Internacionales
24/9/2026
Alemania: el triunfo de Die Linke (La Izquierda) en Berlín
Su campaña política y sus contradicciones
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La situación alemana destaca por el crecimiento de los fachos de la AfD y la crisis de los partidos tradicionales de la vieja Alemania Occidental. Pero, en paralelo, está comenzando a desenvolverse otro fenómeno que merece ser seguido.
Se trata de la intervención, cada vez más enfática, de la juventud trabajadora en contra de la guerra y del militarismo, en solidaridad con Palestina, por derechos democráticos, por condiciones laborales, por el costo de los alquileres y de los servicios públicos, contra la reforma previsional, entre otros.
La expresión más representativa es el rechazo de los estudiantes secundarios a la reintroducción del servicio militar obligatorio. El lanzamiento gubernamental llamaba a reclutar 300 mil jóvenes. De todos ellos, solo 530 se anotaron. La protesta contra la guerra colaboró a poner en pie centros de estudiantes y distintas instancias organizativas.
Estos movimientos novedosos no han dado lugar, de momento, a expresiones políticas de ruptura masiva con el sistema, sino que han sido capitalizados en buena medida por Die Linke (La Izquierda), una fuerza constituida sobre la fusión de un ala izquierdista de la socialdemocracia con los restos del viejo aparato stalinista de Alemania Oriental, presentándose como un partido del “socialismo democrático”. Con una cúpula muy integrada al sistema alemán, actúa como un gran paraguas para movimientos y expresiones que se sitúan a su izquierda con cierto grado de autonomía. En sus comunicados, reportan una virtual duplicación militante en los últimos dos años –después de un proceso apuntalado por algunas buenas elecciones en Berlín y las grandes ciudades. Se estima que hoy cuentan con unos 100 mil miembros en todo el país.
La campaña electoral de Die Linke
En las elecciones regionales (Länder), Die Linke planteó una campaña para recuperar un dinamismo territorial, tras años de retrocesos. Llamaron a construir “en la clase” y a erguir “faros rojos” en sus distritos fuertes como contrapeso al crecimiento de los fachos. Han adoptado un enfoque propositivo, levantando los reclamos de la vida ciudadana, como las problemáticas de la vivienda. Así, exponen un contraste entre el deterioro de las condiciones de vida con el aumento del gasto armamentístico -al cual la dirección nacional se opone. Con ello, buscan rivalizar con el crecimiento de la AfD, que caracterizan como fruto de su atención a temáticas sociales. Die Linke afirma haber realizado timbreos en medio millón de hogares.
Pero su orientación no está diseñada como “obrera” o “de base”. Su manifiesto y su agitación tienden a organizar a los sectores en lucha en las redes de Die Linke, aunque se evita cualquier referencia a movilizar o a la huelga como método para imponer estas demandas. Ha organizado manifestaciones juveniles y marchas contra la derecha de AfD, aunque toda esa energía es desviada hacia una salida electoral, alimentando la ilusión de que sería posible transformar el régimen directriz de la Unión Europea por la vía de cambios o combinaciones parlamentarias.
Esta orientación tiene problemas prácticos ineludibles: allí donde Die Linke logra sus objetivos electorales, hace lo contrario a lo que declamaba.
Die Linke integra el gobierno regional de Bremen y de Mecklemburgo-Pomerania, junto al Partido Socialista y los Verdes. Esto los ha llevado a tener una responsabilidad directa en el aumento de los gastos militares y las leyes de presupuesto en el Bundesrat, la cámara alta electa por el voto de los gobiernos de cada región. A pesar de ser un tema de principios y motivo de encontronazos públicos entre dirigentes partidarios, no ocurrió ninguna expulsión o cisma contra los “traidores”, sino que primó la convivencia.
En el mismo plano, luego de insistir en que no alcanza con impedir que ganen los fachos de la AfD, sino que la crítica debe incluir la responsabilidad de la Democracia Cristiana (CDU, el histórico partido de gobierno y primer pilar de la derecha tradicional europea) en aplicar un programa similar, plantean votar un gobierno de la CDU en caso de que eso ayude a impedir la llegada de la AfD. Esta política ya fue aplicada en Turingia, donde su dirigente Bodo Ramelow fue jefe de gobierno (ministro-presidente) de un ejecutivo conjunto con la socialdemocracia y los Verdes, llegando luego a la presidencia del Bundesrat (cámara alta) y es el actual vicepresidente de la Bundestag (cámara baja-diputados). Tras su salida del gobierno, dieron su aval a una coalición liderada por la CDU. Ahora, vuelve a estar en discusión la misma línea de colaboración tras el 44% de los fachos de la AfD en las elecciones de Sajonia-Anhalt.
