Internacionales

11/10/2026

Brasil: pusilánime reacción de Lula frente al avance derechista

Las masas deben movilizarse protagónicamente contra Bolsonaro y Trump

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El ballotage se celebrará el 25 de octubre

“Es una situación trágica”. Fue la reflexión preocupada que hizo un obrero metalúrgico de San Pablo, crítico del actual gobierno del Frente Amplio (PT/PSB/PSOL y otros), en la noche del domingo 4 de octubre, cuando recibió los resultados del escrutinio electoral presidencial, donde el derechista Bolsonaro aventajó por poco menos de dos puntos al centroizquierdista liberal presidente Lula da Silva (47,03 a 45,16%).

Las encuestas preelectorales daban ganador en la primera vuelta a Lula por 3 o 4 puntos, aunque vaticinaban un final reñido para el balotaje en una segunda vuelta. Los resultados son peores aún: la derecha bolsonarista ya ganó una mayoría consistente en las dos cámaras y en la mayor parte de las gobernaciones empezando por las más grandes de San Pablo, Minas Gerais y Rio de Janeiro. Aunque Lula triunfara en la segunda vuelta del domingo 25 de octubre, su eventual gobierno estaría fuertemente limitado por este entorno parlamentario y territorial.

Ofensiva derechista/fascistoide

La angustiante preocupación del obrero metalúrgico de San Pablo es común a gran parte de la vanguardia obrera y de izquierda no solo brasileña, sino de toda Latinoamérica. Ven la amenaza del avance derechista/fascistoide de Trump y Marco Rubio que trata de alinear a todo el continente detrás de los planes mundiales guerreristas del imperialismo yanqui y de ajuste represivo y reacción política y social contra las masas trabajadoras.

Trump ha intervenido en forma abierta buscando el triunfo de Bolsonaro, su candidato derechista, que ya ha anunciado que incorporará de inmediato a Brasil al pacto del llamado “Escudo de las Américas” firmado en marzo de este año. Ese “Escudo” cauciona la intervención directa, incluso militar/policial del imperialismo yanqui en cualquier país latinoamericano con la excusa de luchar contra el “narcoterrorismo”. Así se justificó la invasión y bombardeo de Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, y otras medidas y agresiones contra Colombia, México y, en especial, Cuba. Ahora Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, están poniendo en pie un dispositivo de “protección comercial”: acaban de firmar otro pacto con 14 gobiernos contra “la producción excesiva” de algunos países (¡China!) que distorsionarían los precios, el comercio y los mercados.

La preocupación directa es frenar la penetración comercial china en sectores estratégicos como los vehículos eléctricos, las baterías, los semiconductores, los paneles solares y otros. En este nuevo pacto comercial, puesto en vigencia en la reciente reunión del G20, están ya anotados Argentina y México. La incorporación de un Brasil de Bolsonaro, estaría indicando que las tres principales economías continentales se estarían alineando con la ofensiva económica imperialista, particularmente contra China, pero también contra las economías semicoloniales. Al mismo tiempo, sería un golpe importante contra los Brics en los cuales estaba alineado protagónicamente el Brasil de Lula.

Avance electoral de Bolsonaro

Todo indica que Bolsonaro podría canalizar, en la segunda vuelta del 25 de octubre, gran parte de los votos de las tres listas derechistas que continúan en el ranking del escrutinio oficial, con un total de casi 8% de los votos. Una primera encuesta realizada por Datafolha (8/10) indica que Bolsonaro estaría ampliando su voto pasando de dos a cuatro puntos de diferencia respecto a Lula (49 a 45%).

Lula permanece estacionado, mientras que Bolsonaro ha crecido. La encuesta habla de los votos emitidos, pero en los cómputos se consideran los votos válidos, excluyendo los votos en blanco y nulos y, lógicamente, la abstención electoral, lo cual llevaría a que Bolsonaro tuviera una mayoría de 52% frente a un 48% de Lula.

