07/07/2011 | 1184

De Plaza Syntagma a Puerta del Sol y viceversa

-Exclusivo de internet

La celebración de la Navidad de 2008 había sido bien preparada en la plaza Syntagma (Constitución), en el centro de Atenas y frente al Parlamento nacional con un enorme árbol de Navidad erigido por el alcalde derechista Nikitas Kaklamanis -quien se jactaba que ese monumento al «kitsch» era el árbol de Navidad más alto de Europa- y que era «el brillo ardiente del bosque de la noche», hasta que fue prendido fuego por los jóvenes rebeldes durante el levantamiento de masas de aquel mes inolvidable. Fue una de las acciones más espectaculares y emblemáticas de la rebelión de diciembre 2008 en Grecia.

En mayo de 2010, otro hecho inesperado irrumpe en el mismo lugar: desde el 25 de mayo en adelante, todos los días, decenas de miles y luego más de cien mil personas, se reunieron en Syntagma (como en la mayoría de de las plazas centrales de las ciudades de todo el país) contra la nueva ola de medidas de canibalismo social impuestas por la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

El «Movimiento de las plazas» en Grecia o «Movimiento por democracia directa ahora» fue inspirado por los indignados españoles, el Movimiento M15 (15 de mayo) que exige «democracia real ahora». Las movilizaciones españolas (y griegas) siguieron el ejemplo y los métodos de organización de la Plaza Tahrir de El Cairo, centro de la revolución egipcia que derrocó la dictadura de Mubarak. Los peores miedos de las clases gobernantes de Europa y las predicciones de los marxistas revolucionarios, incluyendo el EEK, comenzaron a materializarse: la revolución se está moviendo desde la costa sur del Mediterráneo hacia su costa norte.

Desde la bancarrota…

Cuando el «Arbol de Navidad más alto de Europa» fue quemado en la Plaza Syntagma durante la rebelión de diciembre de 2008, apareció sobre las paredes de la Universidad de Atenas una pintada con los saludos de fin de año de la juventud revolucionaria hacia las clases gobernantes del mundo: «¡Feliz Navidad y Feliz Miedo Nuevo!».

La rebelión de diciembre en Grecia, en el período que siguió al colapso de Lehman Brothers y al derrumbe del sistema financiero mundial, fue perfectamente caracterizada por el director del FMI en ese tiempo (el ahora caído sin pena ni gloria Dominique Strauss Kahn) como «la primera explosión política de la actual crisis económica mundial» (…).

En mayo de 2010, la Comisión Europea, el BCE y el FMI destinaron 110 mil millones de euros para el rescate de Grecia. Su objetivo no era tanto evitar el default de Grecia, como salvar al sistema bancario europeo; en primer lugar, a los bancos franceses y alemanes sobreexpuestos por la deuda griega, y crear una «zona de fuego» que protegiera del contagio a la periferia europea y toda la Eurozona. Cuando en noviembre de 2010, Irlanda tuvo que pedir en forma urgente un rescate, era ya obvio (ése era nuestro análisis, y en ese tiempo era dicho en forma clara y en voz alta por el EEK) que la operación preventiva con el rescate griego había fracasado y que la crisis de la deuda en la Eurozona reaparecía más vigorosa que antes. Siguió luego el rescate de Portugal y la insolvencia de Grecia volvía otra vez a ser central.

«En mayo de 2010 -escribe Aline van Duyn en «Financial Times»- la crisis de la deuda en la Eurozona explotó y los mercados se hundieron; (…) efectivamente el impacto en la recuperación posterior a 2008 fue tan grave y global que la Reserva Federal norteamericana decidió gastar un extra de 600 mil millones de dólares para apuntalar la economía de Estados Unidos. ¿Ocurrirá esto otra vez en mayo de 2011?» (Financial Times, 25/5).

Lo que está ocurriendo es el fracaso de las intervenciones sin precedentes de los gobiernos y bancos centrales, después del colapso de Lehman Brothers y del derrumbe financiero global, que inyectan billones de dólares, un diluvio de liquidez con «paquetes de estímulos», «paquetes de rescates», «flexibilización cuantitativa», etcétera. (…) Grecia se transformó otra vez en el punto de partida de una nueva fase de la crisis europea y mundial, que levanta el espectro de una nueva catástrofe financiera como la de Lehman Brothers a nivel mundial. Un año después del primer rescate de Grecia, ninguno de los objetivos fiscales del «Memorando» pudo ser alcanzado, la relación deuda-PBI saltó del 110 a cerca del 160%, la economía, hundida en una profunda recesión, muere asfixiada, y el gobierno griego tiene que pedir un nuevo rescate para evitar un inminente default forzado.

