31/07/2003 | 811

Argentina después de las elecciones

Publicado en el periodico Nueva perspectiva, del EEK de Grecia

Compañeras y Compañeros:


En América latina existen dos tendencias políticas que se oponen objetivamente una a la otra. De un lado la tendencia de las masas a la rebelión popular como consecuencia del derrumbe de los regímenes políticos y de la crisis capitalista; del otro lado, la tendencia opuesta a derrotar esas rebeliones usando los métodos de la democracia burguesa.


La fuerza motriz de la primera tendencia es la clase obrera empleada y desempleada, la juventud explotada y el campesinado pobre de América Latina. La fuerza motriz de la tendencia opuesta es el imperialismo y los explotadores locales, que utilizan a los partidos de centroizquierda para imponer sus objetivos.


La rebelión del 19 y 20 de diciembre de 2001, abrió una nueva situación en nuestro país: la época de la rebelión popular.


Este período no se ha cerrado con las elecciones del 27 de abril de 2003. En esas elecciones, el imperialismo y los explotadores ganaron una batalla, de ninguna manera la guerra. Una etapa se ha cerrado y una nueva se ha abierto, pero siempre en el cuadro del período histórico abierto por el Argentinazo, el período de la rebelión popular.


Los resultados electorales no han resuelto ninguna de las cuestiones que fueron puestas a la orden del día. No han resuelto el problema de la deuda externa, de la crisis bancaria, de la bancarrota fiscal del Estado, de la quiebra de la burguesía, la cuestión de la descomposición de las instituciones del Estado, el colapso de los partidos del régimen, la tendencia de las masas a intervenir con los métodos de la acción directa. El resultado electoral no ha hecho desaparecer a las organizaciones populares que organizaron y condujeron la rebelión popular. Las elecciones son simplemente un episodio dentro del período histórico abierto por el Argentinazo.


Lo que ha cambiado en la nueva situación política es que ahora los explotadores tienen la iniciativa política. Antes de las elecciones eran las organizaciones populares las que determinaban la «agenda». Pero en la misma medida en que el nuevo gobierno está obligado a desarrollar sus propias iniciativas políticas, necesariamente enfrentará nuevos conflictos, nuevas luchas y nuevas crisis.


La Argentina ha entrado, como consecuencia de las elecciones, en un desvío democrático, por medio del cual la burguesía intenta reconstruir la autoridad del Estado y las propias relaciones sociales capitalistas. Pero el gobierno que intenta llevar adelante estos objetivos debe actuar en el marco histórico establecido por el Argentinazo y la rebelión popular.


El nuevo gobierno es un ovillo de contradicciones. Dice que es la expresión de la «soberanía popular» pero ganó con sólo el 22% de los votos. Dicen «somos lo nuevo» pero su personal político está compuesto por menemistas y cavallistas reciclados. Dicen somos «lo nacional» pero representan a la burguesía nacional que tiene en sus portafolios parte de la deuda externa argentina, representan a los monopolios petroleros y mineros, todos ellos extranjeros.


El nuevo gobierno ha tomado sobre sus hombros la tarea de reconstruir las relaciones sociales capitalistas en Argentina. Estas relaciones habían colapsado. La economía capitalista argentina es una ficción, que sólo se mantuvo en pie porque la sostuvieron las relaciones sociales capitalistas mundiales, la dominación mundial del capital. Los bancos tienen capital negativo y sin embargo siguen abiertos. Las empresas están quebradas y sin embargo siguen funcionando e incluso sus acciones cotizan en la Bolsa.


Apenas el nuevo presidente Kirchner quiera transformar esta ficción en realidad, deberá enfrentar violentos choques. Por que de lo que se trata es de determinar qué bancos se salvarán y cuáles irán a la quiebra; qué empresas y qué ramas industriales se salvarán y cuáles irán a la quiebra. Estas cuestiones sólo podrán ser zanjadas mediante una lucha violenta. Deben resolver la quiebra de los bancos y la quiebra de la industria; y la resolución de cada uno de los problemas está en contradicción con la solución de los restantes. Si salvan a los bancos, las industrias van a la quiebra; lo mismo si salvan a las empresas de servicios privatizadas.


Todo esto indica que la crisis de poder que existía en Argentina antes del Argentinazo y que con el Argentinazo se convirtió en una cuestión candente para las masas, sigue abierta. Las elecciones no han cerrado esa crisis de poder aunque, como la burguesía tiene ahora la iniciativa política, esta crisis de poder no se dirime en las calles. La crisis de poder sigue abierta porque ahora lo que hay que determinar es qué sección del capital será destruida y cual no; cuál se salvará y cual irá a la quiebra.


El crecimiento de estos conflictos en la burguesía y la propia experiencia que las masas desarrollarán con el nuevo gobierno replantearan la cuestión de la lucha por el poder para las masas.


Alternativas


¿Cuáles son los caminos alternativos de la crisis argentina?


Una alternativa es que el gobierno de Kirchner capitule rápidamente ante el FMI, el imperialismo, los bancos y los monopolios privatizados. En este caso, marchamos hacia una serie de conflictos de la burguesía «pesificada» con el nuevo gobierno y, al mismo tiempo, de choques de las masas explotadas con esta nueva versión del menemismo. Estaremos bajo una combinación de crisis «por arriba» y movilización y lucha «por abajo».


Existe también otra posibilidad, otro camino alternativo. Que el gobierno entre en conflicto con el FMI, que choque con los bancos, que desarrolle una política «nacionalista». En este caso podremos ver en Argentina un desarrollo del tipo «venezolano», bajo la forma de una serie de conflictos entre el gobierno, el imperialismo, los bancos y el FMI.