Pusilanimidad y derechización de Lula

Un saldo negativo de menos de dos puntos en un resultado electoral desfavorable del domingo 4 podría –en hipótesis- ser revertido. Pero, para el presidente Lula se ha tratado de un problema de “mala comunicación” de los logros obtenidos bajo su mandato, realizado por el peor equipo de propaganda que haya conocido. Modestia aparte ha declarado: “Creo que hicimos una campaña que no estuvo a la altura de mi potencial” (Clarín, 9/10). Y ha decidido… cambiar de equipo de publicidad en la campaña electoral. “Dios ciega a quien quiere perder” dice un proverbio religioso. Lula cierra los ojos ante una realidad: acostumbrado al “verso” verborrágico, no quiere creer que una parte importante de la masa de trabajadores y explotados no lo ha votado por su experiencia concreta, porque la situación general de sus condiciones de vida se ha agravado y no ve un cambio de rumbo en un próximo gobierno.

Más allá de las estadísticas arregladas para demostrar que la inflación crece moderadamente, la realidad es que la canasta de alimentos y tarifas de servicios ahoga a las familias trabajadoras. El endeudamiento de las familias para pagar préstamos y créditos que le permitan llegar “a fin de mes” alcanza al 82%. Los bancos y las tarjetas han hecho negocios espeluznantemente usurarios a costa del bolsillo de los explotados brasileños. Lula muestra cifras de una baja desocupación, pero no cuenta los más de 40 millones de trabajadores que trabajan en negro y precarizados sin seguro por enfermedad, ni jubilaciones, ni indemnización por despidos, etc. La reforma laboral y previsional implementadas por los gobiernos del golpista Temer y el de Bolsonaro (padre) no ha sido revertida en lo más mínimo bajo los cuatro años de gobierno de Lula. Sus cláusulas antiobreras han reventado (y siguen reventando) numerosas conquistas y convenios colectivos de trabajo. Lula ha subido por tercera vez al gobierno en el 2022 en un “frente amplio” de alianza entre el Partido de los Trabajadores (PT) y la burguesía “nacional” liberal de Geraldo Alckmin. Lula puso de “capital político” el dominio de las burocracias afines en el sindicalismo de las centrales obreras (CUT y otras) y otros movimientos populares (campesinos, estudiantes, etc.) y Alckmin "aportó" los límites al programa de gobierno, comprometido a no anular las reformas reaccionarias y antiobreras impuestas por los gobiernos derechistas anteriores.

Las burocracias sindicales se empeñaron en dejar aisladas las luchas obreras que se desarrollaron y en no encarar ningún plan de lucha para recuperar salario y conquistas, que ponga límites a la superexplotación de los trabajadores por capitalistas “nacionales”, liberales e imperialistas. Un ejemplo es la lucha por derogar el régimen laboral semiesclavista del 6 x 1 (6 días de trabajo, con 44 horas semanales y uno de descanso), por otro de 5 x 2 (5 días con 40 horas semanales, una reducción de 4 horas por semana).

Esta medida que beneficiaría particularmente a 15 millones de empleados de comercio y servicios, fue lanzada por iniciativas independientes de trabajadores, tres años atrás. Tomada, finalmente, por la CUT y el PT, el proyecto puesto a votación después de numerosas “negociaciones”, fue limando sus alcances: no entraría en vigor inmediatamente, sino en una “transición” de más de un año, podría haber regímenes especiales (transporte, salud, etc.), feriados no consecutivos (un miércoles y un domingo u otros), regímenes salariales diferenciados, etc. Este “proyecto” está empantanado en el Senado y más allá de los “acuerdos” realizados por Lula con autoridades de la Cámara, es posible que sea tratado después de la segunda vuelta e incluso con la nueva cámara donde tendría fuerte mayoría el bolsonarismo y la derecha, que ya ha insinuado su oposición a votarlo así como está (quiere que el salario se pague por hora trabajada y no mensual, para así negar el beneficio de las 40 horas semanales, etc.).

