Internacionales

29/10/2026

Brasil: Bolsonaro es Corina Machado

Derrotado y fugitivo. Un golpe a Trump, Milei y la ultraderecha internacional.

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Fue derrotado primero en las calles y luego en las urnas.

La movilización de masas -iniciada por la juventud estudiantil al día siguiente de la primera vuelta electoral donde, sorpresivamente para los encuestadores, perdió Lula y se impuso Bolsonaro por 1,87%- recorrió todo Brasil y conmovió las estructuras sociales y políticas. Las marchas y concentraciones congregaron a centenares de miles. El cierre de campaña electoral realizado en la Avenida Paulista de San Pablo se afirma que reunió a un millón y medio, coreando “Bolsonaro, nunca mais”.

Bolsonaro fue derrotado primero en las calles y luego, el domingo 25, en las urnas (51,79% a 48,21%, una diferencia de 3,58%).

Las masivas marchas obligaron a Bolsonaro, la derecha y la clase capitalista a que el Senado votara, 10 días antes de las elecciones, la derogación del régimen superexplotador del 6 x 1, instaurando un nuevo régimen laboral que implica una reducción de 4 horas de trabajo semanales, sin reducción salarial. Las cámaras patronales habían declarado su oposición y el bolsonarismo trataba de postergar la votación para después de la campaña electoral, cuando asumiera el nuevo parlamento, con mayor peso de la derecha. Sin embargo, todos los senadores (menos el exvicepresidente del gobierno de Bolsonaro padre, Hamilton Mourão, un recalcitrante bolsonarista) se vieron obligados a votar afirmativamente. Flávio Bolsonaro se justificó, bajo cuerda ante los empresarios, por la aprobación de esta ley, prometiendo que, si ganaba, iba a modificarla a favor de las patronales.

¿Por qué votó a favor? Por el impresionante ascenso de la movilización popular.

Desmoronamiento político de la derecha

La derrota electoral de Bolsonaro en el balotaje fue una “sorpresa” (la mayoría de las encuestas previas lo daban como ganador) para Trump, Milei y la derecha fascistoide internacional, que esperaban con su eventual triunfo completar un “giro a la derecha” de todo el continente latinoamericano. Y sumar a Brasil al “Escudo de las Américas”, el pacto que Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, hicieron con gobiernos derechistas del continente para “legalizar” la intervención, incluso militar, sobre países latinoamericanos que no se alinearan incondicionalmente con las decisiones guerreristas yanquis.

Milei ha sido uno de los más repudiados por las masas brasileras. El video que enviaron los trabajadores de Fate, la fábrica ocupada hace ocho meses contra un lockout patronal, fue difundido en muchas concentraciones y fuertemente aplaudido. La “motosierra” fue ampliamente repudiada.

A última hora del domingo 25, un Flávio Bolsonaro demudado por el impacto electoral en su contra declaró en el acto de cierre en su “búnker” de campaña que no iba a reconocer el triunfo de Lula, reclamando la anulación de la elección y la convocatoria a un nuevo proceso electoral. Es de destacar que el siempre impulsivo Trump se tomó varias horas en hacer una declaración planteando que él era “neutral”, que apreciaba a Lula, aunque considerando que la elección había adolecido de defectos “mañosos”. El “bocón” del también siempre exaltado derechista Milei se llamó a silencio, guardándose los festejos que había imaginado por el eventual triunfo de Bolsonaro; en su viaje a Brasil para apoyar a Bolsonaro e insultar en forma macartista a Lula, había declarado que donde él otorgaba su aval de apoyo, ganaba la derecha “decente”.

Pero la “resistencia” que anunció compungido Flávio no iba a ser apoyada por sus socios de la derecha. El ascenso de las movilizaciones de masas y su radicalización impedían volver a repetir alguna aventura golpista como la que se realizó (y fracasó) en enero 2023 con el asalto al Planalto en Brasilia. Podía llegar a desencadenar una guerra civil, para la cual la derecha no está organizada frente a un pueblo movilizado. Tarcísio de Freitas, el derechista gobernador reelecto de San Pablo, no apoyó las declaraciones de Bolsonaro y reconoció el triunfo electoral del Frente Amplio. Al igual que todos los candidatos presidenciales derechistas que se habían presentado en la primera vuelta e incluso el presidente del Partido Liberal (con el que se presentó Flávio), que también reconoció la derrota electoral. El propio Flávio, aislado políticamente, retrocedió parcialmente en sus aventureras afirmaciones.

