07/01/2021

Brexit y Malvinas: ¿posibilidad soberana o especulaciones de salvataje?

Luego de cuatro años entre idas y vueltas, Gran Bretaña y la Unión Europea (UE) sellaron su acuerdo de Brexit que rige desde el 1 de enero. En medio de las negociaciones, apareció el gobierno de Alberto Fernández, solicitando que no se contemple a las islas Malvinas como territorio británico de ultramar. Finalmente, esto fue así y quedaron por fuera del acuerdo. A partir de ahora, las Malvinas no integrarán la Constitución, por ende, perderán el blindaje soberano que la UE provee a todos sus estados y servía como aval automático para negar casi cualquier reclamo soberano en diversos organismos internacionales.

Felipe Solá, ministro de Relaciones Exteriores, festejó dicha resolución como una victoria propia -algo casi desconocido en su cancillería. Con bombos y platillos, el oficialismo y sus medios afines, informaron que se abriría una posibilidad diplomática para reclamar la soberanía argentina, contando con un supuesto apoyo de la UE (Página 12, 27/12/2020). En los próximos meses, el gobierno presentará ante los organismos internacionales la apelación del Tratado de Lisboa (2009), que en 2019 obligó a que Gran Bretaña devuelva Chagos a la isla Mauricio (ubicada en el Océano Índico).

Sin embargo, esa posibilidad no se avizora en el mediano plazo. Si bien es verdad que Boris Johnson perderá parte del respaldo europeísta (seguridad jurídica, defensa militar, apoyo político y beneficios económicos), su “debilitamiento” diplomático se contrarresta con la creciente militarización de la región colonizada en el Atlántico Sur. Desde hace semanas, las fuerzas armadas practican allí tareas especiales conjuntas, preparándose para un futuro conflicto bélico. Además, la burguesía británica ya anunció “acuerdos particulares” con las islas para defender su injerencia en la Antártida y sus colonias, continuando con la extracción de recursos naturales (materia ictícola, hidrocarburífera, metalífera, etcétera) a mansalva.

Por otro lado, la posición internacional argentina es endeble. Tanto por su subordinación al imperialismo como por los fracasos de Solá como canciller. Su gestión es cuestionada por las crisis e internas que dividen al gobierno peronista. No participó de la reunión telefónica entre Alberto y Biden. Cometió un sincericidio respecto al FMI y fue desmentido por los voceros oficiales. Además, fue uno de los ministros que Cristina Kirchner mandó “a trabajar de otra cosa”, con fuertes rumores de que habría pedido su renuncia en noviembre. Así, las declaraciones combativas por una reconquista soberana, estriban más en la búsqueda de oxígeno y salvataje de su gestión, que en una posibilidad real.

Para colmo, Solá deberá lidiar con el descontento malvinense, que rechazó, no sólo este pedido argentino, sino también el mismo Brexit, dados los impactos económicos negativos que trae aparejados. Sucede que las exportaciones hacia el mercado europeo tendrán aranceles del 6 al 18% y que la isla no gozará más del Fondo de Desarrollo Económico Europeo (un estímulo anual de 5 millones de dólares). Las estimaciones auguran un derrumbe económico de hasta 30 puntos (La Voz de Galicia, 12/11), ya que la imposición arancelaria se traducirá en un aumento de precios. Recordemos que la actividad pesquera representa el 41% del PBI malvinense, con ganancias anuales que orbitan los 40 millones de dólares y con un 60% de exportaciones destinadas hacia la UE.

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