01/06/2006 | 948

China: Tres Gargantas

Represión, contaminación y negocios

En China, en un tramo del río YangTsé, se construyó la mayor obra hidroeléctrica del mundo. La represa Tres Gargantas es una enorme pared de 2,3 km de largo, 115 metros de ancho y 185 de altura, un embalse de 660 kilómetros cuadrados con una capacidad de 39.300 millones de metros cúbicos de agua. Los costos ambientales y sociales de esta obra son tan espantosos que el Washington Post opina que “tanto por su magnitud como por su ambición –así como por su costo humano–, es un símbolo de la implacable determinación y energía de China para ocupar su lugar entre las potencias económicas del mundo" (Clarín, 21/5).


 


Según el gobierno chino, cuando funcionen sus 26 generadores —en 2009- producirán 84.700 millones de kilowatts/hora, podrán navegar barcos de gran calado y se evitarán las inundaciones. Los ambientalistas retrucan que la represa contribuirá de modo rotundo al cambio climático, por las emisiones de metano. Y relativizan sus beneficios: para 2010 contribuirá sólo con el 2% a las necesidades de electricidad. El costo de la energía, además, será mucho mayor que el que se había propuesto el gobierno (IPS, 19/5).


 


La construcción de esta obra se discute desde principios de siglo, pero recién se aprobó en 1992, cuando la masacre de Tian An Men garantizó cierta estabilidad a la burocracia china. Sin embargo, en un hecho sin precedentes, un tercio de los diputados de la Asamblea Nacional votó en contra.


 


La Bolsa …


 


Tres Gargantas fue construida por Corporación Tres Gargantas, sociedad estatal que cotiza en Bolsa desde 2003. La inversión, según el gobierno, fue de 27 mil millones de dólares, aunque otras estimaciones la elevan a 75 mil millones. La Red Internacional sobre Ríos (IRN) y otros grupos ecologistas exhortaron a gobiernos y organismos financieros a no apoyar el proyecto -el Banco Mundial y el Banco Ex-Im de Estados Unidos se abstuvieron- pero Alemania, Suiza, Suecia, Canadá, Francia y Brasil aprobaron créditos por más de 1.500 millones de dólares. Finalmente, el 60% de la obra fue solventado por préstamos y financiación externa. “Se calcula que decenas de miles de dólares han ido a parar a los bolsillos de intermediarios, contratistas y funcionarios locales” (EFE, 2003).


 


El negocio no termina ahí: en los próximos siete años el Ministerio de recursos hidráulicos destinará más de 4.000 millones de euros a la construcción de 146 depuradoras de agua, 161 fábricas de reciclado de basuras y el traslado de 1300 fábricas, en cinco provincias ribereñas del YangTsé, para mitigar la contaminación. Otro tramo del “gran plan nacional de desarrollo” es la construcción de tres canales de más de 1.000 km que lleven agua al Norte de China. Insumiría 50 años y 60.000 millones de dólares.


 


…y la vida


 


El anegamiento implicó el traslado de 2 millones de personas, que perdieron casa y trabajo. Se inundaron 13 ciudades medianas o pequeñas, 116 pueblos, un millar de aldeas. Quedaron bajo el agua 1.600 fábricas. A pesar de que el costo de los desplazamientos se calculó en 195 mil millones de yuanes, sólo se destinaron 40 mil millones. En China está prohibida cualquier apelación legal por perjuicios causados por obras públicas. Los desplazamientos fueron ejecutados por el Ministerio de Seguridad, que reprimió ferozmente los levantamientos en varias ciudades, como Zigui, y en comunidades agrícolas. La Asociación Amigos de la Tierra denunció que las “reinstalaciones se hacen a golpe de porra y de excavadora" con "violaciones de derechos humanos brutales y masivas". El costo de las nuevas viviendas supera con creces las indemnizaciones. Todo el proceso está salpicado de denuncias de corrupción.


 


Las conclusiones del IRN son lapidarias: “las promesas de tierra y empleos para los desplazados no se habían materializado, los fondos destinados a la indemnización se desviaron en forma sistemática hacia otros proyectos y a bolsillos privados, cualquier oposición a las inadecuadas cláusulas de reasentamiento era fuertemente reprimida”. Tres Gargantas se ha vuelto “un instrumento de represión y abuso generalizado…”, concluye.


 


La llegada de decenas de miles de refugiados a ciudades con altísimo desempleo agrava las condiciones de vida de toda la población, incrementando la quiebra de las economías locales, a las que el gobierno central traspasó el gasto en salud, educación, etc. Los campesinos viven ahora “en laderas y barrancos, que se encuentran disponibles sólo si en el pasado no pudieron mantener a una población campesina”.[1]


 


Quedaron bajo el agua reliquias arqueológicas: tumbas del paleolítico que tienen 100.000 años, fósiles paleontológicos, más de 80 yacimientos de la era Neolítica, unos 100 enterramientos ancestrales, 300 construcciones de las Dinastías imperiales Ming y Qing (1368-1911) y cuatro de las obras catalogadas como “Tesoros de Estado”. Ya se extinguió una especie única, el delfín de río, y la misma suerte correrán tres familias de esturiones, un pez prehistórico que ha vivido en el YangTsé durante 200 millones de años.


 


¿Un tsunami artificial?[2]


 


Los traslados muestran que la "vía china al capitalismo" sólo puede concretarse al precio de la disolución social y enfrentamientos explosivos con las masas. Las dudas sobre la eficacia de la represa muestran, por otro lado, las tendencias destructivas de la restauración capitalista. La represa “ya está gravemente contaminada” y podría terminar siendo “un gigantesco estanque de desperdicios” para la ciudad de Chongqing, la mayor concentración urbana de China. Esto “derivaría en un tremendo desastre medioambiental”. También en un gigantesco negocio: el gobierno chino “está dedicando miles de millones de dólares en instalaciones de tratamiento de aguas” (BBC News).


 


La consultora Sklar-Luers —contratada por la Corporación Tres Gargantas–indica el lecho de roca del río probablemente no resista la cortina de concreto del dique de contención, lo que “puede provocar importantes filtraciones, tanto bajo el dique, como a su alrededor, que debilitarían sus cimientos y agravarían el riesgo de hundimiento del muro de contención. En este caso, los 40 mil millones de toneladas de aguas embalsadas tras el dique se precipitarían río abajo en forma de una gigantesca ola que barrería todo a su paso durante cientos de kilómetros”. A principios de 2002 aparecieron las primeras fisuras.


 


Pero la represa puede destruirse por múltiples causas. No sería la primera vez. En 1975, dos represas se rompieron a causa de un tifón ocasionando entre 80.000 y 230.000 muertos (una información secreta hasta 1995). La cantidad de piedras y barro transportados puede cegar los aliviaderos. Por esta causa, entre 1950 y 1981 reventaron 3.200 de las 86.852 presas chinas. El dique del embalse de Banqiao -calificado de “indestructible”-, estalló en 1975, dejando 230.000 muertos y varios millones en la miseria. El accidente se produjo porque no se pudieron abrir las compuertas, atascadas por el sedimento. Sklar-Luers asegura que el canal de derivación construido para canalizar el río ya estuvo a punto de quedar cegado por la excesiva cantidad de barro y partículas que transportaba el agua.[3]


 


Nada disuadió a los capitales internacionales que hoy lucran con la represa y esperan lucrar mañana con la "reconstrucción".


 


No hace mucho, Gorbachov dijo que la URSS terminó cuando estalló Chernobyl. Es posible que Tres Gargantas dure más que el régimen que la construyó.