28/08/2020

“Construir partidos obreros revolucionarios y el partido mundial de la revolución socialista”

Intervención de Rafael Santos en la charla-debate "Actualidad y vigencia del legado de León Trotsky"

A continuación, compartimos las dos intervenciones de Rafael Santos en la charla-debate «Actualidad y vigencia del legado de León Trotsky», realizada el viernes 21, en la que también participaron Christian Castillo (dirigente del PTS), Mercedes Petit (dirigente de Izquierda Socialista) y Alejandro Bodart (dirigente del MST).

Buenas noches, compañeros, Alejandro, Mercedes, Cristian, todos los compañeros del FIT que están presentes y a todos los compañeros que nos están escuchando. Durante estas semanas hemos leído y escuchado muchos valiosos trabajos sobre la vida y obra revolucionaria de León Trotsky en Prensa Obrera, que invito a que los miren, y en diversas publicaciones de la izquierda e incluso internacionales.

Hoy, me gustaría reivindicar un aspecto de Trotsky, que fue la lucha por construir partidos obreros revolucionarios y el partido mundial de la revolución socialista, la IV Internacional. La traición del stalinismo, que combatió la constitución de un frente único de la clase obrera alemana para frenar el ascenso de Hitler al poder en 1933 y el posterior acompañamiento de la III Internacional ‘stalinizada’ a la tesis ultraizquierdista de que después del ascenso nazi, venía la hora de la toma del poder por el PC, llevó a Trotsky a plantear que la III Internacional había sido anulada, que era necesario trabajar aceleradamente por la construcción de una nueva Internacional. Mucho se ha hablado que Trotsky consideró que su trabajo en este período era necesario para mantener la continuidad revolucionaria del bolchevismo. Pero muchos lo han entendido como una tarea enciclopedista, defender la vigencia de las ideas de Lenin. Para Trotsky, la continuidad era poner en pie un partido revolucionario, un partido internacional, la IV Internacional. En una primera fase, él caracterizó que el ascenso del nazismo iba a producir una reacción defensiva revolucionaria en sectores de la clase obrera mundial, porque solo el triunfo de la revolución socialista podría impedir la catástrofe de la marcha a una nueva guerra. Trotsky quería este reagrupamiento, en la Internacional, para poder intervenir en los procesos revolucionarios que se iban a manifestar, rápidamente, con el estallido revolucionario en Francia, primero, y en España, después. Caracterizando una radicalización sugirió tácticas, como el entrismo en las alas izquierda de los partidos socialdemócratas, para armar fuertes corrientes revolucionarias. En algunos casos, como el del Socialist Workers Party (SWP) norteamericano, tuvo ciertos logros que fortalecieron al trotskismo. Pero se trataba de ‘tácticas’, no una estrategia: con el SWP, el entrismo duró apenas un año o un año y pico.

Derrotadas las revoluciones a las que hice mención, la marcha hacia la guerra era imparable, y Trotsky trabajó con energía para fundar la IV, caracterizando la inevitabilidad de la guerra, pronosticó que iba a exacerbar la crisis y plantear la apertura de profundas situaciones revolucionarias. Y para constituir la IV, Trotsky presentó el “Programa de Transición”, porque partido y programa están unidos. El partido es el programa. No podía haber una Internacional que no estuviera asentada sobre un programa para enfrentar la catástrofe capitalista.

El trotskismo, tras la muerte de Trotsky

Fundada la IV Internacional, Stalin se abocó con toda la fuerza contra Trotsky, terminando de asesinarlo, en 1940, en la primera fase de la guerra mundial. Pero el pronóstico de Trotsky fue correcto: la guerra dio lugar a una ola de procesos revolucionarios, que fueron contenidos y muchos de ellos ahogados en sangre por la reacción conjunta del stalismo y del imperialismo. El triunfo de la revolución en China, en Yugoslavia, en Cuba, evidenció la fuerza estratégica del programa, la caracterización y el plan de acción de Trotsky. No se trata solo de una lucha de ideas, evidentemente. Las ideas sirven para armar políticas de intervención. Y en la IV Internacional se planteó el accidente del surgimiento de una tendencia revisionista, que finalmente se transformaría en liquidacionista. Se trata del pablismo, que tuvo una política capituladora y de disolución frente a la burocracia stalinista, caracterizando que esta iba a ser el agente indirecto de la revolución, obligada por la presión objetiva del estallido inminente de una nueva guerra mundial.

