08/10/1998 | 603

Brasil: ahora, peor

No dio la impresión de ser un día de fiesta la jornada postelectoral para el gobierno de Cardoso. Ninguno de sus funcionarios salió a celebrar lo que parecía a todas luces una victoria oficial sin necesidad de segunda vuelta. La Bolsa, siempre un índice del estado de ánimo de los capitalistas, se volvió a caer el lunes 5, como viene ocurriendo, con algunas interrupciones, desde hace varios meses.


Otra victoria así…


Pero no es solamente la inmensidad de la bancarrota económica brasileña lo que explica este panorama poco carnavalesco. También los resultados electorales trajeron preocupación. Las razones sobran. De la intención de votos de las encuestas previas, que adjudicaban un 55-60% a Cardoso y un 22-26% a Lula, solamente quedó un 50,3 para el primero y nada menos que un 35,0 para el segundo, o sea diez puntos más de lo previsto para Lula. Cardoso apenas rozó el mínimo necesario para ganar en el primer turno, lo que, en un país donde el fraude y la manipulación tienen amplio campo en vastas zonas, equivale a decir que ni de lejos obtuvo la mayoría absoluta de los votos. Si los informes de las encuestas no estaban tergiversados para favorecer un clima de victoria para el oficialismo y, por el contrario, daban cuenta del estado real del electorado, el resultado final indicaría que, en la última semana, Cardoso perdió diez millones de votos en beneficio de Lula. Semejante traspaso sería un síntoma político muy peligroso para un gobierno que es responsable de una quiebra económica sin paralelo en la historia de Brasil.


A esto hay que agregar que el gobierno perdió en Rio Grande do Sul, donde el PT ganó ampliamente, a pesar de que el candidato oficial iba por su reelección. En el estado de São Paulo, el candidato de Cardoso y actual gobernador, Mario Covas, quedó desplazado de la segunda vuelta por Marta Suplicy, la candidata del PT, que en este estado concurría a la vez contra un aliado del Frente Unión del Pueblo que apoyaba a Lula a nivel nacional. La posibilidad de que el gobierno nacional llegue a verse privado de los gobiernos de Rio Grande do Sul y de São Paulo, equivaldría casi a una derrota. Sería, por un lado, un testimonio abrumador de la resistencia de amplias capas del pueblo brasileño a la aplicación de los planes en danza, cualquiera de los cuales tiene el potencial de provocar una sublevación popular. Pero, por otro lado, sería un testimonio de la inadecuación del actual régimen político para la tarea de aplicar esos planes y una expresión, al mismo tiempo, de la división de la burguesía brasileña y de su aparato de Estado. Es completamente seguro que los gobernadores que logre consagrar el Frente lulista Unión del Pueblo, al igual que el conjunto de sus partidos componentes, cerrarán filas con el gobierno de Cardoso para frenar o desviar cualquier movilización popular; pero esto simplemente alterará las características de la crisis política, incluso la hará más profunda, de ningún modo las elecciones han servido para superarla.


Supervivencia nacional


La crisis económica brasileña se reduce, en sustancia, en este momento, a una lucha brutal (podríamos decir sangrienta) entre los monopolios financieros norteamericanos, de un lado, y una gran parte de la burguesía brasileña, del otro, por el control, fundamentalmente, del sistema bancario y, a partir de aquí, de las ramas más lucrativas de la economía. La banca norteamericana quiere producir una ‘argentinización’ de Brasil, o sea, una liquidación de su mercado interno de capitales, para que el Estado se vea obligado a financiarse en el mercado internacional exclusivamente; y de ser posible, una atadura de la moneda brasileña al dólar; en definitiva, el monopolio financiero. El vocero de la burguesía brasileña, el diario Gazeta Mercantil (28/9), denunció, en un amplio informe, que la banca norteamericana quiere imponerle a Brasil la salida que forzó, hace unos meses, a los principales países del sudeste asiático. Acusó virtualmente al secretario del Tesoro de Estados Unidos, Rubin, de imponer los intereses de la banca de inversión norteamericana, a través del FMI. La necesidad de los monopolios financieros norteamericanos de romper todas las trabas nacionales a su dominación, es uno de los motores más importantes, sino el mayor, de la actual crisis mundial.


