09/04/2020

Chau Bernie

Sanders oficializó el fin de su campaña por la candidatura presidencial demócrata. ¿A dónde va el movimiento que se centró alrededor de él?

Bernie Sanders reconoció el miércoles 8 que, con más de 300 delegados de diferencia con respecto a Joe Biden, no había ninguna posibilidad real de seguir disputando la candidatura presidencial. La decisión se anunció luego de que se realizara la primaria en Wisconsin, que la campaña de Sanders había pedido que se suspendiera por la cuarentena. 


La campaña de Sanders había colocado al establishment del Partido Demócrata en una histeria macartista pronunciada luego de que este liderara las primarias a principio del año, explotando a su favor las enormes dificultades para instalar un candidato de la derecha partidaria.


Sin embargo, la despedida tiene otro tono. Ahora que el movimiento activista y militante que se agrupó alrededor de Sanders ha quedado fuera de la primaria,  todos los ojos están puestos en la posibilidad de retenerlos en el apoyo al bicentenario partido de la burguesía norteamericana.


El propio Sanders le dio en su texto de renuncia una forma práctica a este intento de mantener su movimiento por dentro del calendario demócrata, diciendo que aunque el exvicepresidente ya era el nominado seguro, mantenía su boleta en las primarias restantes para “reunir todos los delegados posibles (a la convención Demócrata) para ejercer una influencia sobre la plataforma partidaria y la elección de funcionarios”. Una señal inconfundible de lealtad partidaria y continuidad en la negociación por una integración en la coalición de un eventual gobierno de Biden, el elegido de los Clinton y Obama. 


Biden confluyó en el mismo esfuerzo integrador. “Bernie (sic, como quien habla de un amigo íntimo) logró una rareza en política”, dijo Biden, “no ha montado solo una campaña; él creó un movimiento. Y, no se equivoquen, creo que ese movimiento es tan poderoso hoy como lo era ayer. Eso es algo bueno para nuestra nación y para nuestro futuro”. Apela directamente a Sanders, cuya decisión de permanecer en el campo demócrata es clara, para ayudar a contener a su base, cuyo destino está por verse.


¿Una victoria ideológica?


Sanders buscó reconfortarse con una victoria “ideológica”, diciendo que su lucha ha corrido el discurso político general del partido Demócrata a la izquierda. Sanders reivindica que ideas que eran consideradas marginales, ahora sean discutidas en el “mainstream”. Lo mismo salieron a rescatar numerosos periodistas y también intelectuales alineados con Sanders, como Noam Chomsky. 


Para quien le proponía a sus seguidores lanzar una “revolución política dirigida por la clase obrera”, contentarse con haber sumado puntos a la plataforma del partido Demócrata suena a poquísimo. Sobre todo porque las plataformas políticas de los partidos “progres” de la burguesía van a quedar como papel mojado en cuanto pase la elección. Sanders y Biden quieren mostrar que el partido Demócrata ya se ha corrido a la izquierda en su discurso y que ese es un avance histórico. Luego de la “revolución” las llaves siguen en mano de los mismos dueños. 

Quien quiera saber cuál va a ser el programa real de un eventual gobierno demócrata tiene que mirar la trayectoria de los gobiernos de su partido, abanderado en sostener la opresión imperialista en el mundo y adentro de Estados Unidos. Y también su actuación en el parlamento ahora. 


Sanders acaba de votar junto a los diputados de Trump y la bancada demócrata comandada por Nancy Pelosi un paquete de rescate por la pandemia en el cual la parte del león, 500 mil millones de dólares, va al rescate de empresas privadas. 


La votación le valió una diferencia pública con una aliada cercana, la demócrata socialista Alexandra Ocasio-Cortez. La diputada denunció en el congreso que lo votado es “uno de los rescates empresariales más grandes de la historia norteamericana con los menores controles posibles. ¡Una vergüenza! Pelearon con avaricia y dejaron migajas para nuestras familias”.


Aunque luego la diputada relativizó el alcance de su divergencia con la votación demócrata por el paquete, diciendo, “finalmente, su posición en este debate queda a decisión de cada diputado. No le reprocho a ninguno su votación.”


Hace falta más activismo que nunca


El desenlace de esta pelea ha sido una frustración para miles de activistas que se han movilizado, militado o aportado de distintas maneras a lo que entendían que era una causa transformadora. Hay preguntas sonando en las redes, cabezas, en las casas. ¿Cómo seguir? ¿Cómo organizarse?


Los revolucionarios tenemos que intervenir en ese debate.


Estados Unidos se ha transformado en el epicentro de la pandemia y la crisis mundial. Es el pueblo trabajador el que no solo sufre las peores consecuencias de la enfermedad sino el que al mismo tiempo es reventado por niveles de desocupación y recesión que ya se asemejan a la recordada crisis de 1929. La lógica del sistema capitalista que manda al matadero a los trabajadores para garantizar su ganancia está en el centro de las denuncias de las protestas que se extienden entre trabajadores de la salud, de servicios de envíos de compras y de fábricas. 


Cuando la necesidad de un movimiento fuerte de las masas en defensa de sus condiciones de vida es más necesario, la absoluta subordinación de la orientación de Sanders y los demócratas socialistas al calendario electoral y al partido demócrata son los que han producido este cimbronazo. 


