10/05/2020

Canadá: un falso oasis se desnuda frente a la pandemia

El Covid-19 ha sido capaz de desnudar la fragilidad del régimen capitalista, o mejor dicho, su descomposición. Hay algunos mitos, que por virtud (de algún modo hay que llamarla) de la pandemia, se están derrumbando. Esto ocurre con Canadá, publicitado como país con uno de los mejores niveles de vida en el mundo. A  cuatro días del mes de mayo, las noticias nos decían que en Canadá, un extenso país con apenas 38 millones de habitantes, había 56.714 infectados  y 3.566 fallecidos. 


¿Cómo llegó Canadá a la pandemia? Desde  2012 el Estado ha decidido desfinanciar al sistema de salud en nombre de evitar el déficit fiscal, con el argumento de los altos costos de la nueva tecnología y del envejecimiento de la población.


Este desfinanciamiento de la salud lo ha revelado sin ambages un funcionario de la oficina de presupuesto del parlamento: “el gasto público avanza más lentamente que el PBI”. Si bien el sistema de salud canadiense (Canadian Health Insurance System) es formalmente público y gratuito (abarca el 70% del sistema de salud), como resultado de la crisis y de la escasez de médicos cada mil habitantes( 2,28), los pacientes deben sufrir largas esperas de meses, con consecuencias graves que incluyen la muerte, en especial en las especialidades oncológicas y en ginecología. Cabe señalar que las clínicas de medicina general carecen de enfermeros/as y que es el médico quien debe pagarles. Hay especialidades que no son cubiertas por el Estado, como por ejemplo odontología, oftalmología, servicios de ambulancias, medicamentos y exámenes preventivos sin evidencia médica, que el 21% de la población no puede pagar. Un dato revelador es el hecho de que el mayor porcentaje de los afectados por el Covid-19  corresponde a ancianos alojados en geriátricos, en algunos casos completamente abandonados.


Cabe señalar, además, que en materia farmacéutica, Canadá carece absolutamente de independencia, dado que compra la mayoría de los medicamentos a laboratorios estadounidenses o suizos (entre otros: Johnson& Johnson,, Pfizer y Novartis).


En contraste con el desfinanciamiento del sistema de salud, el gobierno liberal de Justin Trudeau, con el aval del Partido Conservador (la principal oposición), decidió antes de la pandemia (2019) incentivos a las empresas canadienses (para respaldarlas frente a la competencia con las firmas norteamericanas), que originaron un déficit fiscal de 19.600 millones de euros, cuyas consecuencias en términos de recursos para enfrentar la pandemia se ponen en evidencia en el cuadro actual del sistema sanitario.


Canadá tiene una deuda que equivale al 89,94% de su producto bruto. A su vez el dólar canadiense se ha devaluado con respecto al dólar estadounidense y al euro. Las tendencias a la depresión económica han golpeado fuertemente al petróleo y la minería, dos actividades claves para el país.


El Covid-19 ha llegado en un momento en que la guerra comercial ya venía impactando en el país del norte. A pesar de que Trudeau suele ser presentado como un líder alternativo a Trump, lo cierto es que el acuerdo comercial que reemplaza al Nafta, llamado UMSCA (a punto de ser aprobado por el Senado canadiense para entrar en vigencia en junio), no hace más que pronunciar el sometimiento económico de Canadá al imperialismo yanqui, ya que permite el ingreso de productos lácteos y avícolas sin aranceles y abre las puertas a inversiones de capital yanqui sin obstáculos, al tiempo que veda por completo el comercio con China, especialmente en la compra de acero para la industria automotriz.


Cabe señalar que el comercio de Canadá  con Estados Unidos  no es comparable con ningún otro, ya que Canadá le compra el 85, 81% de sus importaciones, y éste le vende el 60,61% de sus exportaciones.


La clase obrera y la pandemia


La crisis sanitaria ya está impactando en la situación laboral de la clase obrera canadiense: Air Canada despidió 16 mil trabajadores,  un anticipo de  los millones de desocupados que el gobierno Trudeau advirtió que iban aquedar como fruto de esta crisis. Cirque du Soleil despidió 4.679 trabajadores, las fábricas automotrices Fiat, General Motors, Ford, Chrysler, Honda y Toyota han suspendido a su personal. Ya han pedido seguro de desempleo medio millón de trabajadores, algo nunca visto desde la depresión de 1932. El gobierno, frente a esto otorgó un subsidio para cubrir el 75% de los salarios de los trabajadores de empresas pyme.  


La Canada Labour Congress (central obrera de Canadá), frente a la situación presente, nada ha dicho ni hecho. Se trata de una central completamente adaptada que apoya a un partido de la burguesía (New Democratic Party) y que ha saludado todas las medidas de Trudeau. Hay un agravante (al que esta burocracia también se ha acomodado) consistente en que el derecho de huelga es prácticamente inexistente porque se puede ejercer solo en el período previo a la discusión de los convenios colectivos, y aun así el parlamento está habilitado a sancionar una ley de emergencia en forma express referida a alguna huelga en particular, una vez iniciada, como ocurrió con la huelga de correos. Bajo estas circunstancias ya hay un millón de despidos, y ninguna reacción masiva de la clase obrera (que a mediados de marzo realizó “huelgas salvajes” en las grandes automotrices), maniatada por la burocracia sindical.


Las consecuencias presentes de la pandemia que han agravado la crisis precedente del capital en el mundo se manifiestan descarnadamente en Canadá, y encuentran a los trabajadores de ese país ante un desafío fundamental: desalojar a la burocracia sindical de su central obrera y construir su propio partido, dos cuestiones simultáneas y que serán el fruto necesariamente de la lucha que se verán empujados a desenvolver frente a la ofensiva capitalista que pretende hacerles pagar con miseria los platos rotos de la decadencia del capital. Y por supuesto que tal experiencia se verá abonada por la lucha del proletariado estadounidense (con importantes manifestaciones actuales de lucha en varios estados)  y de todo el mundo en esta etapa crucial. 



 

También te puede interesar:

Fracaso de la política de control de precios del gobierno.
Julio Cortés lanza su libro, con la rigurosidad de un historiador y la pasión de un artista militante.
Ocho millones de dosis en la heladera, por el ajuste de los gobiernos a la salud.