07/09/2020

Costa de Marfil se sumerge en una nueva crisis política

Protestas y represión en medio del proceso electoral

El anuncio del presidente marfileño, Alassane Ouattara, de que buscará su tercer mandato consecutivo en los próximos comicios de octubre, desató a mediados de agosto protestas de repudio que fueron brutalmente reprimidas, dejando un saldo de seis muertos.

Su nominación aparece cuestionada porque esto violaría la Constitución, específicamente el artículo que determina la posibilidad de una sola reelección. En principio, el candidato de la Alianza de los Republicanos (RDR, por sus siglas en francés, oficialismo) iba a ser Gon Coulibaly, primer ministro que falleció repentinamente en julio. Cuando todos especularon que Daniel Kablan Duncan, el vicepresidente, tomaría la posta, renunció “por causas personales” y se borró de la vida política. Así las cosas, Ouattara intentó justificar su relanzamiento electoral «ante un caso de fuerza mayor» (El País, 29/8).

Este anuncio desestabilizó la situación política. El malestar social se expresó en las calles y el gobierno respondió con las fuerzas represivas y grupos parapoliciales, los llamados “microbios”, bandas delictivas integradas por menores. Dos referentes políticos fueron secuestrados por una banda de encapuchados que los trasladaron hasta una comisaría, donde los detuvieron “por poner en peligro la seguridad del Estado y alterar el orden público” (Afrik, 28/8).

Por decreto, las movilizaciones se han prohibido ahora hasta el 15 de septiembre y no paran de emitirse órdenes judiciales contra los convocantes. Además, se intenta avanzar hacia una proscripción masiva de los candidatos. Es indisimulable: Ouattara maniobra para apoltronarse en el poder.

Este escenario, para algunos observadores, amenaza con recrear las condiciones de una guerra civil como la que ocurrió en 2010. En ese entonces, en un confuso recuento de votos, el presidente Laurent Gbabgo no reconoció su derrota y fue corrido del cargo por Ouattara y fuerzas militares, que coparon el norte y fueron avanzando hacia el sur. Hubo miles de muertos durante el conflicto. “Todos los marfileños temen hoy que la historia se repita” (ídem, 8/8).

Persecución a los opositores

En los próximos quince días, la Comisión Electoral Independiente (CEI) deberá validar más de cuarenta solicitudes de candidatura (Frat Mat, 3/9). Con difamaciones, fake news y carpetazos, el periodismo afín prepara un terreno de proscripciones masivas. En particular, se busca eliminar de la carrera electoral a los tres opositores de mayor peso político, que van en listas separadas ante su propia impotencia de concertar una coalición.

El país se encuentra ubicado en el Africa Occidental.

Primero aparece Laurent Gbabgo -del Frente Popular Marfileño (FPI, por sus siglas en francés)-, expresidente, condenado a veinte años de cárcel por delitos de lesa humanidad cometidos en 2010. Le sigue Guillaume Soro -de Generación y Pueblos Solidarios (GPS)-, condenado por malversación de fondos públicos e incitación a la sublevación estatal, quien le soltó la mano a Gbabgo para aliarse a Ouattara en 2011. Por último, aparece Henri Konan Bédié -del Partido Democrático de Costa de Marfil (PDCI)- acusado de corrupción y expresidente de la Asamblea Nacional hasta 1999, cuando fue corrido por el golpe de Estado de Robert Guéï.

El oficialismo se sirve del pesado historial de sus rivales para presionar al CEI y que sean invalidados. Esto podría liberarle el camino electoral a Ouattara, es verdad, pero también podría acicatear más la crisis política y las calles (Infobae, 31/8). No obstante, debemos mencionar que ninguno de los cuatro representaría una mejora para las ya deprimidas condiciones de vida y laborales de las masas.

El imperialismo y sus intereses en la región

El imperialismo tiene sus propios intereses en la región: la producción del cacao. Su dominio comercial es una puja histórica y no es para menos: produce el 40% del cacao mundial (El País, 10/12/18). Para las grandes multinacionales, como Nestlé, Kraft, Ferrero o Cadbury, el negocio es más que redituable: por año obtienen ganancias siderales, mientras que los agricultores cobran, por jornada diaria, el equivalente a una barra de Kit Kat (0,78 dólares). El proceso no solo está marcado por la explotación campesina sino también por la falta de control sobre las deforestaciones de bosques y su impacto en el medio ambiente (el 80% del bosque tropical ha desaparecido, además ha sido diezmada la población de elefantes y han desaparecido los primates de varias áreas protegidas) y el trabajo infantil (dos millones de niños trabajan en su producción en el país y en la vecina Ghana), que da paso a denuncias que logran ser evadidas por las empresas gracias a maniobras judiciales espurias.

Algo similar sucede con el cultivo de arroz. Hace un mes, el gobierno cerró un acuerdo con las patronales, denominado Estrategia Nacional de Desarrollo del Arroz (Sndr). El acuerdo establece un mayor ritmo productivo anual a menores costos laborales durante 2020-30.

El presidente francés Emmanuel Macron recibió hace pocos días a Ouattara. Según voceros del gobierno marfileño, ambos mandatarios se felicitaron por la “excelencia” de la “cooperación” entre ambas naciones. La oposición salió al cruce, interpretando que la reunión no constituía un espaldarazo al gobierno, recordando que Macron había apoyado la decisión inicial de Ouattara de no volver a competir por la presidencia. Sea cual sea la verdad, lo cierto es que tanto gobierno como oposición se disputan el favor del imperialismo francés.

Las masas necesitan abrirse un curso político independiente y de lucha contra el imperialismo en la crisis.

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