06/05/2015 | 1362

Arabia Saudita, un polvorín


Tropas saudies atacan bastion rebelde en el norte de Yemen


 


Desde su asunción reciente, el rey Salman, de Arabia Saudita, ha producido un giro en varios frentes.


 


 


Mientras en Suiza los enviados de Obama debatían un proyecto de acuerdo con Irán, al que se oponen tenazmente Israel y Arabia Saudita, Salman organizó una coalición de diez países de la región para bombardear a su vecino Yemen, cuando las milicias hutíes shiítas, aliadas de Irán, ocuparon su capital, Sanaa, y derrocaron al presidente Abdul Mansur Hadi, apoyado por el reino Saudí. Los bombardeos ya han producido 1.500 muertos, la mayoría civiles, pero las milicias hutíes continúan su avance ocupando más territorio.


 


 


El reino saudita también desplazó naves a la costa de Yemen en el golfo de Aden, para controlar el estratégico estrecho de Bab el Mandeb, ruta marítima que conecta el Océano Indico con el Canal de Suez, por donde cruza uno de cada ocho barriles de petróleo consumidos diariamente.


 


 


La zona se ha transformado en un polvorín. En el golfo de Aden hay navíos de guerra de Egipto, Arabia Saudita, Paquistán, India, Irán y Estados Unidos. China envió dos buques para transportar evacuados.


 


 


La Armada de Estados Unidos «envió el USS Theodore Roosevelt -un portaaviones- y el USS Normandy -un crucero de misiles guiados- para seguir un convoy de nueve buques de guerra y de carga iraníes y se dirigió hacia el puerto de Yemen de Adén. Los buques de carga son sospechados de llevar armas a los rebeldes hutíes en violación de las sanciones de las Naciones Unidas. Las naves se volvieron hacia Irán esta semana antes de llegar a Adén» (USA Today, 1°/5).


 


 


Cambios en el reino


 


 


A fines de abril, Salman produjo cambios en la línea de sucesión, fortaleció su línea familiar y desplazó a otras tribus. «El rey elevó a dos de la línea dura, familiares de la realeza (…) Las designaciones anuncian que Arabia Saudita continuará su política exterior en Oriente Medio dirigida a bloquear la hegemonía iraní» (Wall Street Journal, 1°/5). El nuevo sucesor se destacó durante diez años en la lucha antiterrorista como ministro del Interior.


 


 


Los cambios fueron interpretados como un mensaje hacia Obama, que «ya no es de confianza de los saudíes, dada la promoción del presidente para un acuerdo nuclear con Irán» (ídem).


Salman también reemplazó al directorio de la poderosa petrolera saudí, Aramco, nombrando presidente a su hijo Mohammed bin Salem, quien también fue nombrado en enero ministro de Defensa y es el que dirige el operativo militar de bombardeo en Yemen (Financial Times, 1°/5).


 


 


Militarismo y petróleo


 


 


Los gastos militares en la región del Golfo Pérsico son los que mayor incremento han tenido en todo el mundo; intentan enfrentar su aislamiento y la fragilidad de sus gobiernos, jaqueados por la primavera árabe, y ahora por la caída de los precios del crudo. Sin embargo, el operativo militar en Yemen «no ha debilitado a los hutíes y permanecen para alcanzar los objetivos»; luego de los bombardeos «no hay mucho por celebrar» (Financial Times, 29/4).


 


 


La destitución de la viceministra de Educación, Norha al Faiz, que intentó introducir la educación física en las escuelas, es una señal de que continuará la «segregación de las mujeres», sin derechos ni para conducir un vehículo. La monarquía se repliega en un aislamiento creciente al ser incapaz de salir de costumbres de la edad media (El País, 18/4).


 


 


Los gastos militares de la guerra con Yemen y la baja del precio del petróleo han producido un déficit creciente, «estimado por banqueros en 100 mil millones de dólares este año». Desde octubre ha gastado «de las reservas 47 mil millones». Entre los gastos se sumaron «bonos militares» para los que combaten con Yemen.


 


 


La monarquía saudita se ha embarcado en una guerra de resultado incierto, que convierte a la región en un polvorín.


 


 


 

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