La fuga

Flávio Bolsonaro se fugó de Brasil en un operativo armado por Trump, Milei… y la colaboración de la administración de Lula. Viajó 1.500 kilómetros por ruta con su mujer e hijos y cruzó la frontera a la Argentina sin problemas.

La agencia Infobae anunció este operativo en marcha a la mañana del martes 27 y Flávio y familia cruzaron después de las 22 horas.

Los esperaba un avión privado, fletado por la embajada yanqui. Una guardia de los servicios de inteligencia de la Side y la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Argentina, con la presencia de Santiago Caputo, lo protegió hasta su embarcación y partida hacia los Estados Unidos, donde rápidamente recibió visa de entrada por parte del gobierno yanqui. Flávio Bolsonaro, desde Miami, se autoproclamó dirigente de la oposición brasileña para acabar con el régimen de Lula. Había retrocedido de su posición inicial de considerarse el “verdadero presidente de Brasil”.

Pero… la gran mayoría de la oposición derechista de Brasil salió a deslindarse, señalando que no aceptaría a un líder de la oposición en el exilio (Flávio) o en la cárcel (Jair). No conozco ninguna facción que haya declarado, públicamente, su apoyo a esta pretensión dirigente del fugado. El propio Trump terminó rematando con un nuevo clavo: “Le dimos un salvoconducto para entrar al país, así que veremos, pero no me involucraré…” (Clarín, 29/10). Se ha iniciado una interna dentro de la derecha brasileña para dirimir liderazgos y estrategias políticas.

Una nueva Corina Machado

Corina Machado, la líder opositora a Maduro en las revueltas callejeras del 2024, instigadas por el imperialismo, al no lograr dividir a las fuerzas armadas y derribar al régimen, fue sacada por Donald Trump al exilio.

Trump se dedicó a fomentar la cooptación de sectores de las corrompidas Fuerzas Armadas, el gobierno y la burguesía nacional bolivariana. Finalmente, logró una amplia colaboración para su invasión y detención, a principios de año, del presidente Nicolás Maduro y su esposa, conformando un “protectorado”, con un gobierno títere. Corina Machado, que recibió incluso un “premio Nobel” por su violento accionar proimperialista, fue despedida con palmadas en el hombro por Trump. Los fracasos no se perdonan (aunque se los guarda por si pueden volver a ser útiles en el futuro).

Flávio Bolsonaro ha entrado en la categoría de Corina.

Desmovilizar a las masas y caucionar el accionar del gobierno de Lula es el objetivo inmediato buscado por Trump y la burguesía brasilera, incluida la derecha.

Lula siempre se ha jactado de ser un buen “negociador” con la derecha y se ha empeñado, históricamente, en contener la movilización y radicalización de las masas trabajadoras. En su discurso, la noche del cierre de la elección con su triunfo, señaló que va a negociar con la derecha, que cuenta con mayoría en las gobernaciones y el parlamento.

Las masas trabajadoras que han usado la herramienta electoral de Lula (por falta de otras clasistas más adecuadas) para derrotar a Bolsonaro y la ofensiva fascistoide de Trump y sus Milei subordinados tienen por delante la necesidad de un replanteo estratégico. Los frentes populares de colaboración de clases son un callejón sin salida para las aspiraciones de las masas trabajadoras y explotadas. Subordinan la movilización y las reivindicaciones obreras y antiimperialistas al gobierno que concilia con el imperialismo y los patrones capitalistas. En cuatro años del gobierno de Lula las organizaciones obreras y de los explotados han sido paralizadas y borradas del mapa político y la situación de las masas trabajadoras se ha deteriorado notablemente. Brasil es el quinto país más desigual del mundo en materia de distribución de ingresos: los ricos se llenan cada vez más sus bolsillos sobre el acrecentamiento del hambre y el retroceso social del pueblo.

Habrá que enfrentar con la huelga general cualquier intento golpista, pero lo que urge es sacar todas las conclusiones del proceso vivido. Hay que elaborar pliegos de reivindicaciones (aumentos de salario y jubilaciones, terminar con la reforma laboral y previsional antiobrera, todos los trabajadores en “blanco”, aumento del presupuesto educativo y de salud pública, etc.) y encarar en asambleas y plenarios la puesta en marcha de planes de lucha para imponérselos al gobierno del frente popular.

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