27/11/2003 | 827

Crecen las crisis del imperialismo y las rebeliones populares

Los obreros y oprimidos enfrentamos nuevos desafíos

El Comité de Coordinación del Movimiento por la. Refundación de la IV In­ternacional, reunido en Roma, Italia, entre el 23 y 25 de noviembre de 2003, llama a todas las organizaciones revolucionarias y a los luchadores de la clase obrera internacional y las masas populares oprimidas a unirse a no­sotros en una lucha común en el Congreso por la Refundación, de la IV Internacional, que se realizará en Buenos Aires, Argentina, entre el 20 y 22 de abril de 2004.   


Todos los desarrollos en 1% situación mundial en los últimos seis meses después de nues­tra Convocatoria inicial demuestran la objeti­va necesidad de este Congreso para el reagrupamiento de las fuerzas de la vanguardia revolucionaria internacional. El imperialismo nor­teamericano y su coalición de cómplices volun­tarios están absorbidos en el pantano del Irak ocupado y en resistencia. La misma suerte enfrenta la estrategia norteamericana de una “guerra indefinida contra el terrorismo” cuyos objetivos eran, mediante la invasión de Irak, rediseñar el mapa político de Medio Oriente y reorganizar las relaciones internacionales entre estados y clases en el mundo de la posguerra fría, de acuerdo a los intereses capitalistas norteamericanos y las necesidades de la crisis del sistema capitalista.


La continua y creciente resistencia de pueblo iraquí contra las fuerzas de ocupación transforman a Irak de base para la reorganización imperialista de Medio Oriente en un factor mayúsculo de la desorganización y desestabilización en la región e internacionalmente desde Indonesia y las Filipinas a Arabia Saudita y Turquía.


En la Palestina ocupada, la “hoja de ruta” de Bush para terminar con la Intifada e imponer la autoridad imperialista-sionista sobre las masas palestinas, directamente conectada desde el primer momento con la guerra contra Irak, ha fracasado junto con el gobierno colaboracionista de Abu Mazen. El infame Muro de la vergüenza que está contrayendo el régimen del apartheid sionista de Sharon y la enorme crisis económica, con sus efectos devastadores en las condiciones de vida de los propios judíos, son manifestaciones de la putrefacción del proyecto sionista. El llamado “plan de paz de Ginebra” redactado por una fracción de los sionistas laboristas de los dirigentes burgueses palestinos es un intento reaccionario no solo de revivir los acuerdos de Oslo en los términos más desfavorables para las aspiraciones nacionales palestinas sino, por sobre todo, de ayudar a los imperialistas norteamericanos y a sus aliados sionistas en la mortal impasse que enfrentan en Irak y en el conjunto de Medio Oriente.


La desestabilización producida por la guerra alimento la crisis irresuelta en la Rusia postsoviética y en todo el antiguo espacio de la URSS. La ofensiva del régimen de Putin contra un sector de los oligarcas, la caída del centroizquierda en Croacia y el colapso del régimen de Shevardnadze en Georgia ponen de manifiesto nuevas convulsiones en el proceso de la restauración capitalista que se convierten, en su turno, en un factor de la crisis mundial.


La amenaza de un “nuevo Vietnam” para el imperialismo estadounidense profundiza la crisis política dentro de la metrópoli norteamericana y de su acolito, el gobierno de Blair en Gran Bretaña; divide a las clases gobernantes, agudiza el conflicto entre Europa y Estados Unidos  y da ímpetus al movimiento contra la guerra, que sigue en pie después de la histórica movilización mundial del 15 de febrero de 2003, como lo muestra la masiva movilización de 200.000 manifestantes en Londres contra la visita de Bush.


La “guerra indefinida contra el terrorismo” del imperialismo no solo no abrió una salida a la crisis del sistema ni aterrorizo a la vasta mayoría de los oprimidos, sino que hizo más intratable la crisis y acelero internacionalmente la tendencia hacia rebeliones revolucionarias.


