11/01/2002 | 737

Argentina «no contagia»

Un repaso por la prensa internacional de los primeros días del año, muestra una rara coincidencia en asegurar que la crisis argentina no irá más allá de un «problema doméstico». Un economista de Zurich adjudica, en sorna, la falta de propagación de la crisis hacia otros países, al oportuno retiro del país, hace tres años, de dos notorios dueños de fondos de inversión, Soros y Robertson, que con sus ataques especulativos hubieran podido poner en jaque a los mercados de los países contiguos a la Argentina y a los mercados «emergentes» en general. La caída de la cotización de la deuda externa argentina no ha provocado derrumbes en la cotización de otras deudas externas y ni siquiera ha detenido el rumbo ascendente de los mercados de Rusia, Ucrania y hasta Turquía. La conclusión es que no hay «una crisis sistémica».


Un desenlace demorado


La explicación que se ha venido dando para explicar esta circunstancia es que el lento desarrollo de la crisis (lleva tres años) permitió que los especuladores deshicieran sus inversiones, y por otro lado que las sucesivas crisis en Asia, Rusia y Brasil retrajeron la acción de los llamados fondos de cobertura, que especulan utilizando dinero prestado y muy escaso capital propio. Al disminuir la parcela de especulación que se financia con un elevado endeudamiento, ha quedado limitada una fuente de propagación de la crisis. Otra razón de fondo es que una buena parte de la deuda externa fue transferida en forma compulsiva a las AFJP, o sea a costa de trabajadores que aportan a ellas, aliviando la carga que representaba para los banqueros locales y del exterior.


Estas características explican titulares como «Los fondos mutuos escapan a las consecuencias de Argentina» (Financial Times, 4/1), debido a que «comenzaron a vender las problemáticas acciones del país, meses o incluso años antes». Otro titular, días más tarde, asegura que «Una manzana podrida no logra arruinar a todo el cajón en los mercados de América Latina» (7/1). «Por mala que sea la crisis en la Argentina, su impacto en Brasil, México y la mayoría de los otros países latinoamericanos es realmente muy pequeña».


Hasta que saltó Madrid


El mismo día, sin embargo, la Bolsa de Madrid perdía en una sola jornada 10.000 millones de dólares, como consecuencia de la caída de las cotizaciones de las empresas que tienen fuertes inversiones en la Argentina. Las órdenes de venta, informaba El País (8/1), habían llegado del exterior, por lo que se esperaba que la debacle continuara al día siguiente, esta vez como consecuencia de órdenes de venta internas. Estas pérdidas tenían lugar después que, según el Financial Times, «lo peor de la crisis (argentina) ya había sido traducido a los precios por el mercado». Repsol, que tiene una deuda contraída por la compra de YPF de 15.000 millones de dólares, era la más castigada.


Lo ocurrido en Madrid se repitió en Wall Street, donde «el batacazo de las empresas que invierten en la Argentina no fue más leve» (El País, 8/1). El diario asegura, además. que «muchos inversores seguirán vendiendo».


Por el lado de Piazza Affari, la Bolsa de Milán, las cosas no iban mejor, pues de acuerdo al Corriere della Sera, «los inversores italianos ya han perdido los dos tercios del capital» (5/1). El diario informa que «la crisis argentina ha aterrizado ayer oficialmente sobre el ahorro italiano y sobre la Bolsa, con la suspensión de las contrataciones de los 3.500 millones de euros en obligaciones argentinas. Para los ahorristas italianos *agrega*, que aún tienen estos bonos en sus cajas de seguridad, cuyo valor se ha reducido ya a un tercio, no queda más que contener la respiración a la espera de las nuevas condiciones del crédito». Lo mismo ocurre en Alemania, donde los pequeños ahorristas, como ocurre en Italia, son los poseedores principales de la deuda argentina.


Mientras los «observadores» buscaban rastros del virus por América Latina, la crisis argentina golpeaba a los bancos en toda Europa. La Banca Nazionale del Lavoro ha tenido que mandar a previsión por incobrabilidad al 40% de su cartera de deuda argentina, de 600 millones de euros, pero esto hasta septiembre; el holandés ING, casi 800 millones; la cartera del francés Societe Generale es de 600 millones, en tanto que la del Credit Agricole, de 1.600 millones de euros. El lunes 7, el gobierno francés protestaba en defensa de sus inversiones eléctricas de agua y en telecomunicaciones. El miércoles 9, La Nación titulaba que «La Unión Europea aumenta la presión por sus empresas».