La renovada y agravada crisis de la deuda de Grecia y de la Eurozona revela tanto las dimensiones globales del problema como las profundas divisiones que existen entre la UE y el FM, entre el BCE y los líderes políticos europeos -particularmente de Alemania-, entre las clases dirigentes de la UE y dentro de la misma burguesía griega. Un sector de la clase capitalista en la UE, en los países anglosajones, entre aquellos que apostaron al default de Grecia, exige una restructuración en Grecia, un default ordenado combinado con una ruptura con el euro y la vuelta al dracma. Aparentemente, con el fin de romper el círculo vicioso de deuda y déficit mediante la elevación de la competitividad griega y sus exportaciones, un objetivo un tanto dudoso en las actuales condiciones sombrías de una demanda en caída en el mercado mundial. Otro sector, liderado por el BCE, se opone a cualquier idea de restructuración (…).

Las opciones son «intolerables», como escribió Martin Wolf (Financial Times, 1/6): «la Eurozona se enfrenta a una elección entre dos opciones intolerables: o el default y la desintegración parcial o un apoyo oficial sin plazos» (a Grecia y otros miembros de la Eurozona en default) (…) Un acuerdo estilo Viena (como el primero de los acuerdos al que se llegó en la capital de Austria durante la crisis de la deuda de los países del Este Europeo) para negociar la deuda de Grecia, que reemplace el vencimiento de los bonos del Estado (securities) sin incumplir las obligaciones con los inversores, es aparentemente el compromiso a ser tomado para evitar el default griego en julio.

…al levantamiento de las masas

La revuelta de diciembre de 2008 fue sólo el preludio. Durante e incluso antes del año de la implementación del Memorando del FMI, el BCE y la Comisión Europea con el gobierno del Pasok (Partido Socialista Panhelénico) quedó demostrada la combatividad de la clase obrera griega -aunque también sus límites- en una docena de paros generales organizados por las burocracias sindicales de la GSEE y Adedy. La frustración aumentó en la medida en que se fueron desvaneciendo las ilusiones respecto de las posibilidades de que una demostración de fuerza terminase en una victoria, como había sucedido en otros tiempos: en 2001, un día de huelga general había derrotado el ataque a los derechos jubilatorios llevado adelante por el gobierno. Las movilizaciones convocadas por Pame (la fracción sindical que responde al estalinista KKE -Partido Comunista griego), separadas, sectarias y controladas burocráticamente, además resultaron infructíferas y colaboraron con la frustración popular. En marzo, en la medida en que esto se hizo evidente, estas concentraciones comenzaron a vaciarse. La violencia ciega llevada adelante de forma aislada, como en los trágicos eventos durante el paro general del 5 de mayo de 2010, cuando tres empleados del Banco Marfin fueron asfixiados por una bomba molotov arrojada en un ataque a un mercado en la calle (Kallidromiou, en Exarchia), dejó en la parálisis al movimiento anarquista.

La represión estatal fue en aumento, de paro general en paro general, hasta llegar a su punto culminante en la orgía de violencia ejercida por la policía antidisturbios el 11 de mayo de este año, cuando un joven fue casi asesinado, docenas enviados a los hospitales por serias heridas y el centro de Atenas fue convertido nuevamente en una cámara de gas debido al uso policial de enormes cantidades de gases lacrimógenos. Al mismo tiempo, el grupo neo-nazi «Amanecer Dorado», con la protección policial, lanzó el 12 de mayo una verdadera Kristallnacht («Noche de los cristales rotos»), atacando a las comunidades de inmigrantes y sus negocios, asesinando a un trabajador oriundo de Bangladesh y linchando otros muchos inmigrantes, especialmente «de color» o «negros» en la plaza Omonia, en el centro de Atenas.

Durante las primeras dos semanas de mayo de 2011, el terror estatal y las pandillas fascistas amparadas por el Estado dominaron la escena, mientras la mayoría de la población griega permanecía hundida en una profunda desesperación e ira social.

