16/07/2003 | 809

Brasil: Una huelga histórica

Los trabajadores jaquean la politica del FMI

La primera huelga nacional contra el gobierno Lula, de los empleados estatales, comenzó el 8 de julio con una fuerza que sorprendió a la opinión pública, la gran prensa, el gobierno, y hasta a sus propios organizadores. Se trata de una huelga por tiempo indeterminado, por la retirada del PEC-40 (Proyecto de Enmienda Constitucional) que elimina derechos previsionales históricos de los trabajadores brasileños y abre para el gran capital financiero un «mercado» previsional (vía fondos de pensión, Afjp) de 70 mil millones de dólares anuales.


La «reforma» ataca a 6 millones de empleados públicos, elimina su jubilación integral, aumenta la edad mínima para la jubilación, impone una tasa de 11% a los miserables haberes de los jubilados, elimina la paridad entre los salarios de los estatales y los haberes jubilatorios, descuenta un 30% las pensiones de viudas e hijos menores, etc., todo para crear, de inmediato, un «mercado» de 50 mil millones de reales para los bancos (y calculado en 670 mil millones de reales hasta 2010). Al mismo tiempo, promulga una amnistía de las deudas previsionales de los capitalistas, de 150 mil millones de reales. El gobierno «de los trabajadores» invoca la «justicia previsional», mientras deja en pie las jubilaciones millonarias de jueces y funcionarios legislativos, en total menos del 1% de los jubilados estatales. El adalid de la reforma en la Cámara de Diputados declaraba sin pelos en la lengua que el objetivo de la reforma era el «equilibrio fiscal» para pagar la deuda externa.


«La Tercera Vía»


La reforma «lulista» sorprendió hasta a la prensa y los partidos burgueses, que llegaron a presentar en la Cámara enmiendas para «suavizarla». La vasta y cara campaña de propaganda del gobierno, pintando a los estatales como «privilegiados», se cayó como castillo de naipes: con escasos recursos fue posible esclarecer que la mayoría de los estatales (para no hablar de los jubilados del sector privado) recibe una jubilación de mi seria; que el 40% de los trabajadores brasileños trabaja «en negro» (sin aportes previsionales patronales); que el gran capital practica una evasión fiscal y previsional de niveles estratosféricos; y, fundamentalmente, que el principal responsable por la crisis de las cuentas nacionales es el pago de los encargos financieros (internos y externos, todos «estatizados», a la Cavallo).


Las acusaciones salvajes a los trabajadores estatales (¡hechas por el Partido «de los Trabajadores»!) fueron cayendo cada vez más en el ridículo.


Fracasó también el gran dispositivo contra la huelga, el disciplinamiento de los estatales vía Cut (Central Unica de los Trabajadores) que, en su reciente Congreso Nacional ultra-burocratizado, aceptó, – con «críticas», claro – , el proyecto gubernamental.


Una huelga extraordinaria


La Cut no apoya la huelga. Todos estos obstáculos fueron superados por la Cnesf (Coordinación Nacional de los Empleados Estatales Federales), que reúne once sindicatos nacionales, con un papel decisivo del Sindicato nacional de profesores universitarios (Andes) y del Sindicato nacional de los empleados de la previsión social. En los Estados (provincias) se formaron coordinadoras de los estatales (la de San Pablo publicó un periódico, con una tirada de un millón de ejemplares). La posición de la Andes fue aceptada por la Cnesf: huelga general por tiempo indeterminado hasta el retiro del proyecto gubernamental de la agenda del Congreso Nacional. La huelga abarca a más de 50% de los estatales federales, pero con picos del 80 al 100% en algunos sectores y, principalmente, en las grandes capitales (paró hasta la casa matriz del Banco Central, en Brasilia). Se trata de una victoria política impresionante de la lucha política de los sectores clasistas en el interior del movimiento sindical.


En un país de dimensiones continentales y desigualdades regionales, se habla de «construcción» (un proceso) de la huelga general. En el estado clave de San Pablo, corazón económico del país, las universidades estaduales y, principalmente, el sindicato de profesores estatales primarios y secundarios (el más numeroso del país) marcaron el inicio de la huelga para la primera semana de agosto, superado el receso escolar. Lo mismo sucede en otros estados. La huelga federal de julio es sólo el «aperitivo» de lo que se viene: la primera huelga general nacional de empleados públicos (federales, estaduales y municipales) de la historia del Brasil. La huelga también fue impulsada por una crisis «por arriba»: los poderosos lobbys parlamentarios del Poder Judicial y Legislativo, y de los militares, ya habían conseguido abrir brechas para sus propios regímenes previsionales, aceptadas por el gobierno en una reunión sigilosa (¡con la participación de la Cut!) realizada el 23 de junio.


Recule


Paralelamente, las ocupaciones de tierras, protagonizadas por el Mst (campesinos sin tierra) y otros movimientos agrarios, han crecido un 147% en relación al año pasado: la conjunción, por ahora sólo objetiva, del campesinado y los estatales tiende a crear una crisis nacional. El gobierno de los «52 millones de votos», que se creyó autorizado inclusive a dar las cartas en toda América del Sur, comienza a caminar sobre el vacío, acusado de «cobardía» por la derecha y de «pelego» (traidor) por los trabajadores clasistas. La disgregación del gobierno ya ha comenzado: algunos ministros y líderes parlamentarios del PT tienden a «apaciguar» al movimiento en marcha, mientras otros, como el ministro de Economía, Antonio Palocci, declaran que el retroceso de la reforma previsional (y, eventualmente, de la impositiva) tornaría inviable su gestión. Lula, mientras tanto, salió (o se rajó) a dar una vuelta por Europa, donde ha presidido una reunión de la cadavérica «Tercera Vía» junto al carnicero «laborista» Tony Blair, buscando en éste lo mismo que éste buscó en la proximidad con Lula: un poco de oxígeno para sobrevivir a su respectiva tormenta política interna.