Es decir que, después de todo, la crisis argentina «contagia» y «la manzana podrida» realmente afecta. Incluso la devaluación uruguaya, del 25%, no es moco de pavo, dado que Montevideo es una plaza financiera. El peso chileno también se ha devaluado sistemáticamente. La crisis se ha extendido asimismo a Paraguay, cuya crisis bancaria precedió a la argentina, con el adicional de que en tierra guaraní han comenzado los cacerolazos, no sólo de la clase media sino de los campesinos.


La revolución también «contagia»


Es que la Argentina «contagia» incluso más que las crisis que se han venido sucediendo desde 1995, porque incorpora un levantamiento popular, es decir que suscita el «contagio» político. Es precisamente lo que reconocen las noticias que vienen de Washington, cuando informan que Bush comenzó a tomarse en serio la crisis argentina, sólo a partir de los levantamientos en Mendoza y Entre Ríos, la semana previa a la caída de De la Rúa-Cavallo. Esto mismo explica que apoyara a Rodríguez Saá, primero, y luego a Duhalde, aunque a éste lo une el acuerdo en devaluar el peso.


La pretensión de que la crisis argentina puede confinarse a lo «doméstico» significa un desafío a la ley de la gravedad. En una época que se caracteriza por el dominio creciente de la economía mundial, sólo pueden ser «domésticas» las crisis episódicas y superficiales. Detrás de la asignación de «doméstica» se esconde el propósito de ocultar el carácter «sistémico» de la crisis, es decir su carácter capitalista de conjunto, internacional. En la Argentina, ¡no ya la banca sino la propia industria se encuentra en un 70-80% en manos del capital extranjero! La crisis «doméstica» de la Argentina se refiere nada menos que a una impresionante disolución de las relaciones económicas capitalistas y de la organización social y política que se apoya en ellas.


Mecha prendida y pradera seca


No es cierto que la crisis no se haya propagado en el mercado de títulos de la deuda; lo prueba la tasa de riesgo-país de Brasil, que oscila en torno a los 900-1000 puntos, o sea que paga una tasa de interés que es seis veces mayor que la de Estados Unidos (4% más 10 = 14% anual), y que es incluso superior en el mercado interno. Claro que está aún distante de provocar un derrumbe de la deuda externa brasileña. El mecanismo principal de propagación de la crisis no ha sido hasta ahora el mercado de deuda sino la Bolsa. A través de ésta afectará a todos los restantes mercados.


Pero no solamente esto. El problema financiero principal de la crisis argentina todavía se encuentra en suspenso. Nos referimos a la deuda externa. Aunque se sigue pagando y aunque Cavallo garantizó el 60% de ella que se encuentra en el mercado local, es inminente una declaración de quiebra y una renegociación que deberá llevar a una quita del 60% del capital. El éxito de esta renegociación dependerá, según el FMI, de una «reestructuración de la banca», es decir de la quiebra de una parte de ella, que podría afectar al Ciudad, al Galicia, al Provincia, al Nacionale del Lavoro y algún banco español, si sus casas matrices no los capitalizan. Con esto solo, la perspectiva de un terremoto en los mercados de capitales (tanto de títulos como de acciones) parece asegurada. Pero a esto hay que agregar que el tema cambiario no está concluido y que la devaluación del peso podría colocarse entre 2 y 2,50 pesos por dólar (el J.P. Morgan está cotizando el dólar-futuro a 3,70 pesos). Una super devaluación semejante tendría un efecto arrasador en los mercados internacionales.


El terreno internacional para un sacudimiento se encuentra, por otro lado, perfectamente abonado. La quiebra bancaria y la deflación japonesas, están enviando una onda de choques cada vez mayores sobre la economía mundial, la que por otra parte sufre una recesión simultánea de sus principales economías. La devaluación consecuente del yen está volviendo a estremecer a las economías de Asia.


El pasado «nos condena»


Argentina tiene el antecedente de haber derribado, con la crisis de 1890, la hegemonía financiera internacional del imperialismo inglés.

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