12/06/2003 | 804

De «hojas de ruta» y muros de apartheid: Una nueva trampa mortal para Palestina

El nuevo «plan de paz» para Palestina impulsado por el imperialismo, lanzado bajo el bastante incongruente nombre de «hoja de ruta», es una caricatura de los Acuerdos de Oslo, los que a su vez eran una caricatura de una solución auténticamente democrática a la cuestión palestina. El artículo 2 de la Carta Nacional Palestina de 1968 plantea esta solución en una palabra: «Palestina, con los límites que tuvo durante el mandato británico, es una unidad territorial indivisible, al cual tienen derecho a regresar todos los refugiados expulsados por el sionismo».(1) Esos dos objetivos básicos del movimiento nacional de liberación palestino (el fin de la partición y el derecho al retorno) fueron traicionados por la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) mediante los Acuerdos de Oslo. En el sitio web del Ministro de Relaciones Exteriores de la Autoridad Nacional Palestina leemos que «la OLP realizó un compromiso histórico en 1988, reconociendo la soberanía de Israel sobre el 78% de la Palestina histórica con la comprensión de que los palestinos serían capaces de vivir en libertad en el restante 22% bajo ocupación desde 1967″(2). De qué manera los más de cuatro millones de víctimas de las «limpiezas étnicas» sionistas en 1948 y 1967 podrían «vivir en libertad» en los campos de refugiados, o los más de un millón de palestinos podrían «vivir en libertad» bajo la política y las leyes racistas del Estado israelí, sigue siendo un misterio.


Sin embargo, incluso esta «libertad» farsesca no salió del papel. Desde el momento en que los supremacistas judíos nunca estuvieron satisfechos con apropiarse del 80% del territorio histórico de Palestina, incluso las concesiones ilusorias y miserables de los Acuerdos de Oslo nunca fueron realmente implementadas. Todo el «proceso de paz de Oslo» fue en realidad usado como una cortina de humo para continuar el proceso de confiscación de tierras, que duplicó el número de colonos que viven en el Margen Occidental, en la Franja de Gaza y en Jerusalén Oriental – de los que en la actualidad hay aproximadamente 400.000 – y para implementar la política de cierre permanente hacia la población de los Territorios, que fueron reemplazados por trabajadores extranjeros traídos de los cuatro rincones del mundo.


El estrangulamiento económico de los trabajadores de la Margen Occidental y de la Franja de Gaza – donde, desde septiembre del 2000, el desempleo creció al 65% y donde el 75% de la población vive por debajo de la «línea de miseria» de 2 dólares diarios por persona(3) – fue la razón inmediata del colapso de los Acuerdos de Oslo y del estallido de la actual heroica Intifada. Esta catástrofe económica es, antes que nada, el resultado de un objetivo de largo plazo, compartido por todos los partidos sionistas sin excepción, de deshacerse de los palestinos en toda la «Eretz Israel». Pero su causa más profunda y última es la crisis estructural del capitalismo mundial, que marcha sin respiro desde mediados de la década del ’70. El intento del imperialismo de encontrar una salida a esta crisis por la fuerza, haciéndoselas pagar a los obreros y a las masas a través de una masiva embestida contra sus derechos sociales y nacionales, está detrás de la política de agresión contra Afganistán, Irak, la población árabe de Palestina y los propios trabajadores judíos. El antiguamente altamente desarrollado sistema de seguridad social de Israel ha sido virtualmente secado: el nuevo plan económico de Sharon-Netanyahu, recientemente aprobado por el Knesset (parlamento), incluye masivos recortes presupuestarios y una serie de leyes contra los sindicatos, que limitan el derecho a la huelga de los empleados públicos. Este plan económico es la contraparte de la «hoja de ruta»: el objetivo del primero es aplastar el levantamiento palestino; el del segundo es aplastar la resistencia de las masas judías contra los planes capitalistas.


La temporaria victoria del imperialismo en Irak encuentra su contraparte en los Territorios en el diseño de la formación de un nuevo gabinete bajo la dirección del primer ministro Abu Mazen (Mahmoud Abbas), un hombre elegido por los norteamericanos y los sionistas después de que Arafat fue declarado «irrelevante» como consecuencia de su fracaso para reprimir el levantamiento palestino de una manera más brutal.(4) Abu Mazen, que según las encuestas de opinión no es apoyado más que por el 2% de la población palestina, y Ariel Sharon, el héroe de Sabra y Shatila, ahora han dado su bendición a la «hoja de ruta». Pero como tenemos la oportunidad de observar de primera mano, lo que realmente está ocurriendo en la Margen Occidental del Jordán es otro proceso masivo de confiscación de tierras y de segregación mediante la construcción de un muro de apartheid de 350 kilómetros de largo y un promedio de ocho metros de altura. La construcción del muro llevará a la confiscación de aproximadamente el 22% de la Ribera Occidental, incluyendo el 80% de las tierras agrícolas, la extirpación de decenas de miles de árboles, incluyendo árboles de olivos, y el robo del 20% de los recursos de agua. Al menos 15 aldeas quedarán atrapadas entre el muro de apartheid y la «línea verde»(5), en áreas militares cerradas controladas por la IDF(6). El muro significará la anexión de facto a Israel de un vasto número de asentamientos y convertirá a las aldeas y ciudades palestinas en campos de concentración similares a los que existen actualmente en la Franja de Gaza. El planeado Muro Oriental cortará el valle del Jordán, dejando al llamado «Estado palestino» el 50% de la Ribera Occidental. En realidad, este «Estado» consistirá en ocho «bantustanes», separados, aislados y controlados por Israel: Jenin, Nablus, Qalqilia, Tulkarem, Jericó, Ramallah, Bethlehem y Hebrón. Los civiles palestinos no serán autorizados a trasladarse de una de esas áreas aisladas a otras a menos que obtengan permisos especiales de movimiento de las autoridades de ocupación de la llamada «Administración Civil».(7)


Todos los crímenes descriptos más arriba, que representan la continuación de la política sionista de aniquilación del pueblo palestino, se están desarrollando detrás de la cortina de humo de las nuevas «negociaciones» impulsadas por el imperialismo. El muro está supuestamente destinado a proteger a la población judía contra los grupos armados palestinos y los bombarderos suicidas. En los hechos, es totalmente incapaz de detener a cualquiera dispuesto a matarse para ingresar a los centros de población israelí. Lo que hará es privar a cientos de miles de personas de su sustento, y que sus vidas sean todavía más insoportables que hoy, forzándolos a abandonar el país, si hay algún lugar del mundo dispuesto a aceptarlos. Para acelerar la «transferencia», la limpieza étnica de palestinos en curso – ése es el propósito real del Muro – .


Las masas a través de todo el mundo, que han demostrado su solidaridad con el pueblo palestino durante los últimos dos años y medio de Intifada y de aplastamiento brutal por la máquina bélica sionista, necesitan ser conscientes de las realidades de la «paz» imperialista. La opresión de los palestinos continúa y se intensifica, y también debe hacerlo nuestra lucha contra el apartheid sionista.

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