22/11/2007 | 1018

Alemania: La huelga ferroviaria más grande de la historia


En Alemania ha comenzado la huelga ferroviaria más grande de toda su historia. Los conductores de trenes, agrupados en el sindicato GDL, paralizaron la red ferroviaria (tanto de cargas como de pasajeros de corta y larga distancia) en reclamo de un aumento salarial del 31%, la reducción de la semana laboral a 40 horas y un convenio propio. La paralización de los trenes ha sido total en el este del país y ha afectado particularmente a la industria automotriz y a las exportaciones marítimas.


El conflicto comenzó en julio y se ha venido desarrollando con una serie de huelgas parciales que han debido sortear la prohibición de las cortes. El sindicato amenaza con una huelga general indefinida si la empresa –Deutsche Bahn, la compañía ferroviaria estatal– no satisface sus reivindicaciones.


La patronal, el gobierno y la burocracia de los grandes sindicatos rechazan frontalmente la exigencia de los conductores de contar con un convenio propio. Los reclamos de los conductores –que han sufrido una pérdida real de sus salarios superior al 10% en los últimos años– comenzaron cuando los dos principales sindicatos del riel (Transnet y GDBA) acordaron un aumento salarial del 4,5% con la patronal.


Los patrones, funcionarios y burócratas rechazan el reclamo de un convenio propio de los conductores con la excusa de la “negociación colectiva centralizada”. Ninguno de ellos se preocupó por esa “centralización” cuando las patronales impusieron cláusulas de excepción para la aplicación de los convenios; gracias a estas cláusulas y la extensión del “trabajo basura”, sólo el 56% de los trabajadores está sujeto a convenciones colectivas. La propia burocracia acompañó esta ofensiva patronal aceptando rebajas salariales, extensiones horarias y cláusulas de excepción en los convenios por empresa. Todo esto ha llevado a una significativa caída del salario real en los últimos diez años.


El temor de la burguesía y de la burocracia es que, al reclamar un convenio propio, los conductores ferroviarios abran una escalada de reclamos salariales en sindicatos que, como el GDL, tienen una gran capacidad de paralizar la producción y los servicios. Si los trabajadores de estos sindicatos conquistan sus reivindicaciones, obligarían a los burócratas de los grandes sindicatos a plantear reclamos similares.


La lucha de los conductores ferroviarios es una enorme piedra en el “pacto social” que armaron la burguesía y la burocracia sindical alemana, que permitió descargar sobre las espaldas de los trabajadores –con reducciones salariales, precarización laboral, desempleo y pérdidas de conquistas sociales– el enorme costo de la anexión de Alemania del este por los capitalistas del oeste.

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