Un movimiento ascendente que colocó todas las fichas en el tablero que controlan quienes identifica como adversarios se ha comprado una derrota. No por perder una elección, si no por no ser un factor en el país en una intensa crisis. La innegable participación de simpatizantes y militantes de Sanders y las organizaciones que lo apoyan en los conflictos en cursos no puede tapar que no componen desde ningún punto de vista un polo en la situación política del país frente a la crisis ni en la acción directa de las masas. 


El candidato que los venció no había entusiasmado a nadie y no necesitó hacerlo. La campaña de Sanders había más que duplicado los aportes financieros con respecto a Biden, 182 millones de dólares contra 88. Se trataba también de aportes pequeños, hechos en su abrumadora mayoría por trabajadores. 


Alcanzó con que el establishment demócrata pudiera hacer levantar un candidato alrededor del cual reagruparse para dejar en la banquina a Sanders. Su control de gran parte del aparato estatal, mediático y clientelar fue aplastante. Su derrota fue más decisiva este año que en 2016, cuando la disputa se llevó hasta la convención. Las supuestas “ventajas” de desarrollar un movimiento izquierdista lo son sólo para los dirigentes que se proponen hacer carrera en el Estado. Los que querían enfrentar a los candidatos de los patrones en la arena política yanqui quedaron desamparados. ¿Qué rumbo toma entonces la izquierda que venía impulsando a Sanders?


Soldados de Sanders, soldados de Biden


Ocho organizaciones juveniles, encabezadas por Justice Democrats, fundada por miembros de la campaña de Sanders en 2016 y clave en la elección de varios diputados izquierdistas en 2018, le enviaron una carta a Biden marcando su falta de popularidad entre los jóvenes y proponiendo como solución la incorporación de sus reclamos en la plataforma… y la contratación de funcionarios para su campaña entre quienes han militado en las campañas de Sanders y Warren. Faltaba adjuntar los currículums.


La editorial central de Jacobin, principal órgano político de los Demócratas Socialistas de América y del sanderismo, frente a la renuncia de Sanders señala con claridad el carácter de clase de quienes dirigen el partido Demócrata. Señala que Jim Cyburn, el senador de Carolina del Sur cuyo apoyo a Biden inició el resurgir de este, es el principal beneficiario de los aportes de las grandes farmacéuticas en el congreso. “Para nosotros la confrontación es dentro de veinte años, como mucho”. Para entonces apuestan a que los grupos etarios que más apoyan a Sanders hoy predominen en el electorado demócrata, por el propio paso del tiempo y por una lenta acumulación política. Y, mientras tanto… ocuparse de conseguir muchos cargos electivos. Jacobin rechaza la posibilidad de que “el escuadrón” de diputadas encabezadas por Ocasio-Cortez se proyecten como dirección y propone como perspectiva la elección de diputados por Estados del oeste donde Sanders arrasó, en particular California. 


Ocasio-Cortez se ha movido en estos días justamente para congraciarse con el establishment demócrata, despidiendo a su vocero y a su jefe de asesores, izquierdistas que habían tenido polémicas públicas con diputados demócratas de derecha, y contratando reemplazos aprobados por el aparato partidario. Se había empezado a ausentar de la campaña de Sanders en cuanto las posibilidades de este se hicieron remotas. La diputada ha restringido también el apoyo requerido por candidatos de izquierda que pretenden desbancar a diputados de la derecha demócrata. 


También fue rápido en publicar su artículo en Jacobin, Eric Blanc, un extrotskista que hizo votar en la convención de DSA una moción diciendo que su militancia buscaba preparar una ruptura con el partido Demócrata, para atajarse de que “carecemos de fuerza para dejar de usar la boleta demócrata en los próximos tiempos, la necesidad de un partido independiente de la clase obrera nunca ha sido más clara”. La tarea no la dejan para mañana, ni para dentro de vente años. Es una expresión puramente verbal para encubrir su práctica política real.



Es claro que DSA y el sanderismo preparan más electoralismo y una franca tendencia al carrerismo en el Estado imperialista. Su programa alimenta la expectativa en la posibilidad de reformar este enorme instrumento de opresión para que sea un elemento que mejore las condiciones de vida de las masas. Gane Trump o Biden la elección de noviembre, las consecuencias de la pandemia, la depresión económica y las tendencias a la guerra comercial y convencional van a llevar a miles a enfrentarse a ese Estado. Los choques ya han comenzado. La polarización política que se ha expresado en las candidaturas de Sanders y del propio Trump se abrirá paso bajo nuevas formas.


Los trabajadores de Estados Unidos necesitan una organización socialista, internacionalista y revolucionaria hoy, y con urgencia. Una organización independiente que actúe bajo su propia bandera y programa puede tener avances relativos como minoría, que sirvan para desarrollar una organización y ganarse la confianza de las masas. Esta elección es una derrota no porque la izquierda liderada por Sanders no haya logrado una mayoría, sino porque ahora se ven obligados a votar a quienes saben son sus enemigos de clase. Indudablemente miles de compañeras y compañeros pueden acercarse a estas conclusiones como resultado de la experiencia política que están protagonizando. 

 

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