Clinton y Castro derrotan a los gusanos

El dramático episodio del balserito Elián ilustra el extremo al que había llegado la influencia y el poder de la ‘contra’cubana de Miami en los Estados Unidos. Sólo después de largos meses el gobierno de Clinton se animó a hacer lo que hubiera correspondido desde un primer momento, que era devolver el niño a su padre. Pero el secuestro de Elián por sus familiares en Miami también demuestra que esta “contra”ha entrado definitivamente en declinación en cuanto a determinar la política norteamericana frente a Cuba. Su lugar lo ocupan ahora la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, la Asociación Manufacturera, la de Bancos y el poderoso grupo agrícola; todos interesados en la normalización creciente de las relaciones económicas. En forma sumaria se puede decir que la “contra”representó a los ex propietarios confiscados por la revolución y a los capitales reunidos por el propio exilio, que pretendían una restauración modernizada del viejo orden. Los avances de la restauración capitalista a nivel internacional, en cambio, sumado a la política cubana de reintegrarse al mercado mundial y abrir su economía al capital extranjero, han lanzado al ruedo a los grandes capitales propiamente norteamericanos, que no quieren ver arrebatado el mercado cubano por sus rivales de Europa y Japón.


Esta alteración en las relaciones norteamericano-cubanas se manifestó claramente en la misma mecánica de la crisis ocasionada por el secuestro del balserito. El abogado que representó los intereses del padre de Elián pertenece a un poderoso estudio jurídico, y fue en el pasado representante legal de la secretaria de Estado, Albright, y hasta del propio Clinton en el asunto Lewinsky. Este mister Craig es, según el diario francés Le Monde (8 y 10/4), “no tanto el abogado de un demandante cubano como el emisario oficioso de Washington ante Fidel Castro”. El corresponsal del diario en Estados Unidos le adjudica haber transmitido las propuestas norteamericanas a Fidel Castro, sugerido los gestos que éste debía adoptar para solucionar la crisis, y quien lo convenció de que era preferible que el padre de Elián viajase a Estados Unidos sin acompañamiento oficial. Al satisfacer estos planteos, el gobierno cubano eligió políticamente no radicalizar la crisis, aún cuando tenía de su lado todo el derecho internacional. En lugar de acentuar la agitación anti-yanqui, la amortiguó, y así pudo verse en los discursos posteriores a la liberación de Elián, una andanada de agradecimientos a los legisladores y al Congreso norteamericanos. Castro mismo se refirió a “una tregua”en 41 años de hostigamiento del imperialismo yanqui, aunque hay que recordar que para una tregua se necesitan dos.


Este curso político no deja de tener sus peligros, ya que existe una orden judicial que prohíbe al balserito abandonar territorio norteamericano. Es decir que ahora, y al menos por ahora, los secuestrados son dos. El diario francés admite que, a partir de estas concesiones de parte de Cuba, “el riesgo para Fidel Castro es grande”. Un funcionario norteamericano admitió que el gobierno le había ofrecido unos dos millones de dólares a Juan Miguel González, el padre, para quedarse en Estados Unidos.


En otra correspondencia de Le Monde (12/4) se dice que el manejo del asunto de Elián “dejaría satisfechos a los medios económicos (norteamericanos), que ven con envidia a sus competidores europeos y latinoamericanos instalarse o invertir en Cuba. Haría feliz a una agricultura en crisis de mercados, que sueña con vender allí su arroz y su maíz. El presidente de la Cámara de Comercio ha visitado La Habana en 1999. Y ciertos hombres de negocio conservadores ven más lejos que sus intereses comerciales al estimar que una apertura de Cuba al mundo exterior sería mucho más eficaz que el embargo para derrocar al régimen castrista”.