08/05/1997 | 538

Demolieron a los menemistas ingleses

La brutal derrota del conservadorismo en Gran Bretaña vino con una demora de, por lo menos, cuatro años. Ya en 1983, el entonces gobierno de Margaret Thatcher había sido salvado por la victoria de la flota pirata en Malvinas. La elección siguiente estuvo marcada por la derrota de la gran huelga minera y la consecuente acentuación del reflujo de la clase obrera. En 1992, los conservadores se salvaron por milagro, pero aún para esto tuvieron que echar antes a la Thatcher. Si los ‘torys’ pudieron gobernar un período tan prolongado de tiempo, en medio de un derrumbe industrial sin paralelismo en la historia, escándalos de todo tipo, divisiones en la burguesía con relación a la unidad de Europa, devaluaciones de la moneda y un impresionante empobrecimiento de las masas, ello se debió a la crisis descomunal del laborismo, de los sindicatos y de las direcciones obreras en general.


El pasado 1º de mayo, los conservadores fueron echados a patadas. Perdieron la mitad de las bancas, 160; no consiguieron ninguna representación por las dos regiones, Escocia y Gales, que forman con Inglaterra el Reino Unido; en la zona inglesa perdieron abrumadoramente; en Londres cayeron de 40 a 11 diputados; quedaron reducidos a la condición de partido exclusivamente inglés y minoritario; sus representantes de nivel ministerial, como los ex ministros de exteriores y defensa, perdieron sus bancas. Los mayores perdedores fueron los miembros de su ala nacionalista reaccionaria, los llamados ‘euroescépticos’. Aun después de semejante paliza, los escribas de la prensa capitalista aseguran que quedó a salvo la ‘herencia thatcheriana’. En Irlanda, los dos principales dirigentes del IRA ganaron sus circunscripciones, aunque no ocuparán sus bancas en el parlamento de Westminster, al que correctamente consideran la cueva del poder que oprime a la nación irlandesa.


Más allá de las características profundamente derechistas de la nueva conducción del laborismo que encabeza Tony Blair, la debacle conservadora constituye un golpe ideológico y moral muy fuerte contra el capitalismo británico y mundial. El electorado ha repudiado en masa un programa y una estrategia que se han agotado en su capacidad de acción política. El descontento popular se respira por todos los poros de la sociedad; no es casual el rechazo escocés y galés, porque es allí donde la crisis es más intensa y donde el descontento se manifiesta incluso en movimientos multitudinarios de separatismo político.


Los conservadores dejaron el gobierno porque ya no podían gobernar; se encontraban divididos en torno a todas las cuestiones de importancia nacional. Pero esta situación simplemente refleja la división de la propia burguesía. Existe una crisis similar, aunque más grave, a la de 1992, cuando Gran Bretaña tuvo que devaluar la libra y salir del acuerdo monetario europeo, para evitar la completa bancarrota de la industria. Los grandes bancos y fondos financieros que dominan el mercado internacional de Londres, impulsan una política de sobrevaluación de la libra y de deflación, que naturalmente valoriza a los capitales que operan con esa moneda. Para la industria, en especial los capitales japoneses que invirtieron masivamente en los últimos años, esto es simplemente suicida. Imposibilitaría, además, la unión monetaria con Europa, porque una libra alta le daría una ventaja competitiva enorme a la industria del continente. Blair ha debutado con una suba de la tasa de interés y, por lo tanto, con una medida deflacionista que deberá acentuar la valorización de la libra, y que es interpretada como una sumisión a la presión del capital financiero; la libra sufrió una fuerte caída el 2 de mayo, que fue interpretada como una manifestación de la desconfianza de los círculos de la Bolsa ante la «aplastante victoria laborista» (Le Monde, 4/5). El diario inglés The Times (3/5) asegura que Blair se propone debilitar a la libra, y un analista citado por Le Monde asegura que «el nuevo gobierno debe crear las condiciones para una baja inmediata de la libra», de lo contrario «se destruirá mediante una devaluación inevitable». Es fácil pronosticar, entonces, que esta suba de intereses deberá llevar a una crisis a corto plazo, entre otras cosas porque está en contradicción con la política de convergencia europea del propio laborismo.


