Cuba: La crisis mundial, luego de los huracanes

Los huracanes que se abatieron sobre Cuba entre septiembre y octubre han creado una grave crisis alimentaria en la isla.

La venta de productos alimenticios en los llamados mercados agrícolas (donde las cooperativas comercializan sus excedentes de producción a precios libres) cayó en un 80% en los últimos dos meses. Los alimentos desaparecieron de estos mercados - cuyos precios son relativamente altos-  como consecuencia de la masiva destrucción de cosechas provocada por los huracanes (superior al 30%) pero, también, por la retracción de las ventas de las cooperativas ante las medidas de emergencia (precios máximos) tomadas por el gobierno cubano para asegurar un mínimo de subsistencia a la población.

Cuba importa el 80% de los alimentos que consume, mientras el 50% de las tierras cultivables no se utiliza. La razón es que el costo de producción interno es superior al de importar alimentos. Pasados los esfuerzos de los primeros años de la revolución (hasta 1962), Cuba abandonó todo intento de diversificar su producción rural y asegurar su autoabastecimiento alimenticio; los acuerdos comerciales con la ex URSS y los países "socialistas" la congelaron como un país monoproductor de azúcar.

La oferta alimenticia cubana está en baja desde antes de los huracanes. Según el profesor Armando Nova González, al menos desde enero de 2008. La razón es el aumento conjunto de los precios de los combustibles y de los alimentos en el mercado mundial en los primeros meses del año. Combustibles y alimentos agregaron, cada uno, alrededor de 1.000 millones de dólares a la factura externa cubana.

En este cuadro, el reparto de tierras entre las cooperativas que impulsa el gobierno de Raúl Castro para elevar la oferta alimenticia choca con serias dificultades.

La mayor parte de la agricultura es altamente dependiente de los combustibles, fertilizantes, maquinarias y semillas especiales, mayoritariamente importados. Sin esos insumos, la productividad de las nuevas tierras repartidas es bajísima y su aporte al crecimiento de la oferta alimentaria es mínimo. Esto es lo que explica que "la productividad del sector agrícola lleva años deprimida y el aporte (agrícola) al PBI (12,3%) es menor que hace veinte años" (El País, 19/10).

Este retroceso coincide, contradictoriamente, con un "acelerado crecimiento" de la economía cubana en los últimos cuatro años (ídem). Este crecimiento se apoya, casi por entero, en los servicios, por ejemplo el turismo. El sector más dinámico es la comercialización de servicios médicos y técnicos, en particular en Venezuela. Cuba obtiene la mitad de sus recursos petroleros de Venezuela a través de la venta de estos servicios médicos y educativos.

El crecimiento de los servicios parece convertirse en un fin en sí mismo: en pocos años ha triplicado su peso en la economía y ya representa el 76% del PBI cubano. Bajo una nueva forma, reaparece lo que el investigador cubano Juan Triana considera "la antigua deformación estructural que tipificó a nuestra economía (el monocultivo azucarero) y fomentar la dependencia de un solo sector" (ídem).

Frente a estos problemas estructurales, un conjunto de economistas cubanos, como Pavel Vidal (Centro de Estudios de la Economía Cubana) o Armando Nova González (Universidad de La Habana), proponen que "las empresas que integran el sector agropecuario dispongan de la autonomía que necesitan para poder decidir cómo combinar eficientemente los factores productivos, obtención de recursos productivos, disponer y decidir sobre su producto final, beneficios económicos; en fin, materializar el sentimiento de dueño"1. Pero esta "autonomía" de las empresas (incluidas las estatales), no tiene nada que ver con un control o gestión obreras. Su correlato en la fijación de los precios de los alimentos, a través de los mercados agrícolas, formula el problema del salario de los trabajadores. ¿Cómo comprar los alimentos si el salario no representa, efectivamente, el valor de la fuerza de trabajo? La mercantilización de la producción agrícola propugnada por los economistas universitarios de Cuba presenta la necesidad de otra autonomía: la de los obreros para organizarse en forma independiente y luchar por los salarios y por un mínimo igual al costo de la canasta familiar. Solamente con sindicatos independientes podrían los obreros disputar la orientación de las empresas que se propone autonomizar.

1. Armando Nova González: La necesidad de un modelo agrícola eficiente, en Cuba Siglo XXI, La Habana, agosto 2008.