14/10/2020 | 1607

Chile: un año de rebelión popular y en la víspera del plebiscito constitucional

Las caracterizaciones y conclusiones del XXVII Congreso

Para el 18 de octubre, cuando se cumpla el primer aniversario del comienzo de la rebelión popular en Chile, se prevé la movilización más importante desde marzo pasado, momento en el cual desembarcó la pandemia en el país trasandino. Por su parte, el gobierno prepara un gigantesco operativo represivo, que contará con el despliegue de 40 mil carabineros e incluso con la entrada en escena de “escuadrones especiales”. Una semana después del 18 tendrá lugar el plebiscito del 25 de octubre, surgido del pacto firmado por el oficialismo y la oposición en noviembre de 2019, que determinará si habrá o no un proceso constituyente en Chile. La magnitud y los resultados de ambos sucesos, la jornada del 18 y el plebiscito del 25, determinarán en gran medida la evolución política del proceso chileno.

La vitalidad de la rebelión

Aunque la pandemia y el aislamiento social le impusieron al ‘estallido social’ un compás de espera forzado, en el curso de estos meses se acentuaron las grandes reivindicaciones que motorizaron la rebelión popular en Chile: creció exponencialmente la desocupación y la precarización laboral, se mantuvieron intactos los negocios de la salud y la educación privados, se recrudeció el déficit habitacional y se reforzó la represión y la impunidad de Carabineros.

Asimismo, se dejaron ver numerosos elementos que dan cuenta de que el proceso de la rebelión está muy lejos de haberse cerrado. Desde marzo a esta parte, emergieron las “ollas comunes” (comedores y ollas populares) frente al ascenso de la carestía y el descomunal crecimiento de la desocupación. Se produjeron en julio masivos cacerolazos y un extraordinario paro de los portuarios contra la política del gobierno y por la habilitación del retiro de los fondos de las AFP de parte de los trabajadores. Emergieron grandes movilizaciones del movimiento de mujeres, señalando las responsabilidades estatales ante el recrudecimiento de la violencia machista en el marco de la cuarentena. El pueblo mapuche se mantuvo siempre activo y movilizado contra el avasallamiento estatal y se produjeron nuevas movilizaciones por la libertad de los presos de la rebelión popular y contra las brutales represiones de Carabineros, que han marcado un reciente punto de inflexión en el ascenso de la movilización popular.

Pero es claro que la rebelión popular encuentra en la dirección de la mesa de la Unidad Social y de la CUT a su principal obstáculo. La dirección política de estas organizaciones, el Partido Comunista, juega todas sus cartas a la contención del movimiento obrero chileno. El PC ha sido la primera fuerza en proclamar el inicio de su carrera presidencial, delatando su pretensión de canalizar el ‘estallido social’ por las actuales vías institucionales, a través de un gran frente político opositor junto a los partidos del sistema, reproduciendo lo que años atrás hicieran junto a Bachelet y la Nueva Mayoría.

Plebiscito constituyente

El plebiscito del 25 de octubre es un producto, aunque deformado, de la rebelión popular. Fue el lastre echado por Piñera y la oposición parlamentaria, a través del ‘acuerdo por la paz social y la nueva constitución’, ante el terror que le causó a la clase capitalista el ‘estallido social’ y, en particular, la huelga general del 12 de noviembre. Sin embargo, el gobierno y la oposición se han encargado de quitarle al proceso constituyente cualquier vestigio de soberanía popular, transformándolo en un órgano incapaz de viabilizar las transformaciones sociales, económicas y políticas que exigen las masas chilenas.

En este marco, la pelea por el “apruebo” en el plebiscito del 25 de octubre es la forma mediante la cual se le puede asestar un golpe concreto a la reacción política, que mediante la pelea por el “rechazo” pretende dar por concluido el proceso abierto en octubre pasado. Pero en el plebiscito es necesario rechazar tanto la variante de la convención ‘mixta’, que establece que la mitad de su cuerpo estaría integrado por los actuales parlamentarios, como la convención constituyente, donde todos los convencionales se elegirían mediante un nuevo proceso electoral pero del cual no podrán participar las nuevas fuerzas políticas y sociales surgidas al calor de la rebelión. La precondición para que exista una verdadera asamblea constituyente libre y soberana es lograr la caída de Piñera y de todo el régimen político que lo ha sostenido en el poder.

Un plan de acción

La lucha por el Fuera Piñera y por una constituyente libre y soberana debe ir acompañada del impulso de la lucha por el conjunto de las reivindicaciones inmediatas de las masas y de la agitación por un congreso de trabajadores, que ponga fin a la tregua impuesta por la burocracia de la CUT y elabore un programa económico y político de la clase obrera para que la crisis la paguen los capitalistas.

La situación política en Chile le ofrece una oportunidad a la joven agrupación Fuerza 18 de Octubre. Es necesario desenvolver una campaña, por un frente único de acción y de lucha, dirigida a todas las organizaciones de izquierda, entre ellas las participantes de la Conferencia latinoamericana y de los Estados Unidos, de las agrupaciones y sindicatos combativos, de los cabildos y las asambleas populares, y de la juventud que lucha, para intervenir como un bloque independiente.

 

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