25/05/2020

Bolivia: ultimátum militar

La situación política y social en Bolivia se está polarizando en forma acelerada. El comandante del Ejército, César Orellana, irrumpió en el Senado con una decena de oficiales, todos vestidos de fajina como en las operaciones militares, para entregar un ultimátum:¡en el lapso de una semana, el Senado debe aprobar -sí o sí- el listado de ascensos y nombramientos elaborado entre los militares y la presidenta Jeanine Añez!


Según la Constitución boliviana, la presidente es la Capitana General de las Fuerzas Armadas. Estos nombramientos están observados por el Senado, en el cual tiene amplia mayoría el MAS de Evo Morales.


Detrás de este choque entre el Poder Ejecutivo y el alto mando militar de un lado, y la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) del otro, estaría en juego una política de depuración-postergación de mandos que no responden directamente a la presidente Añez y la promoción de aquellos que le son afines. Orellana, nombrado comandante del Ejército luego del derrocamiento de Evo Morales, tiene sobre su foja no solo el ser golpista, sino también haber intentado aplastar sangrientamente las resistencias populares con el saldo de una treintena de muertos (Senkata, Sacaba).


Virus golpista


La golpista Añez intenta mantenerse en el poder postergando ad infinitum las elecciones. Cuando se dio el golpe en noviembre, asumió nombrada por el mando militar y el apoyo de la OEA, de Trump y Bolsonaro. Pero la fuerte resistencia de masas que se desató la obligó a establecer un pacto implícito con el MAS, por el cual se mantenía el parlamento y se convocaba elecciones generales para fines de enero. Luego esto fue postergado, colocando como día el 3 de mayo. Con motivo del estallido de la pandemia, Añez aprovechó para volver a postergarlas sin fecha.


El Tribunal Electoral dictaminó que se las convocara en 90 días, lo que fue rechazado por Añez en nombre de la cuarentena y la lucha contra el coronavirus. El parlamento repudió este rechazo presidencial y votó que las elecciones se realizaran antes del 3 de agosto. Esto fue impugnado judicialmente  por partidarios de la presidenta. Movilizaciones derechistas plantearon abiertamente la necesidad de cerrar el parlamento. Lo que significa un nuevo golpe. Ahora sale el Ejército con su ultimátum, si el Congreso no cede a su planteo de nombrar en los puestos claves a los militares afines.


Estamos ante una utilización del virus corona para justificar el continuismo golpista.


Virus corrupto


Unos días antes salió a luz, denunciado por personal sanitario, un gravísimo caso de corrupción. El nuevo ministro de Salud, Marcelo Navajas, que asumió hace tres semanas y es dueño de tres sanatorios privados, sería responsable de un grave e inmoral hecho delictivo de corrupción. En un publicitado operativo publicitario, se informó de la compra en España de 170 respiradores para los hospitales públicos de Bolivia. Afirman que cada uno de ellos costó 28.000 dólares, pero… terminó sabiéndose  que su costo real era de 8.000 dólares. ¡El ministro y sus cómplices se embolsaron 3 millones y medio de dólares! Doblemente inmoral, porque las asociaciones de médicos han señalado que son obsoletos, que no sirven para terapia intensiva, que solo son bolsas autoinflables. Están jugando con la salud del pueblo.


La presidenta Añez ha tratado de presentarlo como un caso de corrupción aislada, aceptando la renuncia del ministro de salud pública. Pero hay informes de que el cónsul boliviano en España que gestionó la compra de los respiradores es hijo de una candidata parlamentaria de la alianza de Áñez. Y que el novio de la hija de la presidenta, que fue nombrado embajador especial para asuntos tecnológicos (¿nepotismo?), fue asesor en la operación. También que uno de los funcionarios cesanteados es un ex empleado de Doria Medina, el millonario que va en la fórmula de Añez como candidato a vicepresidente.


La semana pasada en Prensa Obrera denunciábamos el negociado en la petrolera estatal.


En 6 meses de gobierno, hay una docena de actos de corrupción que acorralan al gobierno y a sus funcionarios.