La burguesía brasileña está respondiendo en forma muy cobarde a las presiones norteamericanas, como lo demuestra la continua salida de capitales nacionales, que utilizan para ello el llamado ‘mercado fluctuante’. Como consecuencia de esto y de los contratos para la compra de dólares a plazo por parte de los fondos especulativos norteamericanos, las reservas del Banco Central ya han caído a 35 mil millones de dólares, de los 78 mil millones que eran a fines de julio (informe del economista norteamericano Dornbush, en la Gazeta Mercantil, 5/10). La burguesía brasileña está jugando a dos puntas: por un lado, ha renovado hasta ahora la deuda interna, que supera los 300.000 millones de dólares, a tasas usurarias del 40% anual; por otro lado, toma posiciones en dólares, con lo que acelera la perspectiva de una devaluación. Lo mismo hicieron los especuladores rusos hace un mes y medio, para terminar perdiendo en las dos puntas.


Presión descarada


En la reunión del FMI de la semana pasada, su economista jefe, Mussa, tuvo la osadía de discutir públicamente la posibilidad de una devaluación ‘controlada’ del real del 15%, lo que fue respondido por los otros panelistas en el debate con propuestas devaluatorias del 25%. Se trata de síntomas de una presión internacional que carga el mayor voltaje posible. El FMI es el principal impulsor de la fuga de capitales.


Las ‘atenciones’ que recibió Argentina en la misma reunión internacional son la señal de que se intenta que aguante el cimbronazo inicial de una devaluación brasileña. Pero nada más. El presidente de Ford, en Argentina, ya adelantó, al Cronista Comercial, que el peso argentino debería acompañar la evolución que pudiera sufrir el real brasileño.


«Brasil resiste y refuerza la defensa», asegura un reciente editorial de la Gazeta. En realidad, ocurre lo contrario. El adelanto de dinero que Cardoso pidió a cuenta de futuras privatizaciones o de ingresos por privatizaciones ya licitadas, además de sufrir un fuerte descuento por los altos intereses que se pagan, ya se ha filtrado hacia fuera, dejando al país más vulnerable todavía. La burguesía brasileña no tuvo el atrevimiento de establecer una moratoria general de la deuda al principio de la crisis, cuando sus reservas eran todavía altas, ni tampoco un enérgico control de cambios. Ahora pagará las consecuencias y mucho más deberá hacerlo el sufrido pueblo de Brasil. El ‘tejido social’ del país, en cuya consistencia confiaban muchos sectores progresistas o antiimperialistas, sufrirá un fuerte revés como consecuencia de esta crisis.


Derrumbe en el centro de la Tierra


Si ya no hay lugar para salidas ordenadas, ello se debe a que el gran capital internacional está siendo golpeado estructuralmente por la crisis. Las derivaciones de la quiebra del fondo especulativo, LTCM, hace dos semanas, están expandiéndose en todas las direcciones. Según elFinancial Times (3/10), la bancarrota del LTCM «puso en peligro al conjunto del sistema financiero norteamericano» —nada menos—. El presidente del banco central de los Estados Unidos, Greenspan, le dijo al Congreso de su país que, de no haber ido en su rescate, el derrumbe de ese fondo «habría dañado el funcionamiento de conjunto de la economía». Pero ésta sigue siendo aún la perspectiva, ya que la caída que están sufriendo los mercados de valores en todo el mundo (incluida Wall Street) y la simultánea suba de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos, van exactamente en el sentido contrario a las apuestas que tiene realizadas ese Fondo, cuya responsabilidad y compromisos han sido asumidos ahora por los principales 25 bancos del mundo. De acuerdo con informaciones disponibles, esas apuestas son de 1,2 billones de dólares, con un potencial de pérdidas de 120-150 mil millones de dólares.


Los capitalistas que enfrentan esta situación necesitan compensar sus pérdidas con ganancias abultadas en los llamados mercados emergentes. Brasil es el que se encuentra más ‘maduro’ para lo poda.


Hay ‘marxistas’ en Argentina, sin embargo, que recomiendan no confundir crisis del capitalismo con derrumbe. Que se lo digan a los capitalistas: en la presente crisis, el capital accionario perdido asciende a 5 billones de dólares y la caída del producto bruto mundial a un billón, o cuatro veces el de Argentina. Y recién empieza.

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