El abandono del “Programa de Transición” se verificó más tarde en la disolución de las organizaciones que se reclamaban del trotskismo en Latinoamérica frente al foquismo. Una generación entera de militantes latinoamericanos fue llevada heroicamente al suicidio político y físico.

Después, apoyó la política restauracionista del Glasnot y la Perestroika de la burocracia rusa, que llevó a los continuadores pablistas a abandonar el combate por la dictadura del proletariado, por la política de acompañamiento a las políticas de ‘profundización de la democracia’. Finalmente, podemos decir que llegamos a la disolución abierta de sus partidos y la renuncia de todo vestigio del programa revolucionario. El caso emblemático fue la disolución de la Liga Comunista Revolucionaria, en Francia, y el abandono de la consigna de la dictadura del proletariado para crear el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA). En su Congreso fundacional rechazó llamarse “revolucionario”, para presentarse como “nuevo”. Esta política de lo ‘nuevo’ frente a lo ‘viejo’ tuvo también su repercusión en Argentina.

El debate sobre los partidos amplios

De esto viene la ‘nueva’ idea de los ‘partidos amplios’, que son partidos que han renunciado a la lucha por el poder para adaptarse a la democracia burguesa. Son partidos que se han constituido sobre bases electoralistas, con el objetivo central de conquistar bancas parlamentarias. La participación de los revolucionarios en las elecciones y parlamentos burgueses tiene como propósito utilizar a estos como tribuna revolucionaria, ayudar a través de la propia experiencia de las masas a agotar sus ‘ilusiones’ de que es posible transformar al capitalismo a través del Parlamento. Hacer que éstas avancen con su conciencia socialista y se construyan partidos obreros revolucionarios, que tengan como estrategia la lucha revolucionaria por el poder. Este planteamiento revolucionario elemental fue desarrollado desde el Manifiesto Comunista en adelante, pero ha sido reemplazado por el de ‘profundizar la democracia’, por una ‘democracia obrera’ y similares, contrarias al programa revolucionario de la toma del poder y la necesidad de una dictadura proletaria.

Para estructurar el FIT en la Argentina -que reivindicaba la “vieja” concepción programática del gobierno de los trabajadores y la independencia de clase- tuvimos que enfrentar la propuesta de que la izquierda se integrara -en nombre de “lo nuevo”- a la centroizquierda. Pero aquí estamos, fortalecidos.

No se trata de dividir al movimiento trotskista entre ‘escépticos’ y ‘optimistas’. No se trata de escepticismo, sino de oportunismo. Escéptico pudo haber sido ese gran revolucionario ruso, Víctor Serge, cuando dijo en 1939, que era la “medianoche del siglo” tras haber sufrido el avance fascista y la contrarrevolución stalinista. Lo que tenemos por delante de estas corrientes es una política oportunista frente al Estado. El responsable de esto tiene un nombre y apellido genérico, es el todavía llamado Secretariado Unificado (SU) de la IV Internacional, que abandonó el programa de la IV, aunque comete el tremendo crimen de seguir llamándose “IV Internacional”, confundiendo a generaciones enteras que piensan que son el legado revolucionario de la IV que fundó Trotsky.

El NPA hizo un terrible desastre. En doce años destruyó una generación entera de militantes. Pasó de 10 mil militantes a escasos 2 mil en la actualidad. Y, ahora, su dirección ha anunciado su disolución lisa y llana. El NPA no ha sido una organización militante revolucionaria, no actúa unitariamente en la lucha de clases. Es un conglomerado de tendencias, cada una de las cuales es un ‘partido’ y hacen lo que les parece conveniente. Son solo un aparato para intervenir en procesos electorales. Contradictoriamente, la disolución de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) se dio cuando la izquierda francesa venía de haber obtenido el 10% de los votos. Esto, en lugar de darle fuerza para acrecentar su trabajo revolucionario sobre las masas, lo llevó a imaginar que borrando sus formulaciones revolucionarias tendría más desarrollo electoral. Fue todo lo contrario.