K’ara K’ara marca un camino


Vecinos autoconvocados de este barrio situado en la zona sur de la ciudad de Cochabamba cortaron las calles que entran al barrio. Mantuvieron ese corte durante 13 días, enfrentando las presiones (y represiones) gubernamentales. A pesar de todo tipo de amenazas las “Bases Autoconvocadas” se mantuvieron firmes. En los últimos días, apareció la amenaza directa de utilizar grupos de choque paramilitares. El grupo Resistencia Juvenil Cochala intimó públicamente que si no levantaban los cortes en 48 horas ellos iban a hacer sentir el escarmiento a los K’ara K’ara. Hay que hacer notar que los piquetes impedían el paso de los camiones recolectores de residuos, por las únicas vías que llevaban al basurero de Cochabamba. La ciudad mal olía a descomposición por todas partes.


Los vecinos salieron a manifestar y bloquear las calles con barricadas de piedras, etc. porque se están muriendo de hambre encerrados por la cuarentena sin medios de vida. Pedían flexibilidad para salir a changuear y un conjunto de reclamos. Sin agua potable, para conseguirla había que pagar a camiones cisternas privados, etc.  Junto a los reclamos reivindicativos exigían la convocatoria inmediata a elecciones nacionales.


Los cortes fueron levantados luego que las autoridades firmaran un acta con los autoconvocados, resolviendo favorablemente un conjunto de sus  reclamos: el gobierno comprará en forma inmediata una veintena de camiones cisternas para dotar de agua potable a los vecinos, mientras encara las obras para resolver la faltante endémica, etc. En el acta se hizo constar también el reclamo de elecciones ya.


Abajo el ultimátum militar. Fuera los golpistas


El coronavirus va creciendo y Bolivia no está preparada desde el punto de vista de su estructura sanitaria para enfrentarlo. Los corruptos que juegan con la vida del pueblo deben ser juzgados, expropiados y encarcelados. También avanza la pandemia de despidos y cierre de empresas. Añez sigue adelante con sus planes de entrega (litio, tierras públicas, etc.). Los militares realizan ultimátums y preparan nuevos golpes contra las luchas obreras y populares, a las que siguen reprimiendo. Gran parte de la prensa opositora está asfixiada por el gobierno para que no se escuchen críticas disidentes.


Las tendencias a resistir y luchar contra esta situación de reacción derechista se evidencian constantemente: cacerolazos, etc. Pero la dirección del MAS, sin embargo, plantea esperar a las elecciones. Lula en Brasil postergó la resistencia a la reforma laboral porque había elecciones en el 2018. Los kirchneristas en Argentina decían lo mismo frente a los ataques contra el pueblo de Macri: esperar a las elecciones del 2019. Evo Morales plantea esperar hasta las elecciones… ¿de cuándo?


El hambre, la pandemia, los despidos, la entrega, la amenaza de nuevos golpes reaccionarios están ahora acosando al pueblo. El gobierno golpista está debilitado: el frente derechista no ha logrado unificarse detrás de Añez y se está escindiendo rápidamente. Una parte importante del apoyo que había conseguido con demagogia democratizante en sectores de la clase media ciudadana se ha empezado a romper -a la luz de 6 meses de experiencia de corrupción, entrega, ataques a los trabajadores.


Es necesario encarar una movilización general por las reivindicaciones del pueblo explotado, no se puede ‘esperar’ a que Añez y Orellana las convoquen. Con ellos en el poder no habrá elecciones democráticas, solo continuismo entreguista y antipopular. Fuera los militares de las calles bolivianas, depuración de todos los mandos comprometidos con el ultimátum militar; tomar la lucha contra la pandemia en manos de los trabajadores para terminar con la corrupción asesina: nacionalización y centralización de todo el sistema de salud, control de médicos y trabajadores sanitarios de las compras de aparatos, tests y materiales necesarios para enfrentar la pandemia; prohibición de despidos, reincorporación de los cesanteados, aumento de emergencia, bono universal para todo aquel que no esté en una relación laboral de dependencia.


A medida que avanza la crisis y la polarización, sectores que apoyaron el golpe se van abriendo. Las burocracias de la Central Obrera (COB) y diversos sindicatos y campesinos que durante años fueron masistas y que con el golpe traicionaron la resistencia al mismo y se pasaron al apoyo y subordinación política a los golpistas, ahora lo están abandonando y hablan de las elecciones. Ellos no van a encabezar esa resistencia obrera y popular. Asambleas en las empresas y barriadas, preparemos las condiciones para un Congreso de bases de los trabajadores para que discuta y apruebe una política independiente.




 

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