20/12/2007 | 1022

«Chávez, el bonapartismo y las clases populares»

La derrota de Chávez en el referéndum del 2 de diciembre es un acontecimiento mayor de la lucha de clases. Se impone una discusión profunda. El imperialismo y la burguesía festejan una victoria; nosotros debemos responder estando en condiciones de tomar partido sobre la base de un análisis de los hechos y de la defensa de las perspectivas revolucionarias.


Hay que hacerlo, más aún, porque el plebiscito fue una iniciativa de Chávez y porque él controló todo su desarrollo. El proyecto de reforma constitucional estuvo preparado por el presidente y enmendado marginalmente por el parlamento. Es la primera derrota electoral de Chávez, en una operación montada por él mismo.


El análisis de los resultados


Un plebiscito es un mecanismo profundamente antidemocrático y de carácter autoritario y bonapartista. Por definición, se trata de impedir las iniciativas y la intervención de la población. El plebiscito en Venezuela confirma esta regla y toda la discusión sobre el significado político de la derrota debería comenzar por indicar que nosotros intentamos avanzar siempre sobre la base de la movilización política, democrática, y no utilizando los mecanismos podridos del Estado burgués, incluso si se reivindica la lucha por el socialismo del siglo XXI. (…)


El PSUV, el partido unificado de Chávez, cuenta con cinco millones de miembros inscriptos y, en el plebiscito, el “sí” obtuvo casi 1,6 millones de votos menos. Es una demostración impresionante de la naturaleza del PSUV y, a justo título, los comentarios de los resultados, tanto de chavistas como de no chavistas, subrayan que uno de los elementos de la derrota ha sido el carácter completamente burocrático de la campaña.


Un estudio más profundo de las cifras la en la misma dirección. Chávez retrocede sobre todo en las regiones petroleras, urbanas e indígenas: “las regiones industriales con la mayor concentración de obreros industriales (…) han sido aquellas en las que el voto por Chávez a disminuido más” (se puede leer un análisis detallado en Edgar A. Hernández; “Sectores: laboral, petrolero, urbano e indígena, los grandes ausentes en las urnas para el referéndum”, en Aporrea, 8/12).


No hay que exagerar, por el contrario, la influencia del Podemos y del antiguo ministro de Defensa Baduel, que se pasaron del chavismo al voto por el “no”. Chávez perdió sin que la oposición diera un salto en votos.


Pero Chávez saca otra conclusión de los resultados. Para él, el culpable es el pueblo (en un discurso inflamado, el 6 de diciembre) (…)


La naturaleza de la derrota


Alan Woods, dirigente de The Militant, y en otro registro, James Petras, se han permitido calificar a militantes como Orlando Chirino y a las organizaciones que en América Latina llamaron a no apoyar el “sí” como colaboradores y cómplices de la “contrarrevolución”. Son calumnias que, es bien sabido, son muy utilizadas por el stalinismo y otros enemigos del movimiento obrero. (…)


Orlando Chirino llamó a “votar nulo” (“Venezuela: El 2 de diciembre rechacemos la reforma constitucional. Vota Nulo”; en Aporrea, 30/11). Una pequeña minoría de militantes sostuvo esta posición. Tuvo, entre otros, el mérito de situar correctamente los objetivos y el contenido del proyecto de reforma constitucional.


Tanto en la forma como en el fondo, esta reforma se proponía reforzar el poder personal del presidente de la República. Todo el régimen político está organizado alrededor de ese poder (…) La reforma constitucional habría tenido como resultado un reforzamiento del aparato del Estado: los “consejos comunales” y las otras formas de “poder popular” aparecían como un acompañamiento para cooptar a una capa activa de la población al aparato del Estado burgués.


El socialismo del Siglo XXI, al igual que el del XX, no puede ser el resultado de un decreto ni de una operación plebiscitaria. El poder personal no puede ser confundido con la actividad política de los oprimidos. Chávez dice ahora que los resultados del 2 de diciembre muestran que el pueblo no estaba dispuesto a defender al socialismo. Es un razonamiento curioso.


La lucha secular contra la explotación y por el socialismo procede a la inversa, a partir de la actividad, del interés, la conciencia de los explotados, y de la capacidad de los “dirigentes” de expresarlas y organizarlas.


La operación del 2 de diciembre se sitúa en otro terreno. En Venezuela, se puede constatar un gran contraste. De un lado, el personal del Estado ha cambiado en profundidad y el conflicto con Estados Unidos, entre el imperialismo y el país dominado, es muy agudo y define también la naturaleza del nuevo régimen político. Del otro lado, la sociedad, la economía y la estructura del Estado han cambiado muy poco entre 1989 y hoy. (…).


Chávez ha reforzado la intervención del Estado y la apropiación de la renta petrolera, en conflicto con el imperialismo y en favor de la independencia nacional. Aumentó fuertemente los gastos sociales (las “misiones” en los barrios populares). Ha expropiado algunos latifundios y nacionalizado algunas empresas, a través de operaciones en el cuadro del mercado capitalista. Pero no ha lanzado un proceso de expropiación de la propiedad privada de los medios de producción y no ha organizado los mecanismos de la economía en función de las necesidades de la población y contra las leyes del mercado.


La combinación de estos dos procesos ha comenzado a producir elementos de crisis, incluso con los miles de millones de dólares aportados por el petróleo o, más precisamente, los miles de millones del petróleo provocan también una crisis económica. la inflación es enorme, hay fenómenos de escasez de productos en el mercado (las familias, por ejemplo, no encuentran leche), mercado negro de divisas. La desigualdad en los ingresos ha crecido en los últimos cinco años; el salario real está en baja a causa de la inflación, la falta de viviendas aumenta de año en año. (…)


Chávez y América Latina


Se dice con una cierta facilidad que Chávez y Venezuela son un punto de apoyo para las luchas en América Latina y que la derrota del 2 de diciembre va a debilitar las fuerzas de la “lucha de clases”. Para no hablar de toda América Latina, miremos por un instante a Argentina (…). El chavismo ha sido un apoyo decisivo para el gobierno argentino, a la vez para hacer negocios y para precipitar a la izquierda en los brazos de la política burguesa. Venezuela y Chávez, lejos de ser un apoyo para las tendencias partidarias de la “lucha de clases”, han sido un apoyo para las tendencias favorables al desarrollo del capital y los negocios.


La situación en Bolivia es diferente, para tomar el revés de la moneda. La política de conciliación de Morales no puede impedir, al menos por el momento, las tendencias a la guerra civil, e incluso al estallido del país, esta vez con el apoyo del Brasil de Lula.


El nacionalismo no puede remontar los conflictos con el imperialismo y dar forma a la ilusión de un desarrollo capitalista autónomo. No abre la vía a una movilización revolucionaria de la población y a una lucha política en consecuencia. En todo caso, es una impasse que puede conducir a una tragedia.