Partidos amplios y electoralismo están unidos. El NPA no es un rayo en cielo sereno. En el Psol de Brasil tenemos una situación similar. Gran parte de la izquierda, incluso la totalidad de quienes hoy nos acompañan, están dentro del Psol. Un partido que no interviene en forma unitaria en la lucha de clases, que a duras penas establece un compromiso en el terreno electoral cada dos años y que, por supuesto, en su programa no plantea la lucha por la revolución socialista y la dictadura del proletariado.

Se ha dicho y se ha planteado, con seriedad, que un objetivo en esta etapa es la necesidad de “unir a los revolucionarios”. Nadie puede estar en desacuerdo con esta formulación. Pero ¿unir a los revolucionarios dentro del NPA, del Psol o del Frente Amplio de Perú? La unidad debe darse sobre la base de la lucha contra los frentes de colaboración de clases. El imperialismo ha tomado nota del peso de manipulación que tienen los procesos electorales para domesticar a la izquierda y, en algunos casos, contener el desarrollo de situaciones revolucionarias.

La refundación de la IV Internacional

También se ha planteado la imposibilidad de reconstruir la IV Internacional si no contamos con un programa completo. Pero esto va en contra de la experiencia internacionalista del proletariado. Lenin llamó a construir la III Internacional sobre la base de dos puntos: la lucha por transformar la guerra imperialista en guerra de clases y la lucha por la dictadura del proletariado. No se dedicó a elaborar un programa ‘completo’ para dar vida a la III Internacional. Quería un partido mundial de acción, no de propaganda, para impulsar y llevar a la victoria las situaciones revolucionarias. No pretendía un partido monolítico en torno de un programa donde todo el mundo estuviera de acuerdo, sino construir partidos revolucionarios, bajo el principio del centralismo democrático. Tampoco se dedicó a exportar militantes rusos para formar partidos a su imagen y semejanza en todo el mundo, sino la integración de los revolucionarios, con sus formas y tradiciones bajo los principios de la lucha por la dictadura del proletariado y la unidad en la lucha que plantea el centralismo democrático.

Es lo que nosotros hemos intentado en la experiencia fallida de la formación de la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional (CRCI): partidos militantes sobre la base programática de los problemas centrales de esta etapa de crisis histórica del capital y creación de fuertes tendencias a la guerra, la revolución y la contrarrevolución. La constitución de la CRCI se hizo sobre la base de la comprensión común del momento político. Caracterizamos que el proceso de restauración capitalista en los ex Estados obreros no era el “fin de la historia” y el cierre del ciclo de la Revolución Rusa de 1917, sino que iba a llevar la crisis capitalista a niveles catastróficos sin parangón. Y, por ello, la tarea central de los revolucionarios era refundar la IV para intervenir en ese proceso y hacerlo sobre la base de puntos centrales de un programa: el repudio al Secretariado Unificado, su política liquidacionista de partidos y la lucha por una Internacional y partidos militantes, centralistas democráticos; la lucha por la dictadura del proletariado y el repudio a los frentes populares o de conciliación de clases; el planteo que en los Estados donde se está desarrollando la restauración capitalista estaba en el orden del día una revolución política y social; la necesidad de superar la sola propaganda catastrofista por el desarrollo de una política de intervención en la lucha de clases con el método de las consignas de transición.

No podremos constituir una Internacional delimitando la historia de cada organización o poniéndonos de acuerdo en todas las caracterizaciones. Eso lo resolverá vivamente el desarrollo de la propia Internacional. Partido de tendencias, no. Internacional basada en principios revolucionarios y el centralismo democrático: esa es nuestra propuesta.

La Conferencia Latinoamericana

La reciente Conferencia Latinoamericana no tenía el ultimátum de formar un partido o una Internacional revolucionaria. Es un paso de frente único para impulsar la constitución de un polo clasista, que reagrupe fuerzas e intervenir en la nueva ronda de levantamientos populares, que ya se ha reiniciado en Chile y en la huelga general de Bolivia. Marx planteó en el Manifiesto del Partido Comunista, que los comunistas no se apartaban del resto de los partidos y organizaciones proletarias, sino que pretendían impulsar en forma consecuente su lucha común contra el capital.