Dados los términos de la impasse del capitalismo inglés y de la envergadura de la crisis política, la especie de que los laboristas van a seguir el ‘modelo’ thatcheriano no tiene ningún contenido concreto, es una abstracción. La sustitución de la Thatcher por Major ya fue un paso en la quiebra del ‘modelo’. La deuda pública ha subido, solamente en cinco años, en un ciento por ciento, y es equivalente al 70 por ciento del producto bruto interno. El déficit fiscal que debe ser financiado con mayores deudas es de 20 mil millones de libras y, según el Financial Times, no tiene margen para ser reducido por el lado de los gastos (6/5). Es decir que se imponen mayores impuestos en un marco de mayores intereses, sobrevaluación de la moneda y pérdida, por lo tanto, de competencia internacional. Si Blair es un sucesor de la Thatcher sólo cabe concluir que los herederos están condenados a demoler la herencia.


Sobre esta base, las masas que golpearon duro a los conservadores deberán hacer nuevos progresos para ponerse en condiciones de realizar sus reivindicaciones.


El ‘milagro’ conservador


«Hay más chicos viviendo en la pobreza en Gran Bretaña —uno de tres— que en cualquier otro país europeo, de acuerdo a un estudio aún no publicado de Eurostat, la agencia de estadísticas de la Unión Europea».


Esta información que ofrece el diario The Guardian (4/5) barre de un plumazo la pérfida campaña de la prensa internacional acerca del ‘milagro’ económico que habría resultado de 18 años de gobierno conservador. De acuerdo a un trabajo publicado en Le Monde (30/4), «Un centro de nutrición para niños tuvo que abrir sus puertas con el auxilio del Fondo ‘Save the Children’, una organización que se especializa en la ayuda a los países del tercer mundo». Ocurre que en Gran Bretaña»reina de nuevo la sub-alimentación». Se asiste a un retorno a las condiciones descriptas por Engels hace más de 150 años.


Estos datos fueron retenidos, según The Guardian, a la espera de que tuvieran lugar las elecciones del pasado 1º de mayo, por pedido expreso del gobierno conservador.»En proporción al tamaño de la población», agrega el informe, «sólo Portugal tiene mayor cantidad de adultos y de niños atrapados en la pobreza que Gran Bretaña». De acuerdo a un coeficiente que determina el nivel de la desigualdad en los países de Europa, que va de 0 a 1, Gran Bretaña obtiene el 0.37, sólo superado por Portugal con 0.42, y por Grecia con 0.38. Si se considera una línea de ingresos de los hogares que el propio gobierno conservador estableció en 123 libras por semana, equivalentes a 190 pesos, o sea a 750 pesos mensuales, la oficina estadística europea calcula que cinco millones y medio de familias británicas, alrededor de 20 millones de personas, se hallan por debajo de ese nivel.


El 23 por ciento de los hogares británicos está por debajo de la línea de pobreza, sólo superado, de nuevo, por Grecia y Portugal. Pero si se considera solamente a los niños, el porcentaje sube al 32 por ciento y se transforma en el peor de Europa, incluida Irlanda (The Guardian, 4/5).


«El Grupo de Acción contra la pobreza infantil acusó al gobierno conservador de haber perseguido una deliberada ‘estrategia de desigualdad’ durante los pasados 18 años, durante los cuales el ingreso real del 10 por ciento más pobre de la sociedad cayó un 13 por ciento, en tanto que el del 10 por ciento más rico aumentó un 65 por ciento» (ídem).


Este Grupo no cree, sin embargo, que un gobierno laborista revierta la tendencia.

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