28/03/2020

Coronavirus: Sudáfrica, a la cabeza del continente

Medio millón de infectados de coronavirus en todo el planeta. Entre ellos, hay tres mil en África (en 43 países sobre 54 existentes en el continente), 709 de los cuales corresponden a Sudáfrica, que encabeza el ranking, aunque aun sin fallecidos, lo cual sí ha ocurrido en otros países, en especial en Egipto. Con todo, el cuadro en que se desenvuelve la pandemia halla a este país en condiciones de desplome económico y sanitario, lo cual bajo estas circunstancias nos permite plantear un oscuro pronóstico. La crisis mundial capitalista, la guerra comercial entre Estados Unidos y China por un lado y entre aquél y la Unión Europea por el otro ha venido a agravar durante 2019 la caída de los valores en la bolsa sudafricana de las acciones de Steinhoff e International holdings, un reflejo de la disminución de la actividad de la industria de la construcción, pero también en las del cuero, calzado y textil, las cuales han retrocedido un 40%, agregándose el retroceso de la actividad minera, del transporte y de la agricultura. Esto ha sido agravado por la pandemia, en medio de la cual se ha producido el cierre de la fábrica automotriz alemana BMW. Durante los últimos dos trimestres continuados ha caído el PBI, lo cual implica la existencia de recesión. La pandemia ha casi triplicado el riesgo país (de 220 a 619).


La banca, dominada por Barclays (inglesa), y la gran industria, controlada por grandes empresas imperialistas como la Anglo American,, BHP Milliton, Hoescht, Bayer, Henkel, Du Pont, CIBA, Unilever, Shell, revelan la naturaleza semicolonial de la nación sudafricana y el saqueo del que es objeto a partir de la fuga de capitales por cientos de miles de millones de dólares. La deuda externa sudafricana asciende a 173.286 millones de dólares (un 60% del PBI), con reservas en dólares en su banco central de 5.722 millones de la misma moneda, lo cual coloca a Sudáfrica en situación de cesación de pagos.


En este cuadro catastrófico, los datos son ilustrativos de la situación de gravedad en que se desarrolla la pandemia en este país: 29% de desocupados, el 60% de la población ocupada activa lo hace en negro (trabajo informal), el 1% de la población (el sector más concentrado de la burguesía) tiene el 70% de la riqueza, y el 60% (desocupados, trabajadores informales y formales), apenas el 7%. Muchos de ellos han sido víctimas del HIV (millones) porque la nación sudafricana ostenta también el primer lugar mundial en la materia, lo cual es un imán para el coronavirus, del mismo modo que la desnutrición. Los diversos gobiernos liderados por el Congreso Nacional Africano (fundado por Mandela) han sido la expresión de los intereses comunes de la vieja burguesía blanca y la nueva burguesía negra (a la que pertenece el actual presidente Cyril Ramaphosa), que no liquidaron las viejas relaciones sociales. Finalmente, la abolición del apartheid en 1992 fue el fruto de presiones del imperialismo norteamericano y europeo que terminaron en un acuerdo con la finalidad de impedir que una revolución de la mayoría explotada negra expropiara al gran capital imperialista y sudafricano. El gobierno del CNA viene llevando a cabo un ajuste contra las masas: ha aumentado el IVA (y con eso los precios) y ha devaluado el rand (moneda sudafricana), disminuyendo el salario relativo. La actual situación, signada por el cuadro de recesión, hundimiento económico y miseria social, encuentra a los oprimidos sudafricanos indefensos: el 60% de la salud está en manos privadas, hay falta de camas hospitalarias y de médicos (2,8 camas por cada mil habitantes y un médico cada mil sudafricanos, frente a la necesidad de 7 camas cada mil personas y 3 médicos para la misma cantidad de habitantes).


Enfrentar esta catástrofe supone la necesidad de un programa para los oprimidos sudafricanos, lo cual implica desconocer la deuda externa, nacionalizar la banca y colocarla bajo control de los trabajadores, expropiar a las empresas que cierran (caso BMW) bajo gestión obrera, seguro a los desocupados equivalentes a la canasta familiar en rands, anular el IVA, aumentar los salarios al nivel de la canasta familiar, y establecer un plan de obras públicas con eje en la resolución inmediata del problema sanitario, a saber construcción de emergencia de hospitales, con insumos y camas suficientes, y la nacionalización del sistema de salud bajo gestión de sus trabajadores. Eso implica la ruptura de la clase obrera con el partido del Congreso Nacional Africano y la construcción de un partido obrero cuya estrategia sea la de un gobierno de trabajadores en el marco de la unidad socialista de África.



 

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