22/05/2014 | 1315

«Cuiden a Maduro»

Venezuela's President Maduro greets Venevision owner Cisneros in Caracas

 

La oposición derechista (MUD) acaba de retirarse de la «mesa de diálogo» propiciada por el Vaticano y Unasur. Alega la continuidad de la represión contra los estudiantes y la no liberación de un preso opositor que tendría una enfermedad terminal. La retirada, sin embargo, se explica mejor a la luz una fuerte crisis política ,tanto en la oposición como en el oficialismo, precisamente porque ninguno ha sido capaz de concretar ninguna de las promesas que han ofrecido. Mientras que prosigue el reflujo de la protesta opositora y el ala extrema de ella se encuentra cada vez más aislada, el derrumbe económico prosigue sin pausa y crece el descontento popular. El gobierno se ha visto obligado a aceptar una mediación internacional, cuya iniciativa partió de la más alta burguesía de Venezuela. Uno de sus miembros, Gustavo Cisneros, dueño de DirecTv, acaba de vender su empresa a la norteamericana ATT por unos 50.000 millones de dólares. De este modo se ha convertido en rehén de un bloque internacional que va desde el Vaticano a la Unasur y que cuenta con el apoyo de Obama.

Una ruptura del ‘diálogo’ afectaría seriamente a la economía, pues Venezuela se vería privada del escaso crédito internacional que tiene disponible, precisamente cuando enfrenta una crisis de deuda externa. La subsecretaria de Estado norteamericano, Roberta Jacobson, declaró rotundamente que Estados Unidos no contemplaba aplicar sanciones al gobierno de Maduro como pide el ala extrema de la oposición. La vocera del Departamento de Estado, Jen Psaki, dijo que «hay que darle una oportunidad al frágil diálogo [entre el gobierno y la oposición] mientras exista una posibilidad» (La Nación, 15/5). En la misma línea se ubica el Vaticano. La Unasur, con todo, advirtió que «la imposición de sanciones podría polarizar aún más el escenario político». En definitiva, la mediación internacional ha estancado aún más la crisis política, pero está obligada a proseguir, esto porque un abandono podría dejar al garete otro proceso vital: las negociaciones en Colombia con las Farc. El uribismo está superando en las encuestas a Juan Manuel Santos, candidato a la reelección.

El ‘diálogo’, sin embargo, ha servido de paraguas político para que Maduro haga él mismo un ajuste, con el apoyo de la patronal de Fedecámaras. La llamada «mesa económica» ha llegado a 56 acuerdos; éste es el dato que siguen el Vaticano, Unasur y Obama. Hubo alzas autorizadas de precios en comercios privados y estatales de hasta más del 100%; «alimentos no prioritarios» (sic) como arroz, azúcar y frutas han dejado de importarse al tipo de cambio oficial, lo que implica un encarecimiento del 60%. El transporte público aumentó un 40%. Estas y otras denuncias contundentes sobre la Mesa de Paz Económica pueden consultarse en el documentado artículo del chavista Heiber Barreto Sánchez, en Aporrea (12/5). El aumento del salario mínimo de 30%, que anunció Maduro el día de los trabajadores, fue saludado como «moderado y responsable» por el presidente de Fedecámaras. Están en carpeta ahora el tarifazo eléctrico y en la gasolina. La prensa chavista ha iniciado una campaña mediática para prepararlo políticamente.

La enorme devaluación del bolívar, en abril, no ha logrado saciar la demanda de dólares. Se busca que la tasa de cambio oficial converja la del mercado paralelo, a unos 70 bolívares por dólar para fines de 2014″ (Rebelión, 5/5). Oficialistas y opositores parecen haber olvidado la experiencia del Caracazo.

El chavismo se enfrenta a una potencial rebelión en sus filas. Alrededor de 30 consejos comunales promueven la derogación del aumento en el transporte. El Tribunal Superior de Justicia ha condicionado el derecho de protesta a la autorización del poder municipal, bajo la amenaza de represión, multas y penas de cárcel. Lo que se supone contra la oposición es una acción preventiva contra las masas.

Gustavo Montenegro