Súbitamente, y de improvisto, como en los países árabes o en España, el panorama político griego cambió dramáticamente durante las últimas dos semanas de mayo y las primeras del junio, con la poderosa emergencia del «movimiento de las plazas», siguiendo el ejemplo del movimiento 15-M en Puerta del Sol y otras plazas españolas.

Decenas, y luego centenares, de miles de personas se reunieron en asamblea, la mayoría por primera vez, en Syntagma y otras plazas centrales de las ciudades más importantes de Grecia: Tesalónica, Patras, Volos, Khalkis, Lamia, Preveza, las ciudades cretences y el resto del país. Por primera vez desde diciembre de 2008, un movimiento tan masivo -aunque con características muy distintas a las de la revuelta previa- emergió a escala nacional.

En diciembre de 2008, la que se levantó fue una joven generación sin futuro, que trabaja en forma precaria o está desempleada y se encuentra bajo el contante hostigamiento policial. En mayo de 2011, en cambio, no fueron sólo los «outsiders» del sistema los que se rebelaron sino también el denominado «sector principal», la mayoría de de la clase media que se movilizó en masa, pacífica e independientemente e incluso en abierta oposición a las organizaciones políticas tradicionales y a las conducciones sindicales, utilizando Internet, Facebook y otras redes sociales para convocar a las movilizaciones, siguiendo el ejemplo de los madrileños de Puerta del Sol o de los movilizados de la primavera árabe. (…).

Los círculos dominantes y sus medios de comunicación trataron de deliberadamente de contraponer el «pacífico» mayo de 2011 con el «violento» diciembre de 2008″, de la misma forma que la burguesía francesa había contrapuesto la «revolución fea» del proletariado de París en junio de 1848 con la «revolución hermosa» de febrero de 1848, cuando todas las clases, la burguesía y la pequeño-burguesía democrática, junto con la clase obrera, se unieron contra el Antiguo Régimen. Pero el «hermoso» mayo de 2001, fue transformándose hasta convertirse en algo más «feo»: los slogans «anti-sindicales» fueron descartados, las acciones en solidaridad con los obreros en huelga se profundizaron (por ejemplo, con los estibadores del puerto privatizado Piraeus) o las ocupaciones (como la del Post Bank) que fueron decididas por una abrumadora mayoría, los elementos racistas anti-inmigrantes o de extrema derecha son ahora repudiados por la asamblea de Ciudadanos Indignados. La consigna y la bandera de la huelga política general e indefinida, para derrocar al gobierno y echar a patadas a la «troika» del FMI/BCE/EU fue votada por una vasta mayoría en la Asamblea General.

El repudio de toda la deuda externa como objetivo central del movimiento de los indignados fue aceptado por una mayoría abrumadora, derrotando a la propuesta de los reformistas «economistas de izquierda» que planteaban un rechazo sólo de la denominada parte «ilegal» de la deuda, siguiendo el ejemplo de Ecuador.

Un voto decisivo fue tomado para decidir como lema principal entre «Democracia real, ahora», como en la Puerta del Sol, o «Democracia directa, ahora». La mayoría votó a favor de la democracia directa, e incluso una minoría no despreciable (no sólo los partidarios del EEK) exigió «poder obrero».

A pesar de que las pancartas o la prensa partidarias todavía están prohibidas en Sintagma, es absurdo llamar a este movimiento de masas como «no político», como dice el KKE estalinista. Los más politizados se reúnen en el nivel más bajo de Syntagma, frente a la salida del metro, en el espacio de la Asamblea General permanente, mientras que la sección menos directamente política y los nacionalistas con banderas y consignas griegas se reúnen en el nivel más alto de la plaza, frente al Parlamento. Hay un contraste y ósmosis -es decir, una dialéctica- entre las personas de los dos niveles, un proceso de radicalización común y de unificación, en particular en lo relacionado a la acción directa (¡cuando, por ejemplo, la salida del Parlamento fue bloqueada y los diputados tuvieron que huir por otra puerta a través de los Jardines Nacionales!).

No debe olvidarse que en todo movimiento popular real las masas entran en el campo de batalla con todos sus prejuicios y supersticiones, no todo aquel que tenga una bandera griega en sus manos es un derechista nacionalista.