Lula, al darse cuenta, preelectoralmente, de que perdía votación trató, a último momento, de realizar maniobras. Aumentó 17 días antes de la elección, el ingreso del subsidio Bolsa Familia (una especie de AUH argentina), que se mantenía congelado desde el 2023, en un 15% (unos 30 mil pesos argentinos) y que recién se comenzaría a cobrar este mes. Anuló las apuestas deportivas online, adjudicando a las mismas que las familias trabajadoras estuvieran endeudadas. Una patraña: cierto que el juego de azar se enseñorea en las capas más explotadas cuando sus condiciones de vida se resienten notablemente (por otro lado fue Lula el que reglamentó y extendió este vicio de la ludopatía). Pero la misma burocracia de la CUT ha reconocido que no se ha logrado evitar la inflación de los costos de vida familiares (claro que aduciendo que esto es producto de la política de los gobiernos anteriores a Lula). Una central obrera está, justamente, para luchar por un aumento de salarios que impida este deterioro, cosa que la CUT ni de lejos ha encarado. Lula declaró su lucha contra la violencia a la mujer, que bajo su gobierno se ha ido incrementando, pero se opone a la legalización del derecho al aborto gratuito, que se lleva la vida de centenares de jovencitas y arruina la salud reproductiva a miles. Creyó que con versos podría capear la crisis de confianza y entusiasmo en las masas trabajadoras.

Como eje político, Lula ha decidido marchar más abiertamente, todavía, en una comunión con la burguesía “nacional y liberal”. El diario Clarín (9/10) señala que las declaraciones de Katia Abreu, senadora del PT, cuando reclamó “más Alckmin” en la campaña por la segunda vuelta electoral, “fue aplaudida por los miembros (de la conducción) del PT”. Ya Alckmin, actual vicepresidente de Lula y ministro de Industria y Comercio, había sido insinuado por el propio Lula, como posible ministro de Economía en caso de ganar la elección. Lula ha declarado que él no es de izquierda y lo evidencia claramente.

Se trata de una actitud pusilánime que deja inertes a las masas trabajadoras frente a la ofensiva de los Bolsonaros y sus aliados derechistas e imperialistas.

Envalentonamiento bolsonarista y perspectiva ajustadora común

Bolsonaro ha explotado el deterioro social de las masas. Fue a hacer, en forma oportunista, campaña electoral a la puerta de los supermercados para marcar cómo la inflación de alimentos hunde el salario popular. Pero ha reconocido (entredientes) su probable intención de modificar los aspectos progresivos de la ley que deroga el régimen laboral del 6 x 1, defendiendo los “derechos” de las patronales Pymes y denunciando que esto alentará aun más el aumento de la inflación, porque el costo sería trasladado a los precios al consumidor. Se propone eliminar el piso del salario mínimo como base para los cálculos de las jubilaciones y diversas prestaciones sociales. Plantea modificar la Constitución Nacional (bajando la edad de punitivismo para la represión penal juvenil; modificando la elección de la Corte Suprema de Justicia, colonizándola a partir del Poder Ejecutivo que él dirigirá, etc.); drásticas reducciones presupuestarias para salud y educación públicas buscando disminuir el déficit y garantizar el pago de la deuda pública.

La economía nacional atraviesa por una aguda crisis. El déficit de las cuentas públicas se acerca al 10% del PBI y hunde el presupuesto nacional. Pero esta cifra está deformada por el hecho de que la gran mayoría del déficit proviene de los intereses que se pagan por los servicios (intereses) que paga el Estado a los tenedores de bonos. Gran parte de ellos en manos de la propia burguesía “nacional y liberal": de los Alckmin y los monopolios y terratenientes nacionales.

La gran convocatoria de la clase capitalista, en su conjunto, es garantizar el pago de los bonos de deuda, disminuyendo los gastos sociales en el presupuesto estatal. Antes de la elección (lo hemos analizado en En Defensa del Marxismo y prensaobrera.com) el gobierno ha sancionado, en tiempo record, decretos que garantizaban límites al gasto público social en el próximo presupuesto. Gane quien gane la elección: se disputan quién podrá imponer en mejores condiciones un ajuste económico/social a las masas para nivelar la economía y seguir pagando a los usureros de la deuda pública. Este es el problema que hay que encarar.