La Conferencia Latinoamericana no debe ser un ‘acto internacionalista’ aislado o un mero foro de debates programáticos. Su realización ha generado un gran entusiasmo en la vanguardia revolucionaria de América Latina y se ha visualizado como un reagrupamiento de lucha revolucionaria. Por eso llamamos a no despreciarla y a llevar adelantes las resoluciones políticas y organizativas que esta ha votado. Tenemos un programa de 10 puntos, que plantea todo un campo de trabajo para la estrategia de la revolución proletaria. Y sobre esa base pensamos que tenemos que organizar en común la jornada de movilización latinoamericana fines de agosto frente a las embajadas yanquis, la jornada de actos y movilizaciones del 28 de septiembre por el derecho al aborto, la separación de la Iglesia del Estado y otras resoluciones que fueron votadas.

Tenemos que profundizar este camino: preparar las condiciones para convocar a su continuidad, a la realización de una II Conferencia Latinoamericana, esta vez en forma masiva, presencial, en el primer trimestre de 2021. Esta primera Conferencia la convocamos al final de la primera ronda de sublevaciones y con el inicio del coronavirus. La segunda profundizará y agrupará a nuevos sectores militantes de la izquierda. Es la alternativa, debemos construir alternativas, al Grupo de Lima, dirigido por Trump y Bolsonaro, y al Encuentro centroizquierdista de Puebla, incapaz de enfrentar los ataques imperialistas, dirigido por Alberto Fernández y López Obrador, que se hincan frente al capital financiero.

Contraponer una unidad partidaria al frente unido es una política ultimatista, que solo sirve para quebrar el frente unido que se está impulsado sobre la base de planteamientos de independencia clasista y lucha revolucionaria, por gobiernos obreros y campesinos y la unidad socialista de América Latina.

¡Viva la Conferencia Latinoamericana de la Izquierda! ¡Vamos por la refundación de la IV Internacional!

Gracias, compañeros.

 

«Trabajemos por una nueva Conferencia Latinoamericana»

Intervención de cierre

Se han tocado algunos problemas que quisiera responder, evidentemente no se puede responder todo porque son múltiples problemas, pero esto mismo nos va a llevar a una reflexión al final.

Por un lado, la acusación de que nosotros somos nacional-trotskistas es una pavada, somos los únicos que no somos nacional-trotskistas, porque somos los únicos que no hemos tratado de crear una internacional partiendo de extender la organización argentina a otros lugares del mundo. Se ve en las tres organizaciones en las cuales participamos: el Comité de Organización por la Reconstrucción de la IV Internacional (Corci), fue un acuerdo con una organización francesa, es decir teníamos una organización francesa sobre la base de un programa de lucha contra el plabismo, en un momento en que las demás corrientes se unían al SU; después, formamos la Tendencia Trotskista Latinoamericana con el POR de Lora, no enviamos gente a Bolivia a formar un partidito y tratar de extenderlo; y, finalmente, la organización de la CRCI fue hecha con partidos existentes, de Grecia, Turquía y Brasil, son acuerdos políticos que se establecen sobre una base programática y que después hay que sacar los balances concretos, por qué se hunden, por qué se quiebran. Y porque si es, por lo que dicen algunos compañeros, las internacionales ya son tantas que ni se acuerdan los nombres; por lo menos en el caso del MST, que no se debe acordar los nombres de la cantidad de organizaciones en que ha debido pasar y transcurrir.

Entonces, en primer lugar, ese problema. Nosotros no tenemos una concepción nacional-trotskista, somos internacionalistas, somos los que luchamos por la refundación de la IV Internacional y les hemos hecho propuestas a los compañeros que están en esta reunión. Después, nosotros no discutimos con el “diario del lunes”, la lucha fue en aquel momento, la lucha porque se incorporen al Frente de Izquierda y no al frente con Pino Solanas, Luis Juez y todo lo demás, no es una cosa posterior que nosotros dijimos. Nosotros, en tiempo real, formamos un frente de izquierda de independencia de clase y discutimos el carácter que tenía. No se trata de un triunfalismo. Ahí está el líder nato, que se caracterizaba que era Pino Solanas, que después fue miembro del partido del frente macrista y ahora es, incluso, embajador cultural, cooptado directamente por el kirchnerismo por el gobierno de Alberto Fernández.

