30/04/2018

Crisis política en Armenia

Perspettiva Operaia (Italia)

El lunes 23 de abril, después de once días de protestas que se fueron haciendo poco a poco cada vez más extensas, renunció el presidente de Armenia, Serzh Sargsyan, acusado de haber hecho una maniobra para prolongar su poder. Después de alcanzar el límite de dos mandatos como presidente, había promovido un referéndum para convertir al país en una república parlamentaria, con el propósito de ser nombrado primer ministro. Su renuncia se produjo después de una breve entrevista, frente a las cámaras, con el jefe del partido de la oposición "Contrato Civil", Nikol Pashinian.


El presidente Sargsyan es considerado filo-ruso, el único en la tumultuosa región del Cáucaso. Su renuncia se produce en un contexto de fuerte crisis económica y con un auge de las movilizaciones populares contra un régimen que con razón se denuncia como corrupto y violento. 


En 2013, Armenia había renunciado a un acuerdo económico con la UE, prefiriendo unirse a la Unión Euroasiática con Rusia, Bielorrusia y Kazajistán, con la obvia disidencia de la oposición liberal. Rusia es el único país que ha apoyado y sigue apoyando a Armenia en el conflicto de "baja intensidad" que lo opone a Azerbaiyán por el control del enclave Nagorno-Karabaj.


Aunque los partidos "liberales" pro occidentales (que, como recordó Sargsyan en los medios, tienen un 8% en el parlamento) se han zambullido en esta movilización, parecería una movilización diferente de la ucraniana que culminó con el golpe de la OTAN y el establecimiento del gobierno de Poroshenko. El lunes, más de 200 mil personas se manifestaron en la capital Ereván, en un país que no llega a los tres millones, con una presencia menor pero significativa de trabajadores y estudiantes. La movilización para exigir la liberación de Pashinian, sin embargo, no superó las 10 mil personas. Las movilizaciones, entre otras cosas, contaron con la adhesión de un sector del ejército, compuesto principalmente por soldados.


El traspaso pacífico del gobierno entre el presidente y el vicepresidente tiene lugar en este contexto de fragmentación del consenso presidencial entre las fuerzas armadas. Se abre una fase de transición política que presenta una sorprendente contradicción entre los intereses de la mayoría de los manifestantes, por un lado, y la dirección política del movimiento, por el otro. 


Occidente, en su estrategia de cerco a Rusia (y China), obviamente intentará fortalecer el carácter pro-UE de la movilización y marginar cualquier intento de independencia del proletariado armenio. Para evitar que la movilización se convierta en un nuevo Euromaidan (el golpe en Ucrania, en 2014), la clase obrera armenia debería desarrollar una posición independiente de las fracciones rusa y pro-europea de la burguesía, o sea de Pashinian como de Sargsyan.


La crisis política armenia debe ser explotada para desarrollar una tendencia proletaria que plantee la revolución socialista. Es la única salida capaz de evitar que se extiendan a Armenia y todo el Cáucaso las guerras imperialistas.


Por la unidad socialista de Armenia y el Cáucaso.

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