El planteo «anti-partido» no es sólo «conservador y apolítico», como dijo en una entrevista Aleka Papariga, secretaria general del KKE. Tenemos que entender la contradicción en ello. Por un lado, no hay política, por supuesto, sin el debate abierto y el conflicto entre los diversos programas políticos, las diferentes perspectivas políticas, e inevitablemente entre los grupos políticos, organizaciones y partidos, aliados u opuestos entre sí, incluyendo el partido revolucionario que reagrupa a los elementos más combativos y conscientes de la vanguardia del proletariado. Por el otro lado, los «partidos» en la conciencia social de masas hoy son identificados con el sistema de partidos políticos corruptos responsables de la destrucción de sus vidas, así como con el fracaso político de la izquierda burocrática oficial, vinculada con el sistema parlamentario y responsable de muchas trágicas derrotas en el pasado, como para presentar una alternativa plausible. Un partido revolucionario obrero real no es una dirección autodesignada de la clase, o aun peor, impuesto a la clase, sino un partido que, como Trotsky había dicho en sus artículos sobre Alemania, lucha entre las masas, no para sustituirlas en su rol histórico emancipador, sino para probar en cada momento en la práctica y convencer a las masas de su derecho a conducirlas en un camino revolucionario.

La naturaleza de la crisis global, el impase y la quiebra del capitalismo es la fuente de este ataque generalizado de «los de arriba» y de la negativa masiva generalizada de «los de abajo», tanto pequeño-burgueses como proletarios. Esto impide que los gobernantes encuentren una base de masas en las clases medias contra el proletariado, como ocurrió en el caso de Thatcher o al principio con Pinochet. No sólo este gobierno del Pasok, sino ningún gobierno burgués, como los que la clase dominante discute como alternativas (un gobierno de unidad nacional, una coalición entre Pasok y Nueva Democracia, un gobierno de tecnócratas, incluso un «gobierno de unidad popular» que se mantenga sobre una base capitalista) puede ser un gobierno estable, debido precisamente a que la bancarrota capitalista bloquea la posibilidad de otorgar cualquier tipo de concesión sustancial a un sector significativo de la población.

Esta debilidad de la dominación burguesa es, paradójicamente, pero a la vez dialécticamente, también su punto fuerte. La heterogénea masa popular en la revuelta contra los gobernantes no puede encontrar una salida socialista de la actual situación de estancamiento, sin la hegemonía de la clase obrera, armada con un programa de transición y una perspectiva comunista internacionalista. Sería desastroso si el proletariado y su vanguardia menospreciaran a las masas pequeñoburguesas, sus demandas sociales y sus sensibilidades democráticas.

Para alcanzar esta hegemonía obrera, no se puede pasar por alto la política de partidos y la lucha por aclarar los objetivos políticos del movimiento de masas. A pesar de la ira legítima de los Ciudadanos Indignados contra el sistema de partidos existente, un partido de la Revolución Permanente se necesita, no como un autonombrado «salvador» y futuro dictador, sino como un instrumento de la revolución socialista, un laboratorio ideológico del movimiento de liberación. La democracia directa sólo tiene futuro a través de la revolución social. Necesita como su instrumento un partido de combate de la revolución permanente mundial construido entre las masas, por las masas, y por la auto-emancipación de las masas. Este es el objetivo y razón de ser de la EEK y de la Cuarta Internacional trotskistas.

No hay una solución electoral a la crisis actual como exige la reformista SYN/Syriza de las demandas de Tsipras. Incluso la insistencia en la demanda de la democracia directa revela el agotamiento del parlamentarismo burgués. La perspectiva de la toma del poder por la clase obrera con el apoyo de las masas empobrecidas de las ciudades y el campo no puede ser pospuesto a un futuro indefinido, a las calendas griegas, como hace el KKE estalinista. Ambos partidos de la izquierda oficial, y también la coalición centrista de Antarsya, están atados a las perspectivas electoralistas, considerando las elecciones como «la escena política central».

El viejo fantasma de la revolución social, exorcizado por los capitalistas y los burócratas, ha vuelto a aparecer. Extiende el miedo a todos los gobernantes y esperanza a todos los que están privados de toda esperanza. El viejo grito de batalla de la revolución europea de 1848, se convierte hoy en más actual que nunca: ¡la revolución en permanencia!

4-5 de junio de 2011

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