En los dos casos, por una vía o por la otra, la perspectiva es de graves choques políticos. Incluso en esta situación, y a pesar del hecho de que la iniciativa política pertenece a la burguesía, existen posibilidades de intervención revolucionaria porque ella está obligada a actuar en el marco de una crisis mundial, en el marco del período histórico inconcluso del Argentinazo.


Esto es lo principal. Hace unos pocos días, el 11 de junio, 30.000 piqueteros manifestaron a la Plaza de Mayo para presentarle al gobierno su pliego de reivindicaciones. El Bloque Piquetero Nacional ha declarado, con mucha claridad, que no otorga ningún apoyo político al nuevo gobierno.


Resultados electorales


Es imposible presentar un informe sobre la situación argentina, sin una explicación de los resultados electorales del Partido Obrero. No es simplemente una cuestión de honestidad política; es esencial para comprender por qué ha ocurrido esto; por qué se ha manifestado una contradicción tan manifiesta entre el crecimiento organizativo, y la influencia política y sus resultados electorales.


El PO había pronosticado que los resultados de la izquierda en estas elecciones serían pobres. Porque estas elecciones habían sido programadas y organizadas para acabar con el Argentinazo. Y las tendencias de la izquierda representaban al Argentinazo. Pero aún en este cuadro, el resultado electoral que obtuvo el PO es muy bajo.


¿Cuáles fueron las causas de este bajo resultado? Nosotros hemos discutido la cuestión y pensamos que existen tres factores básicos.


Uno de los factores es que en las barriadas obreras, en los distritos obreros, la batalla por el voto no fue una confrontación político-ideológica entre el PO y los partidos de la burguesía. Fue una batalla material. En condiciones de terrible miseria, los partidos patronales repartieron cientos de miles de planes de empleo y de bolsas de alimentos en las vísperas de las elecciones. Y en esta situación, hemos escuchado compañeros que nos dicen «está bien, ustedes tienen razón; son ladrones, hundieron la Argentina; hay que movilizarse y organizarse… pero necesito el plan de empleo o la bolsa de comida». Esta fue una cuestión importante a la hora de de terminar el voto.


El segundo factor es una reacción antipiquetera que se desarrolló en las capas superiores de la clase media. Obedeció, en primer lugar, a su desencanto con los resultados políticos y prácticos de la rebelión popular y con un comienzo de estabilización parcial de la economía. El gobierno desarrolló una amplia campaña en la prensa acusando a los piqueteros de violentos, de saqueadores, de no querer trabajar…


En la capa superior y media de la clase media, el gobierno ganó una batalla política. Pero este sector de la clase media obedecía a sus propios intereses de clase. Como uno de los preparativos para las elecciones, repetimos, el gobierno promovió una efímera estabilización económica de la cual se beneficiaron los sectores superiores de las clases medias.


Pero incluso los sectores más empobrecidos de las capas medias, que apoyan a los piqueteros, no los veían como una alternativa de poder. Piensan que es correcto que los piqueteros luchen por trabajo genuino y apoyan sus luchas, pero no ven un gobierno de organizaciones piqueteras. Este es otro punto importante.


Un tercer factor que es muy importante para la educación de nuestro propio partido revolucionario es ver las contradicciones que produce el crecimiento de un partido revolucionario. El Partido Obrero ha crecido, desde el Argentinazo, muy rápido, quizás excesivamente rápido.


Un compañero que entró al Partido Obrero, o al Polo Obrero, en enero del 2002, sin ninguna experiencia política, sin ninguna experiencia sindical, dos meses después se había convertido en el dirigente de un nuevo grupo del Polo Obrero o del Partido Obrero. Y quizás, dos meses después, el compañero que había entrado en la segunda camada también se había convertido en dirigente de otro nuevo grupo del Polo o del Partido.


Este acelerado crecimiento, en las condiciones del más intenso esfuerzo organizativo y de movilización contra el gobierno, puso en enorme tensión nuestra capacidad de promover la homogeineización política de toda esa capa de nuevos compañeros. Es decir, darle los elementos políticos a esos compañeros nuevos, sin experiencia, que debían enfrentar a los aparatos políticos patronales.


Estas son las tres causas fundamentales, desde nuestro punto de vista. Pero quiero dejar algo en claro: con lo fundamental que es para el PO esta cuestión, la baja votación de la izquierda y del PO es un elemento secundario, subordinado, a la hora de analizar la situación argentina en su conjunto. Y no altera para nada nuestra caracterización de que el período abierto por el Argentinazo continúa abierto.


Para resumir. La burguesía ganó una batalla pero no la guerra. La necesidad del nuevo gobierno de superar la quiebra del capitalismo argentino, en el cuadro de la crisis mundial, y la crisis del régimen político, sus partidos e instituciones, llevará a enfrentamientos, choques y crisis. Crea así nuevas posibilidades de explosiones revolucionarias, de desarrollos revolucionarios y de posibilidades revolucionarias para nos otros.


Para desarrollar las tendencias revolucionarias que existen como una potencialidad en la nueva situación, los tres pilares básicos de la política del Partido Obrero son: 1. La más amplia organización de la movilización directa de las masas por sus reivindicaciones; 2. La más enérgica agitación política para marcar a fuego las limitaciones, capitulaciones y entregas del nuevo gobierno; 3. Una muy clara delimitación política entre nosotros y todas las experiencias de colaboración de clases y centroizquierda y de izquierda, tanto en el plano nacional como en el internacional.


Para terminar, la conclusión general es que el estudio de la situación argentina permite apreciar la complejidad del proceso revolucionario vivo. Con sus alzas y sus bajas; sus avances y retrocesos; las contradicciones que plantean los pasos adelante y las posibilidades que se plantean cuando fuimos obligados a dar un paso atrás. Es el proceso de la revolución que se desarrolla en la Argentina.


Muchas gracias.

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