Criminal impotencia

Lula ha decidido cambiar el equipo de marketing electoral, formando uno nuevo que incorpora a representantes del PSOL (que adhirió a la candidatura de Lula/Alckmin). Dice que usará más las selfies y videítos por celular. ¡Todo un estadista!

Pero la dirección burocrática de la CUT permanece en su misma tesitura de subordinación a Lula. En un comunicado de su Junta Ejecutiva Nacional (6/10) hace un llamado a “movilizarse” bastante “sui generis”: "Hacemos un llamado a cada activista, a cada trabajador, a salir inmediatamente a las calles y a las redes sociales para dialogar con cada ciudadano y mantener la movilización total de cara a la segunda vuelta". Y remata su documento/comunicado con un “¡Que nadie dude jamás de la capacidad de la clase trabajadora!” Pero la fuerza de la capacidad de lucha de la clase trabajadora está en la acción directa de los millones de trabajadores organizados y no en la subordinación a un gobierno capitalista de conciliación de clases que se remite a pedigüeñar ante los parlamentos derechistas.

La burocracia de la CUT ha propagandizado un “espacio” para que cada trabajador, desde su casa, cliquee un botón de su celular para “presionar” a los senadores a que voten la ley que deroga el 6 x 1. Y que cada uno salga a la puerta de su casa a charlar con los vecinos para votar por Lula contra Bolsonaro. Así no se va a parar a la derecha.

La lucha por una nueva dirección

Para derrotar a la derecha fascistizante es necesario la movilización masiva de los trabajadores y explotados luchando por sus derechos y reivindicaciones. La derecha podrá ser parada y derrotada por la acción directa de las masas, como ahora mismo se está haciendo en España y Francia. En lo inmediato, correspondería que la CUT y las centrales obreras decretaran un inmediato paro activo nacional de todos los trabajadores para imponer la ley que deroga el 6 x 1. ¡Así se conquistó en el pasado las 8 horas de trabajo a nivel mundial!

Y que esto sea el inicio de un plan de lucha hacia la huelga general para enterrar la reforma laboral esclavista y recuperar los derechos y conquistas obreras. Pronunciamientos, asambleas y movilización con esta orientación.

Lo que sí es claro, que las direcciones burocráticas que persisten y profundizan este accionar detrás de Lula, el PT y el frente amplio de colaboración de clases -que ahora se ha denominado “frente de la esperanza” (tono de resignación y paz)- no están dispuestas, ni en condiciones de liderar semejante proceso de rearme político y de lucha del movimiento obrero. Es necesario luchar por una nueva dirección clasista y antiburocrática en una lucha por recuperar las organizaciones de masas de los trabajadores y explotados, como instrumentos clasistas de lucha de las masas.

Los estudiantes de Rio Janeiro organizaron, el martes último, una manifestación de varios miles y se habla de que hay iniciativas similares preparándose en otros puntos de la vasta geografía brasileña. La izquierda debe romper toda atadura con el petismo y avanzar en la constitución de un frente común –que hubiera sido bueno para presentar como alternativa política socialista en la campaña electoral- para impulsar esta estrategia de independencia de clase y lucha por un gobierno de los trabajadores. Limitarse a una batalla electoral que Lula, Alckmin y las burocracias partidarias de la colaboración de clases, están entregando, llevará a la vanguardia obrera y de la izquierda a un callejón sin salida y una aguda desmoralización. La movilización actual contra los ajustes capitalistas en marcha y el avance de la derecha, permitirá enfrentar en mejores condiciones la resistencia a los planes de ajuste que ya sea que gane Bolsonaro o Lula, se descargarán contra las masas. El primer paso para una lucha victoriosa contra el ajuste capitalista y la reacción pasa por enfrentar al gobierno que lo está ejecutando. Y para eso es necesario tener una política y organización independiente de la burguesía y de sus gobiernos.

9 de octubre

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