¿Táctica o estrategia?

En segundo lugar, el problema de los partidos amplios no es una táctica, tal como ha sido encarado por algunas organizaciones: se ha convertido en una estrategia. ¿Cómo se sabe que 16 años dentro del Psol es una táctica? ¿Once o doce años dentro del NPA es una táctica? ¿Y cuánto lleva una vida? ¿Cuánto más seguirán, digamos, en el Psol, si supuestamente es una táctica, y así en cada lugar? Por lo que yo escucho del compañero Bodart, que habla de tantas tácticas que está realizando al mismo tiempo en todos los lugares, digo, entonces, no es una táctica, es una orientación y, aparte, está abonando una dificultad para el propio Frente de Izquierda, que nadie se engaña. Vinieron a él obligados por el empuje que tenía, por considerar que, en este momento, el Frente de Izquierda es el que aglutina a la vanguardia obrera y revolucionaria de la Argentina. Pero, apenas surja una tentación, dentro de las filas del kirchnerismo o de un ala izquierda, es muy probable que nosotros tengamos una ruptura. No queremos marchar a un frente amplio con nuevos Pino Solanas, eso resultaría un desastre.

Nosotros somos sumamente conscientes, mientras se aporte al movimiento revolucionario a un acuerdo político de común acuerdo, perfecto. Ahora, ¿estar dentro del Psol hasta que este se hunda? Y no se trata solo de éxitos organizativos. ¿Y si hubieran sacado diputados? ¿Esa es la justificación? Sacamos diputados, tenemos escaños, ¿esa es la justificación para estar, como en Venezuela, como en algún otro lugar? Yo no creo. Trotsky, cuando criticó al POUM, lo hizo justamente porque el PUOM se incorporó al frente popular, porque tuvo una posición de capitulación frente al frente popular. Y eso que Andrés Nin era un revolucionario que dio incluso su vida, asesinado por el stalinismo. En segundo lugar, ¿el MRT dice que no es parte del Psol? En primer lugar, el MRT pidió la incorporación al Psol, y el Psol dijo que no. Esto está escrito en los periódicos del MRT, nosotros no tenemos agencia de investigaciones. Y acabamos de escuchar que dicen que no son parte del frente amplio, pero pidieron candidaturas para el frente amplio, como ahora están pidiendo candidaturas del Psol, y al Psol van a ir a una lista común en San Pablo, llevando como candidatos a intendentes, a jefes de gobierno, a gente como Erundina, que es reconocida por ser un elemento derechista, reaccionario e incluso represor de las huelgas obreras, cuando ella jugó un papel gubernamental hace años atrás en el mismo distrito de San Pablo.

Entonces, nosotros tenemos que actuar con honestidad. Se dice “no, no somos parte del Psol”, “no, no somos parte del frente amplio”, pero en realidad estamos simplemente ante una diferencia de grado entre el MST y las otras corrientes que se reclaman morenistas. Y con respecto al NPA también, porque no es solamente que están adentro, han acompañado las políticas, por ejemplo, en la reciente elección de municipales, el PTS de Francia se incorporó a la lista que hizo frente común, un frente único electoral con Francia Insumisa, que es una corriente de tipo nacionalista, que en sus actos tiene levantada la bandera de Francia. Y el nacionalismo en Francia no es anti-imperialista, es imperialista, va en contra de los pueblos, no solamente de los trabajadores, en definitiva del mundo. Hizo un frente con ellos, cuando incluso el congreso del NPA de todas las regiones había votado que no se formaba frente con Francia Insumisa, y después tuvieron que hacer una maniobra, romper con eso y hacer un congreso raro, medio fraudulento, de Burdeos, que dice “sí, lo vamos a formar” y ellos se incorporaron como parte del NPA en eso. Cosa que, tengo entendido, los compañeros de L’Etincelle no lo hicieron, repudiaron ese tipo de posición.

