16/12/2020

Cuba, el impacto de la unificación monetaria

El presidente cubano Miguel Díaz Canel anunció el jueves 10, escoltado por Raúl Castro, la unificación monetaria en la isla a partir del 1 de enero de 2021. El peso convertible con el dólar (CUC) dejará de circular y en su lugar sólo quedará el otro peso (CUP), en una tasa de cambio de 24 a 1 con la divisa norteamericana.

La medida supone una enorme devaluación de la moneda y tendrá un fuerte impacto en las masas cubanas. El gobierno recurre a esta decisión para tratar de fomentar las exportaciones y captar divisas, que están en caída libre como resultado del derrumbe del turismo (a causa de la pandemia), la cancelación por parte de algunos países del programa de envío de médicos y la merma en la recepción de remesas, a raíz de la agudización de sanciones por parte del gobierno de Donald Trump. En este marco, el CUC ya se venía devaluando, cotizando en el mercado paralelo a 1,5 por dólar.

Una de las consecuencias de la unificación monetaria será un salto inflacionario, que el gobierno da por descontado, y que no podrá compensar el aumento de salarios que se anunció junto a la nueva política cambiaria. La otra cuestión es que se producirá una liquidación masiva de empresas públicas, dado que se pone fin al régimen especial por el cual accedían a dólares para la importación a 1 a 1. Esto puede dejar a miles de cubanos desocupados.

Las medidas del gobierno vienen precedidas de la instauración de tiendas donde se pueden comprar productos en dólares (no en efectivo, sino a través de tarjetas magnéticas), y que están mejor abastecidas que las otras. Todos estos cambios acentúan la diferenciación social en la isla entre quienes tienen acceso a la moneda norteamericana y quienes no.

Hay otras medidas de ajuste en carpeta, como la eliminación de la libreta de racionamiento, que asegura el acceso a productos básicos, y que por ahora no se toca porque sería una decisión sumamente impopular (Sin Permiso, 8/11).

Apertura

El gobierno cubano viene avanzando en un paquete de reformas para seducir la inversión extranjera. En estos días, eliminó el requisito de la participación mayoritaria del Estado en las empresas mixtas (excepto para extracción de recursos naturales y para brindar servicios públicos). Hace ya algunos años, habilitó la zona económica especial del puerto de Mariel para el desarrollo de negocios privados.

Al mismo tiempo, viene de habilitar al sector no estatal a exportar e importar (con la intermediación de empresas públicas especializadas en el tema, que actúan como asesoras), lo que supone una flexibilización del monopolio estatal del comercio exterior. También se modificó el Código de Trabajo, posibilitando el despido sin causa y flexibilizando la jornada de 8 horas hasta 9 horas (aunque hay jornadas de hasta 12 horas en el sector privado).

Actualmente, el 30% de la fuerza laboral cubana se desempeña en el sector cuentapropista. Esta categoría engloba tanto trabajadores por cuenta propia como microempresas. Pero no se descarta que se extiendan las actividades privadas permitidas y la formación de compañías privadas de una mucho mayor cantidad de empleados. En opinión del politólogo Samuel Farber, los gerentes de empresas industriales estatales, que ahora gozan de mayor autonomía, junto a cuadros empresariales de las Fuerzas Armadas (titulares del emporio empresario Gaesa), podrían verse favorecidos por esto último y poner en pie sus propios emprendimientos. Son -dice- “el núcleo de una burguesía capitalista cubana en desarrollo que está emergiendo desde dentro del propio aparato comunista” (ídem, 15/11).

Bloqueo

El bloqueo económico contra Cuba recrudeció bajo la administración de Trump, quien dio marcha atrás con los contactos establecidos por Obama. Uno de los aspectos claves fue la activación del título III de la ley Helms-Burton, de la época de Bill Clinton, que establece sanciones para aquellas empresas que hagan negocios con bienes expropiados a ciudadanos estadounidenses por la Revolución Cubana. Esto ha derivado en juicios contra compañías europeas, que vienen ganando posiciones en la isla a expensas de los yanquis (lo mismo ocurre con Rusia y China).

Pero la agudización del bloqueo ha sido considerada por Joe Biden durante la campaña electoral como “un desastre inefectivo” (ABC Internacional, 2/5). Esto plantea la posibilidad de un cambio de táctica en el imperialismo, que retome una política de alivio de ciertas sanciones a cambio de un rumbo de restauración capitalista más decidido. Que el gobierno cubano adopte la decisión de acelerar las reformas cuando se acerca la asunción de Biden seguramente no es casualidad, y apunte a anudar ese acercamiento.

La creciente libertad que se la va concediendo en Cuba al sector privado no va acompañada de la libertad de organización para la clase obrera. Esta organización es una tarea planteada, lo mismo que el desarrollo de una fuerza revolucionaria y socialista que desplace a la burocracia restauracionista y abra paso a un gobierno de trabajadores. Es necesario, también, el repudio más enérgico al bloqueo norteamericano.

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