21/03/2002 | 746

Colombia: De la negociación y la guerra, a la guerra y la negociación

Pastrana esperó a las postrimerías de su mandato para dar por terminado el «proceso de paz» con las Farc. Puso bajo control militar la llamada «zona de despeje» (los 4 departamentos del sur), declaró una guerra abierta y ordenó la captura de sus jefes.


El imperialismo yanqui venía presionando con el denominado «Plan Colombia», acentuando el rearme del Ejército y la política de represión y fumigación de los cultivos campesinos. 45 días antes de la ruptura, Pastrana había concedido una prórroga al mantenimiento de la «zona de despeje». La decisión final de Pastrana, sin embargo, «fue una sorpresa» (The Economist, 2/3).


En realidad, hacía tiempo que el conservador Patrana había perdido toda iniciativa política. Se encontraba literalmente en ruinas, y arrastraba con él a su socio liberal. El giro de último momento no pudo detener el empuje de los opositores de derecha de cara a las elecciones del 10 de marzo. Los grandes ganadores fueron los candidatos «independientes» que responden a la derecha. En el Senado, por ejemplo, se estima que este sector podría reunir más de 35 miembros. Las bancadas conservadora y liberal, en cambio, que detentaban la inmensa mayoría de los escaños, cayeron de 28 a 13 la primera, y de 58 a 29 la segunda. Tras los comicios, el candidato del partido liberal a las presidenciales que tendrán lugar en mayo anunció que se retiraba de la contienda, dando paso a un gran reagrupamiento derechista que encabeza el ex liberal Alvaro Uribe, quien según algunos analistas conquistaría una victoria plebiscitaria.


Mientras Pastrana, en 1998, había dado lugar, con su llamado a «negociar la paz», a cierto reanimamiento de las expectativas en el régimen político, la participación en estas elecciones volvió a caer a sus más bajos niveles históricos (42% del padrón frente al 59% entonces, y aun dentro de esa cifra, el 10% de los votos fue en blanco). La manipulación de la «opinión pública» y del sistema electoral tiene en Colombia características inéditas. El supuesto vuelco de la opinión pública hacia una salida «bélica» contra las Farc, fue totalmente amañado por encuestas telefónicas, «que capturan las ideas de las clases alta y media. La verdad es que en Colombia los pobres no tienen teléfonos y son una mayoría silenciosa. Colombia es una democracia en peligro y la verdad es bien conocida: está creciendo dramáticamente un sentimiento antinorteamericano», dice Bert Ruiz, «ex presidente y actual director a cargo de la Asociación Americano-Colombiana» (citado en Narco News Bulletin).


The Economist, en su última edición, pone de relieve la perversidad del «sistema electoral en el que cada partido corre con múltiples listas de candidatos…. (una especie de «régimen de lemas», PO) permitiendo que con unos pocos miles de votos, candidatos a legisladores puedan comprar su acceso al Congreso» (14/3).


Sobre todo, lo que parece ser es que un giro «guerrerista» no responde a un giro de la situación política colombiana a favor del Ejército y los paramilitares, ni tampoco a un cambio de la postura tradicional de las Farc de buscar un acuerdo estratégico con el gobierno de turno.


La «declaración de guerra», dice The Economist, «tiene más un carácter simbólico, que un significado militar» (2/3). A casi un mes de lanzada, no ha habido aún grandes combates y las Farc siguen en posesión física de las principales regiones campesinas del país. Un corresponsal de Brecha observa que «la guerra estaba en pleno auge bajo el esquema de negociar … la ruptura en las conversaciones no agregará muchos ingredientes nuevos» (8/3).


Más bien pareciera ser que el Ejército y los paramilitares quieren establecer un régimen con mayor autoridad y capacidad que el de Pastrana para tomar el control de las ciudades y centros urbanos, donde el movimiento guerrillero habría alcanzado un gran desenvolvimiento. «La información más preocupante, según diferentes fuentes *dice el ya citado Bert Ruiz* es el fortalecimiento de las Farc en las grandes ciudades de Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga. Una estadística que shockea de la realidad colombiana es que el 56,3% de la nación, 21,6 millones de ciudadanos, viven en la extrema pobreza … Además, como sucede hoy, Bogotá está inundada de campesinos desplazados procurando escapar de la guerra en el campo *esto ha hecho crecer la población de quienes residen en la capital por encima de los 8 millones…». Entre «los 4 millones de pobres que se concentran en los barrios bajos de Bogotá, como Bolívar, Kennedy y Soacha», el vocero del gran capital «está convencido que las Farc tienen una milicia de alrededor de 10 mil personas», con miles de armas escondidas (ídem ant.).


Las Farc respondieron a la ruptura de Pastrana defendiendo una vez más la línea del proceso de paz, reclamando su reapertura cualquiera sea el ganador de los comicios de mayo, aun en caso de una victoria del derechista Uribe. La amenaza de boicot a los comicios posteriores a la ruptura no dio lugar a acciones de envergadura contra ellas.


La conclusión provisional de todo este análisis indica que el «proceso de paz» fue interrumpido para salvarlo de su fracaso y especialmente para impedir el vacío de poder que amenazaba en los últimos meses al gobierno de Pastrana. Los yanquis, mientras tanto, encubren su intervención directa con una «privatización» creciente de la guerra, o sea, con mercenarios y el apoyo de la industria bélica yanqui al Ejército colombiano y a los paramilitares, sin pasar por el Pentágono (esto ya ocurrió en la guerra de los Balcanes).

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