Bolsonaro, incriminado en el crimen de Marielle Franco

A los más que numerosos elementos que vinculaban al clan Bolsonaro con el asesinato ,en marzo de 2018, de Marielle Franco -edil carioca del Partido Socialismo e Liberdade (PSOL) y referente de luchas populares- y su chofer Anderson Gomes, se sumó ahora un testimonio que implica con nombre y apellido al mandatario ultraderechista en la causa. El potencial de la causa para desatar una crisis política fue reconocido por el vicepresidente Hamilton Mourao, que salió al cruce sosteniendo que aquella “no hará caer al gobierno, pero perturba el buen funcionamiento de las cosas” (Télam, 30/10).


En marzo de este año habían sido detenidos los policías Ronnie Lessa y Elcio Vieira de Queiroz, los presuntos autores materiales de la balacera acometida contra Franco, ligados con el presidente y su familia por múltiples vías laborales, contables y domésticas y a las mafiosas milicias paramilitares que asolan los barrios populares, cuyos jerarcas fueron homenajeados por Flavio Bolsonaro -el hijo de Jair- en ceremonias oficiales.


Ahora, el noticiero de TV Globo, Jornal Nacional, recogió un testimonio filtrado de la investigación, del portero del complejo de viviendas en Río en el que vivían tanto el actual presidente -entonces diputado- como Ronnie Lessa. Acorde al sereno, aquel 14 de marzo de 2018, en horas previas al asesinato, Queiroz se hizo presente allí diciendo que iba a visitar la casa de Bolsonaro, desde la cual autorizaron su ingreso. Cuando el portero notó que el auto no se dirigía allí sino a lo de Lessa, avisó a la casa del actual mandatario, y desde allí le indicaron que estaban al tanto de su destino. Si bien el testigo afirma que fue el propio Bolsonaro el autorizante, algo difícil porque ese día estaba en Brasilia, de cualquier manera la orden provendría de su hogar. O Globo apunta en una carta que “la mera mención del nombre del presidente lleva a la Corte Suprema a analizar la situación”.


El gobernante respondió al informe con un video desde Arabia Saudita, donde se encuentra en una gira, en la que contradice a los gritos al portero, pese a que la Policía Civil de la ciudad confirmó que el ingreso de Queiroz figura en el libro de visitas. Incluso afirma, en clave mafiosa, que se comunicó con Sérgio Moro y que “‘nosotros’ le ‘vamos’ a tomar una nueva declaración al portero que reveló la información”. Hoy el ministro de Justicia (que ya debió poner las barbas en remojo más de una vez por las pruebas de sus operativos golpistas) acató y solicitó al Ministerio Público Federal que investigue tal testimonio (Vermelho, 30/10), buscando colocar como querellante al gobierno cuando debería estar en el banquillo de los acusados.


En este escenario, la lucha por el castigo para los responsables materiales y políticos del crimen de Marielle no puede quedar limitada a las acciones judiciales: reclama una comisión investigadora independiente con pleno acceso a los archivos y todas las garantías para su funcionamiento, y, ante todo, una masiva movilización de la clase obrera y el conjunto de los explotados. Las enormes jornadas contra las reformas educativas y previsional a mediados de este año mostraron el potencial de la lucha popular en Brasil, que es sin embargo contenida por las direcciones sindicales ligadas al PT y la centroizquierda, permitiendo avances de los planes de ajuste. Se hace preciso copar las calles por justicia para Marielle y por la derrota del gobierno mafioso y antiobrero de Bolsonaro.