Siguiendo una serie incesante de rebeliones en América Latina –el patio trasero del imperialismo norteamericano-, contra el FMI, la superexplotacion de las finanzas globales y la globalización de la miseria, en Ecuador en el 2000, en Perú, en Venezuela contra el golpe orquestado por el imperialismo norteamericano y la oligarquía local, en Bolivia en 2000 y después, sobre todo en Argentina en 2001, los eventos revolucionarios que sacudieron Bolivia en octubre del 2003 representan un salto cualitativo: la necesidad y la posibilidad de la toma del poder por una revolución proletaria apoyada por el campesinado pobre y la pobla­ción indígena se plantearon de la manera más directa,


Pero la revolución boliviana expuso tam­bién de la manera más directa el papel contra­rrevolucionario jugado en las actuales condi­ciones por los gobiernos de (centroizquierda y sus aliados movimientistas de izquierda para asegurar la continuidad del orden constitucio­nal democrático-burgués del capitalismo, Abs­tracciones como, por ejemplo, la democracia burguesa, la “autogestión” y hasta los derechos indígenas, son contrapuestas» al “autoritaris­mo” de la revolución y a la necesidad que que­brar la maquinaria estatal, sobre todo a los cuerpos armados de la clase dominante, por medio de la dictadura del proletariado.


El gobierno do Lula en Brasil, apoyado por el gobierno de Kirchner en Argentina, con Evo Morales -el dirigente del MAS de Bolivia- in­terpusieron la “salida constitucional” que puso a Mesa como presidenta e impidió que los tra­bajadores y campesinos insurrectos tomaran el poder.


Es el mismo gobierno de Lula tan alabado por los gurús “alterglobalistas” del Foro Social Mundial, que encabeza dentro de Brasil el inris pérfido .ataque neoliberal contra los derechos jubílatenos, la educación pública y el Movi­miento de los Sin Tierra, que reclaman una re­forma agraria. En los primeros nueve meses del gobierno do Lula. 44 campesinos fueron asesinados y dirigentes del MST brasileño, cis­mo José Rainha, fueron encarcelados y someti­dos a juicio. En ese gobierno, el cargo del mi­nistro que trata precisamente con la cuestión agraria es ocupado por Miguel Rosseto, uno de los dirigentes de “Democracia Socialista», la sección brasileña cid llamado “Secretariado Unificado de la IV internacional. El Secretariado Unificado, que todavía usurpa el nombre de la Internacional revolu­cionaria fundada por León Trotsky y sus com­pañeros en 1938, no expulsa a los colaboracio­nistas de clase y las encubre, sin oponerse a su presencia en el gobierno neoliberal y fondomonetarista y encontrando “aspectos positivos’ “en las políticas del gobierno de Lula, particu­larmente en su  política exterior y en su acti­tud hacia… el problema agrario.


La política “brasileña” del SU es la conti­nuación de sus “políticas domésticas” en Euro­pa y en particular en Francia, donde su- sec­ción, la Liga ‘Comunista Revolucionarias  en su reciente Congreso, lia cambiado sus Estatutos abandonando incluso formalmente la referen­cia al objetivo estratégico de la dictadura del proletariado…

…en una capitulación ante las clases dominan­te (formulación apoyada por Jorge Altamira y Miehael Savas-Matsas)…en el nombre de una utópica y de facto sin clases “democracia revolucionaría” ‘(formula­ción apoyada por Peter Johnson y Franco Grisolía).(1)


Este cambio es absolutamente consistente con las políticas tanto en Francia, donde en nombre de la defensa de la democracia llama­ron a votar por Chirac en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2000, como internacionalmente


En el último Congreso del SU (así también como en el Congreso de la LCR) se declaró que “el ciclo histórico abierto por la Revolución de Octubre se ha ferrado» y que una nueva inter­nacional emergerá a través de reagrupamientos en el cuadro del movimiento de movimien­tos «no-global” o “alterglobaliador» como su “expresión política», sin estar en continuidad con la tradición histórica en la clase obrero a través de la Primera, la Segunda, la Tercera la IV Internacional, y sin tener la forma de un partido mundial de la revolución socialista. El método y el programa de las reivindicaciones transitorias son rechazados y reemplazado por un programa reformista, por ningún progra­ma o finalmente por la “Carta de Porto Ale­gre” del Foro Social Mundial el “Llamamiento de los movimientos sociales”’


