05/05/2021
1° DE MAYO

Brasil: contra la masacre sanitaria y social, pan y vacunas

Bolsonaro organiza marchas. Lula llama a “no perder la esperanza”.

Brasil está devastado por el coronavirus: más de 400 mil muertos y 15 millones de contagiados. Se ha convertido en el segundo en el ranking mundial en superar esa cifra de decesos por la pandemia. En la base de esto está el desplome del sistema sanitario: faltan camas y médicos en terapia intensiva; no hay medicamentos e insumos de urgente necesidad (¡oxígeno!); el ritmo de vacunación es muy lento. El gobierno es responsable directo: despreció la situación (“es una gripizinha”, dijo Bolsonaro) y llamó a usar medicamentos ineficaces. Su preocupación es que los trabajadores sigan yendo a trabajar, aun a riesgo de los contagios y sus vidas.

Pero ahora, Brasil se enfrenta a una segunda epidemia, montada sobre la primera: el hambre y la miseria del pueblo trabajador. A los subsidios a los desocupados o imposibilitados de trabajar por la plaga, el gobierno de Bolsonaro los cortó a fin de año. Esto ha disparado la miseria y el hambre. Casi 20 millones pasaron hambre el año pasado. La desocupación subió al 14%. Más del 50% de la población enfrenta “inseguridad alimentaria”.

Esta epidemia de hambre y la inquietud social que está desarrollando, llevó a Bolsonaro, hace un mes atrás, a forzar la renuncia del ministro que más se había empeñado en el ninguneo a la lucha contra el Covid y a anunciar un nuevo sistema de bonos que es, sin embargo, terriblemente insuficiente. Se otorgará por 4 meses un bono de 250 reales promedio. Menos de la mitad de los 600 reales que se pagaron el año pasado. Al mismo Bolsonaro le dio un poco de vergüenza el monto de la “ayuda”: “Es poco, incluso lo reconozco”, dijo. Pero la vergüenza le duró poco, dado que inmediatamente aclaró: “el gobierno sabe que no puede continuar por mucho tiempo con esta ayuda que le cuesta a toda la población y puede desequilibrar la economía”. Para Bolsonaro, los desocupados y pobres serían la causa del “desequilibrio” de la economía brasileña (no sus víctimas) y no el pago de la deuda pública usuraria, los subsidios a los capitalistas, etc.

Un 1° de mayo sin banderas rojas

Este 1° de mayo tuvo una característica especial. Bolsonaro movilizó en las calles -en Brasilia, San Pablo y otras ciudades- a varios miles de simpatizantes que, vestidos con los colores de la bandera nacional (verde y amarillo) salieron a darle el apoyo. Y a incentivarlo para que se anime a dar pasos “institucionales” (si hiciera falta cerrar el parlamento o disolver la Corte de justicia si se le opone). El primer ministro de la Casa Civil del gobierno, Luiz Eduardo Ramos, aprovechó para declarar que los trabajadores apoyan al gobierno: “los trabajadores permanecen al lado de quienes nunca los han abandonado y siempre han defendido el derecho al trabajo. Ese es el mensaje de las calles este 1° de mayo”.

Lo que sí es cierto es que la CUT y ocho centrales obreras más decidieron hacer un 1° de mayo “unitario”, no manifestando, sino organizando un evento por streaming con la presencia de políticos burgueses y funcionarios de gobiernos estaduales dirigidos por la oposición burguesa. Por ejemplo, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, de denunciada trayectoria antiobrera. Se trata de una actividad preelectoral hacia la formación de un “frente amplio”, de un frente popular, para las elecciones presidenciales del 2022 y no de una jornada de lucha de los trabajadores por sus reivindicaciones.

Guilherme Boulos, dirigente del PSOL, declaró que “necesitamos unir todas las candidaturas progresistas”. El presidente de la CUT, Sergio Nobre, fue igualmente explícito: “no hay tarea más importante para la clase trabajadora que derrotar a Bolsonaro, porque tenemos que hacer que Brasil retome el camino de la democracia, del crecimiento, del empleo de calidad, de los derechos, de las libertades. Esta es una pauta común del movimiento sindical”. El derechista dirigente de Forca Sindical, la central “pelega” (derechista burocrática, contra la cual se construyó la CUT, dirigida por el PT de Lula), fue uno de los convocantes de la “unidad sindical” y declaró su objetivo en forma directa: formar un frente amplio desde la izquierda hasta la derecha para las elecciones del 2022.

El ex presidente FHC declaró: “yo diría que el tema fundamental en este país hoy es reactivar la economía de tal manera que nos permita tener trabajo e ingresos para otras familias, y educación, que también es fundamental”. Los reclamos de las masas vendrían después de la reactivación, la que vendría después de derrotar a Bolsonaro en las elecciones de octubre 2022.

Lula, el ex dirigente de la CUT y expresidente, declaró que había que luchar por “mantener la esperanza”.

Se trató de un acto de conciliación de clases, con la presencia de gobernadores y dirigentes políticos patronales.

Las únicas centrales que se desmarcaron de esta enajenación de la independencia política y organizativa del movimiento obrero detrás de la burguesía no bolsonarista, fueron Conlutas y una fracción de la Intersindical, que denunciaron la capitulación burocrática y organizaron un Facebook Live reivindicando al 1° de mayo como jornada clasista, de lucha e internacionalista sin gobierno y sin patrones. Y realizando algunas acciones en puertas de empresas en conflicto.

También debemos señalar la iniciativa de un conjunto de agrupamientos de izquierda (Tribuna Classista, Política Revolucionaria, Gazeta Revolucionaria y otros) que realizaron una jornada de Facebook Live que –con distintos ángulos- rescató el carácter unitario y de lucha e independencia del 1° de mayo, en el cual participó como invitado también nuestro Partido Obrero.

Las bancadas parlamentarias o las bases obreras

Este lunes 3 de mayo, Lula inició la “movilización”. Se trasladó a Brasilia con el afán de realizar reuniones con los diferentes bloques parlamentarios para que presenten proyectos que eleven el subsidio de 250 a 600 reales, combatir el Covid y el hambre. Pero… incluso los bloques “opositores” del Congreso son minoritarios en relación al frente de las bancadas del “centrao” sostenedor de Bolsonaro. Se trata, por lo tanto, de una acción puramente propagandística y electoralista.

Los que deben ser consultados son los trabajadores. La “movilización” de los bolsonaristas el 1° de mayo es pura espuma. Se aprovechan de la parálisis de las direcciones de las centrales obreras. El inicio de un plan de lucha del movimiento obrero haría saltar por el aire la grandilocuencia fascistoide de Bolsonaro y sus planes de descargar la crisis sobre las masas trabajadoras. Para ello se necesita de una política independiente de los partidos patronales. Sería necesario convocar a un congreso de bases del movimiento obrero para votar una plataforma de reclamos y un plan de lucha para imponerlo y convocar al pueblo explotado (estudiantes, campesinos, etc.) a unirse en la lucha bajo la consigna “Fuera Bolsonaro, Mourao y todo el régimen de explotación”.

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