El gobierno ya ha anunciado que varios de los puntos de la PEC-40 son negociables (jubilación integral, paridad entre «activos» y jubilados) en una tentativa de dividir el movimiento con «zanahorias virtuales», para salvar los puntos esenciales (descuento del 11% de los haberes de los jubilados, techo jubilatorio para los estatales futuros) que tornen posible la creación de los «fondos cerrados» de jubilación en la mayoría de los sectores, a ejemplo de los existentes en Petrobrás y el Banco del Brasil, y el pago de la deuda externa. Los ex burócratas sindicales que se apresta(ba)n a transformarse en grandes burgueses a través de la gestión de los fondos (principalmente los ex lambertistas agrupados en la consultora Gushiken & Asociados, atrincherados en el Ministerio de la Comunicación, ejercido por el propio ex «pelego» bancario Luiz Gushiken) están al borde del colapso nervioso. El vicepresidente de Andes (coordinador de la Cnesf) ya declaró que «no habrá discusión sobre la base de propuestas virtuales» (O Estado de S. Paulo, 11/7). Del barco agujereado de la reforma previsional original, todos se quieren bajar: Geddel Vieira Lima, diputado del Pmdb bahiano, expresando un «sentimiento» que puede estar creciendo también en el derechista Psdb, declaró: «Antes el gobierno decía que no aceptaba modificaciones y ahora pretende presentarse como el impulsor de las modificaciones. O sea, quiere ocupar todos los espacios, empuñar todas las banderas. La oposición va a reaccionar hasta por instinto de supervivencia» (ídem, 10/7).


Lula en la «corda bamba»


El manifiesto de un sindicato estadual de Minas Gerais resumió un sentimiento general: «¿Qué es lo que el gobierno quiere hacer realmente con esta reforma previsional? Quiere hacer caja para pagar los intereses de la deuda externa, quiere crear fondos de pensión que fácilmente caerán en manos de la iniciativa privada que podrá ganar mucho dinero con la aplicación de esos fondos en el mercado financiero. Quiere destruir a la clase de los empleados públicos para, de a poco, privatizar los servicios esenciales como es deseo del FMI, principalmente, salud y educación, y finalmente, quiere no asumir ningún compromiso con el deber de cuidar el futuro de la clase trabajadora cuan do llegue a la edad de su jubilación».


El politólogo Armando Boito resumió una idea general: «La reforma neoliberal de la previsión social propuesta por el gobierno de Lula, puede hundirse y la reforma tributaria también está en dificultades».


«En buenos términos, eso es claro para advertirnos de la importancia del mantenimiento de la huelga de los empleados públicos. El retroceso parcial planteado públicamente por el gobierno fue suficiente para desencadenar una dinámica que podrá inviabilizar la aprobación de la reforma previsional. O sea algo que parecía imposible hace algunas semanas, hoy aparece como una posibilidad histórica. Frente al recule parcial del gobierno, los diputados de los partidos de la base aliada ya manifiestan interés de plantear, cada uno de ellos, su propia marca en la versión ‘bondadosa’ de la reforma. Del mismo modo que el gobierno quiere, ahora, aparecer como amigo del empleado público, esos diputados se preguntan por qué sólo el gobierno y el PT pueden obtener ese premio. Muchos diputados del Ptb y el Pmdb, por ejemplo, ya anunciaron que no sólo apoyan el recule del gobierno sino que quieren más – insisten en el retiro del cobro de impuestos a los pasivos. En el campo de los partidos gubernamentales, el recule parcial del gobierno puede haber desencadenado una verdadera corrida por el título de amigo del empleado público. El gobierno de Lula cometió el pecado de la soberbia. Ofendió a los empleados y despreció su capacidad de lucha, enfrentó a los jueces e imaginó que bastaría una ridícula caminata con los gobernadores hasta el Congreso nacional para restaurar la república vieja y aprobar las reformas neoliberales. Cuando se vio frente a la huelga y a la presión de los jueces, se apresuró a presentarse como apaciguador del conflicto que él mismo iniciara, traicionando el compromiso que asumiera con los gobernadores. Ahora, tal vez exagerando un poco, podemos decir que las dos reformas neoliberales del gobierno de Lula están en la cuerda floja.»


Por un movimiento de conjunto


El próximo round es la extensión y profundización de la huelga de los  estatales en todo el país. Y el siguiente, el de la unificación con el conjunto de la clase obrera y los campesinos en lucha, sobre la base de un programa antiimperialista y anticapitalista: no pago de la deuda externa, expropiación del latifundio, nacionalización de las empresas privatizadas y de las empresas en deuda con el Estado, aumento general de salarios, jubilaciones iguales a los salarios tanto en el sector público como en el privado sobre la base de una previsión social estatal única y bajo control obrero. Un olor a «Argentinazo» comienza a recorrer al gigante de América del Sur.

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