11/03/2004 | 841

Debate sobre la dictadura del proletariado

Es más que positiva la desición de Prensa Obrera de abrir un debate sobre tan importante tema que es: La dictadura del proletariado.


La posición de L.C.R. Ollivier es centro izquierdista; convive y sostiene la democracia burguesa, y no plantea el poder obrero. Con ella los trabajadores no tenemos nada que ganar.


En la democracia burguesa el pueblo "vota" cada 4 años y asume una aristocracia testaferro de capitalistas que ejecuta dictatorialmente lo que estos le ordenan durante su mandato; dictadura del capital.


EJ. Tony Blair invadió Irak y asesinó, desoyendo multitud de marchas de millones de ingleses que lo votaron.


Si se quiere cambiar este sistema injusto es una necesidad para los trabajadores tomar el poder, o sea quitarle el poder a la burguesía y reemplazar sus fuerzas armadas serviles, impedir firmemente que la burguesía dirija la economía y la política del país, aún en una etapa de transición en la cual todavía no es disuelta en su totalidad económicamente y como clase.


Pero esta posición centrista de Ollivier no debe quitarnos la capacidad apreciar la historia de las revoluciones del mundo.


En Rusia a partir del stalinismo una fracción burocrática contrarrevolucionaria se adueñó del poder y despues de perseguir y asesinar a los mejores militantes revolucionarios se dedicó a destruir día a día los basamentos de la revolución. Para abreviar capítulos conocidos por todos, esto culminó con un Gorvachov restaurando el capitalismo.


Resignarse a esta contrarrevolución sin hacer ahora lo necesario para prevenirla, es desperdiciar la situación de ser hoy contemporáneos a más de 85 años de revoluciones obreras.


No hacerlo hoy, implica tropezar 2 o más veces con la misma piedra, cerrar los ojos a esta valiosa experiencia colectiva.


Esta experiencia muestra claramente que fueron los dirigentes quienes sin consultarlo con las bases, y aplicando la dictadura en contra de los trabajadores, los traicionaron, falsearon el socialismo, o directamente restauraron el capitalismo. Ahí están: Stalin, Gorvachov, Cheausescu (los dirigentes chinos son el colmo de esto), por nombrar algunos.


Y los trabajadores no tuvieron ningún mecanismo ni posibilidad de pararles la mano, o de controlarlos.


Solamente la plena vigencia de la soberanía del pueblo trabajador, mediante multitud de asambleas y consejos de trabajadores de todos los oficios, sin discriminación, con capacidad de controlar y revocar a los ejecutivos y tambien con poder de planificar y dirigir la política y la economía (la cual será más idonea y eficiente que planificada por una elite burocrática). Esto es superior a otras formas organizativas más centralizadas.


Solamente esta soberanía obrera y popular garantizará la dictadura de la clase, y dará continuidad a la revolución y a su estado obrero.


Si no promovemos estos cambios que garanticen el mando de las bases, y que son tan opuestos a la trucha democracia burguesa, el estado obrero terminará siempre en una contrarrevolución.


Algo ha cambiado en favor de los trabajadores en estos casi 100 años, y es que una porción importante de ellos ha tenido acceso a conocimientos que el capitalismo se vió obligado a darles para que puedan mantener en marcha la complejidad de los servicios y producción del mundo moderno.


Esto se da en muchos países, y en el caso del nuestro, abarca un alto porcentaje de la clase trabajadora, lo que da una cantidad importante de trabajadores con capacidad potencial de participar en consejos y asambleas y acrecentar su desarrollo político con la lucha.


Aunque este caudal es minoritario comparado con la masa, es un basamento humano importante en número como para gestar el poder de los explotados, y en caso de triunfar y concretar el estado obrero, estas bases impedirán la contrarrevolución.


En cambio en Rusia a principios del siglo pasado, la proporción de analfabetismo era tan grande en la clase obrera, que ni siquiera se pudo reemplazar a la burocracia zarista; y fue justamente esta gente (los zaristas) la que despues adhirió y le dio sustento a la fracción stalinista para afirmarse en el poder.


En contraposición a eso, en nuestro país hoy, hay suficiente gente capacitada de la clase obreray trabajadora como para reemplazar por triplicado a la burocracia estatal patronal, que hoy está compuesta por los punteros del P.J., radicales, etc. Lo que hace innecesario hoy la dictadura del partido, pues sería mandar a quienes deben ser sus mandantes: los trabajadores.


Pero la realidaden la Rusia de entonces, con las limitaciones de su clase obrera antes señaladas, no era una opción, sinó una necesidad, la dictadura del partido; como afirmaba León Trotsky.


Volviendo a nuestro país; y hablando en términos prácticos, esa porción importante de la clase trabajadora más conciente; que actuó en las históricas movilizaciones antes y a partir del Argentinazo y principalmente durante el 2002 en las organizaciones piqueteras y en las asambleas populares, unidos con la consigna:"que se vayan todos".


Esta es una vanguardia mucho más grande y necesaria hoy.


Lo que faltó en esas jornadas, fue un programa común, que es la herramientamás formidable que podemos tener los trabajadores para lograr tomar el poder, y para la reconstrucción del país sobre nuevas bases sociales.


El programa común siempre es imprescindible aunque cueste lograrlo.


Se podría sintetizar así: Programa común, o décadasde miseria para nosotros y nuestros hijos.


Un abrazo