán", insistió. Asistimos a una trampa: se busca manipular el legítimo horror ante los campos de concentración del nazismo para reforzar una agresión imperialista.



La guerra y la paz


La cancillería argentina ya había realizado un papel bochornoso al no condenar el atentado el gobierno norteamericano contra el general iraní Qassem Soleimani.


Al término del evento y en horas de la noche, Fernández se despachó con una serie de tuits que solo pueden calificarse como un agravio al pueblo palestino por el carácter encubridor de su contenido.






En ellos, Fernández elogia los “logros” del Estado de Israel y “su historia”, la vigencia del Estado de Derecho, la paz y el pleno respeto de los derechos humanos, sin detenerse a señalar en ningún momento que el gobierno de Netanyahu, en particular, y la política sionista del Estado israelí, desde su fundación a fuerza del asesinato y el desplazamiento forzoso de cientos de miles de habitantes, han violentado y violentan todos y cada uno de los puntos destacados.


El gobierno de Netanyahu ha propiciado una política criminal contra la población palestina que habita en condiciones de mínima subsistencia en Cisjordania y la Franja de Gaza. La destrucción de las viviendas palestinas y el proceso de colonización y desplazamiento violento de la población local es una constante del Estado de Israel. La Franja de Gaza, que alberga unas 2 millones de personas en un territorio pequeño y hacinado, es objeto de bombardeos recurrentes, incursiones armadas y un bloqueo permanente que deja a sus habitantes en una situación similar a la de un gueto. 


Las comparaciones de Fernández respecto al Holocausto Judío con los asesinatos de la dictadura militar argentina, omitiendo la política criminal del Estado sionista y el imperialismo en la región son solo una tapadera para estrechar la mano sangrienta de un elemento nefasto responsable de la muerte de cientos de palestinos.


Las referencias genéricas a la “paz” entre dos bandos sin ninguna distinción buscan encubrir la realidad de un Estado criminal que oprime al pueblo palestino, con el aval de las potencias imperialistas.




Cuando Fernández se sorprende de los logros alcanzados en una “geografía tan pequeña, y en tan poco tiempo” soslaya lo fundamental: el Estado de Israel nace como una semicolonia yanqui-británica que ha servido al propósito de apuntalar la política imperialista norteamericana en la región.


La política internacional del gobierno de Alberto Fernández parece no dejar lugar a dudas, con cada nuevo suceso, de su alineamiento a la estrategia del imperialismo norteamericano. Una muestra más de las consecuencias del sometimiento nacional a las exigencias del capital internacional.

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