Entonces, tenemos que discutir sobre una base de honestidad este tipo de problemas. No estamos frente a una táctica sino frente a una estrategia, que consiste o en el abandono o en la vacilación de crear partidos revolucionarios, y el otro punto central es proclamar la lucha por la dictadura del proletariado.

Bancarrota capitalista

El otro punto que quería tocar es el problema de la bancarrota capitalista vs. el desarrollo parcial de fuerzas productivas. Siempre el capitalismo revoluciona elementos técnicos, pero la crisis capitalista actual ¿no es catastrófica? ¿No estamos hablando de destrucción económica, social, militar, física? ¿No estamos hablando de que el mundo ha entrado en una barbarie? Con esta crisis, no se puede decir que estamos en una situación de crisis orgánica, de que no se trata de una catástrofe… Nosotros tenemos que preparar direcciones revolucionarias para ir a enfrentar situaciones de guerra, la posibilidad de guerras mundiales, la posibilidad de revoluciones, la posibilidad de contrarrevoluciones, que son agudizadas justamente por el problema de la crisis capitalista.

El frente único

Por último, quería tocar dos puntitos muy chiquititos. Uno, nosotros pensamos que todos estos debates que hay acá son justamente la evidencia de que es muy difícil organizar la Internacional, discutiendo todos los problemas de la historia de cada uno de los partidos, y haciéndose críticas y autocríticas, y análisis de todos los problemas, de algunos que tienen razón y otros que no tienen razón o lo que fuera. Por eso hemos hecho un planteamiento. No consiste solamente en los cuatro puntos que planteamos para la CRCI. El PO presentó en la CRCI, en su momento, un programa, una propuesta de programa y nunca fue discutido por las otras corrientes, nunca replicaron y no abrieron un debate. Y estamos de acuerdo en organizar un debate. Nosotros pensamos que en la actual situación hay que pasar a la construcción de una Internacional sobre la base de un debate programático sobre los problemas que plantea este momento y cuál es el programa que nosotros tenemos que levantar. No un programa mínimo, sino un programa necesario para ir adelante.

Y, por último, compañeros, lo que me parece importante es el problema de que no podemos tampoco hacer maniobras raras, diciendo “nosotros queremos la Internacional, queremos un partido único”; y no nos podemos poner de acuerdo en llevar adelante el frente único, que consiste justamente en que somos partidos diferentes, se pueden poner de acuerdo en tener partidos de tendencia en cada país, pero ¿no nos podemos poner de acuerdo en tener un frente único a nivel continental? Hemos planteado una iniciativa elemental, por eso hicimos la primera Conferencia, y nosotros somos partidarios de convocar ahora a la segunda Conferencia, con más fuerza, con más organización, porque estamos entrando en una nueva etapa de levantamientos, como muestra la huelga general boliviana.

Entonces, no hagamos juego: la Internacional, sí; frente único para hacer una Conferencia Latinoamericana, con puntos de vista encontrados pero con acuerdos que permitan reagrupar, que permita impulsar, porque ustedes ven que es así, se han acercado nuevas organizaciones, muchas más se han interesado al ver el éxito de la primera Conferencia Latinoamericana.

Nosotros somos luchadores a muerte del frente único, no solamente formamos parte del FIT sino que hemos impulsado el Plenario Sindical Combativo, el Bloque Piquetero, la Fuba piquetera en su momento, la Conferencia Latinoamericana -en este caso- y los llamamos a que, en este caso, también repasemos los problemas y trabajemos juntos por convocar a la Conferencia Latinoamericana, que va a permitir un desarrollo más amplio. En ese campo, el debate político siempre es útil, ya se está desarrollando, porque nosotros hemos sacado artículos en el periódico y alguna otra corriente, puede ser a través del periódico o a través del boletín interno, pero para que no sea simplemente una cháchara, tiene que estar unido a una actividad común y esta actividad común que proponemos es dinamizar, desde nuestro punto de vista, la Conferencia Latinoamericana, su segunda sesión, y todas las resoluciones que ha adoptado.

Gracias.

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