La realidad del “otro mundo posible” plan­teado por las direcciones movimientistas del Foro Social Mundial y del Foro Social Europeo se ha demostrado claramente como ilusoria y de hecho subordinada a la dominación del ca­pital internacional. Esto es verdad también, en particular, para la Mamada izquierda “alterna­tiva» o “anticapitalista” que pulenta al Parti­do de la Refundación Comunista de Italia, di­rigido por Fausto Bertinotti, como el centro de un nuevo reagrupamiento de fuerzas políticas de izquierda, al menos en el escenario europeo.


El rápido giro de Bertinotti en los meses re­cientes hacia la unidad con el centroizquierda liberal italiano la coalición del Olivo, con una perspectiva de un cambio del gobierno, mues­tra que la perspectiva de una ‘Izquierda anti- capitalista europea” planteada tanto por el SU (LCR) como por la IST (Partido Socialista de los Trabajadores de Gran Bretaña no re­presenta más que una cobertura de izquierda a la política de ataques a la clase obrera plan­teada por la totalidad de la socialdemocracia y las variadas centroizquierdas.


La cuestión no es simplemente darles una expresión política a los movimientos sociales ni resolver la “crisis de representación” de la clase obrera con la extrema izquierda ocupan­do el vacío dejado por la bancarrota de las bu­rocracias tradicionales de izquierda, la social-democracia y el stalinísmo. La propia clase obrera internacional bajo el impacto de la pre­sente crisis mundial del capitalismo debe convertirse en una clase para sí misma luchando por su dictadura revolucionaria para abrir el camino a la sociedad sin clases. La lucha por la revolución socialista, por la dictadura del proletariado y la transición al comunismo mundial, y la construcción de la Internacional revolucionaria, son tareas indisolublemente interconectadas de la clase obrera, de su van­guardia y de todos los oprimidos.


Las divergencias históricas con nuestra lucha por refundar la IV Internacional sobre la base de los cuatro principios de nuestra De­claración de Génova de 1997 no pueden ser más agudas:


Enfatizamos la actualidad de la revolu­ción socialista y de la dictadura del proletaria­do.


Denunciamos toda forma de colaboración de clases y de “frente popular».


Enfatizamos la necesidad del programa de reivindicaciones transitorias, basado en el método del programa fundacional ele la IV In­ternacional, que liga las luchas inmediatas con la movilización sistemática do las masas por la revolución socialista.


Enfatizamos que la revolución socialista mundial que abrió su círculo en octubre de 1917 en Rusia no ha terminado; nuestra épo­ca es la época de la declinación imperialista del capitalismo y de la transición hacia el ca­pitalismo mundial; una época ele guerras y re­voluciones, como nos recuerdan Irak y Soli­via, Una Internacional revolucionaria del pro­letariado y los oprimidos es más necesaria ahora que nunca antes; y esta Internacional no puede sino basarse en un programa revolu­cionario y en todas las experiencias de la lu­cha por la emancipación, no en la amnesia histórica o en la falta de programa, que siem­pre facilita la colaboración de clases y condu­ce de manera inexorable a la traición y a la de­rrota. Por estas razones, proponemos a todas las fuerzas de la vanguardia revolucionaria, provenientes tanto de tradiciones trotskistas como no trotskistas, que la nueva Internacio­nal debería ser una IV Internacional refundada.


La velocidad de los acontecimientos hace necesario acelerar nuestra lucha. El Congreso Mundial del próximo mes de abril en Buenos Aires debe estar en el centro de los preparati­vos conscientes de todos los revolucionarios, tanto dentro como fuera del marco del MECI. El programa y los próximos pasos hacia la In­ternacional son las tareas más urgentes en es­te momento histórico en cada país y en cada continente.

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