En esta última región, que votó el domingo 6, el nuevo ángulo electoral de Die Linke sufrió un gran revés: cayeron al 8,6%. A pesar de ello, lograron buenas elecciones en los distritos donde residen los obreros en lucha de la Volkswagen. También hicieron una votación respetable entre los sectores universitarios de Halle y Magdeburgo, las ciudades del Land. Allí, ganaron tres circunscripciones en la categoría de candidato individual (que ingresa directo al parlamento). Un índice de la transformación en su base social, identificada antaño con las áreas semi rurales o pobres de la ex Alemania Oriental. Algo similar ocurre en Meckelmburgo-Pomerania Occidental tras la votación del domingo 20. Die Linke hace la peor elección de su historia y cae al 6,5%, en un claro castigo a su gestión gubernamental.En cambio, en Berlín, gana con un cuarto de los votos (el 25,7%) y aspira a encabezar una coalición de gobierno. Gana 28 mandatos individuales sobre 78 y duplica su resultado en sectores universitarios, jóvenes y migrantes, siempre obteniendo mejores números en mujeres que en hombres. Mantiene un peso histórico en barrios de la vieja Alemania Oriental y consigue una buena votación en sectores obreros.
Un punto central fue su propuesta de aplicar la expropiación de un conglomerado de inmuebles y destinarlo a unas 200 mil viviendas populares, que ya fue sancionado tras un referéndum en 2021. Die Linke Berlín puso este elemento como una línea roja para formar gobierno, bien que se trata de una expropiación en el marco del derecho burgués, es decir, con pago e indemnización. Una parte del debate se concentra en el financiamiento de esta y otras medidas sociales expansivas. Die Linke propone un impuesto a la riqueza a nivel país del 2%, sobre el cual Berlín recibiría unos 5.600 millones de euros. No obstante, al ser competencia del parlamento nacional y no local, las dilaciones o autoajustes podrían ser muy notorias, más aún en una ciudad cuyo déficit es de 4.600 millones. No aparecen en su plataforma medidas que afecten de manera decisiva al capital.
Este elemento de discrepancia está siendo puesto en juego por los Verdes y la SPD para cotizarse a la hora de formar gobierno, una negociación que puede extenderse a lo largo de muchos meses, con todo tipo de ataques cruzados y “faroles”. Los Verdes, por ejemplo, declaran que Die Linke sería un grupo “antisemita” por participar en marchas en favor de Palestina. Como en muchos lugares, las críticas al sionismo y su guerra genocida es instrumentada con este rótulo. Pero es necesario señalar que, mientras que existe una juventud involucrada con esta causa, la dirección de Die Linke ha mantenido una postura muy moderada.
Debates en Die Linke
Die Linke ha adoptado un rechazo duro a la conscripción obligatoria y al uso de las bases de la Otan en Alemania para acciones ofensivas. En otros temas candentes, es más ambiguo. Se coloca por la defensa militar de Ucrania contra la invasión rusa, sin abordar el rol de la Otan y ni del ejército alemán. Propone una solución de dos estados para Palestina y reivindica el derecho de Israel a defenderse. Condena los ataques contra Irán, aunque colocando un pie de igualdad con Estados Unidos-Israel debido al carácter reaccionario del régimen ayatola, borrando las perspectivas de opresión imperialista.
Un gobierno de Die Linke-Verdes-SPD reeditaría la desastrosa gestión anterior de la ciudad en 2016-2023 (el llamado gobierno Rojo-Rojo-Verde o R2G) que privatizó servicios públicos, le dio más poder a la policía, expulsó migrantes, persiguió luchadores, entre tantos graves atropellos. La dirección de Die Linke refiere que, esta vez, la historia sería distinta por ser ellos quienes encabezarían con su candidata a alcaldesa Erif Eralp -hija de migrantes turcos. La convención del viernes 25, que plantea mandatar a la dirección para iniciar negociaciones con Verdes y SPD, ya prevé la existencia de una minoría en el partido que se opone a este curso.
Dentro de los parlamentarios electos en Berlín, existen una serie de expresiones que se ubican a la izquierda de la conducción sobre temas específicos de carácter social, sin que se cristalice una constitución nueva, por el momento, como fracción o grupo con planteamientos políticos generales. Se trata de una camada de activistas de movimientos de mujeres, diversidades, migrantes, juveniles, sindicales, inquilinos. Algunos de ellos, de muy reciente incorporación partidaria. Aparecen en este sector heterogéneo posturas que levantan reservas a un nuevo frente gubernamental con Verdes y SPD.
Junto a las diferentes alas de mayoría, en Die Linke conviven una amplia gama de pequeñas agrupaciones y plataformas específicas que se manejan con relativa independencia (por migrantes, por vivienda, etc.). Die Linke es un partido de fuerte impronta electoral que no reclama una disciplina estricta, lo cual habilita a que estos pequeños núcleos puedan coexistir como corrientes internas, o incluso con la modalidad de afiliación individual de militantes externos de otras organizaciones sin inscripción electoral, siempre y cuando voten y hagan campaña por los candidatos de Die Linke.
Una intervención revolucionaria debería dar cuenta que la capitulación de los dirigentes de la izquierda y de las centrales sindicales ante la política capitalista, como ocurrió con el reciente anuncio de 100 mil despidos en Volkswagen, es lo que lleva a que franjas desmoralizadas de trabajadores y capas medias se vuelquen hacia la prédica reaccionaria y fascistizante de la AfD. Por ello, no basta con la estrategia electoral. Es necesario hacer emerger una veta de clase que imponga un frente único de los trabajadores y sus organizaciones contra la guerra imperialista, la destrucción de las condiciones de vida y la segregación a los obreros migrantes.



