11/03/1999 | 618

Derrumbe económico y movilización popular

La crisis mundial está golpeando brutalmente a Ecuador. El derrumbe del precio internacional del petróleo y la crisis brasileña agudizaron el déficit fiscal y el descalabro de sus cuentas externas. El ataque especulativo contra el sucre, lanzado por los propios bancos ecuatorianos, provocó el último viernes una devaluación del 30% en unas pocas horas. La venta de reservas por parte del Banco Central no ha frenado la fuga de divisas y la especulación contra la moneda nacional: los grandes capitalistas siguen tomando deuda en sucres, incluso a tasas usurarias, para comprar dólares. El derrumbe de la moneda nacional acelera la inflación: los supermercados y el comercio mayorista han comenzado a fijar sus precios en dólares y, en algunos casos, a exigir el pago en esta moneda. Todo esto ha acentuado la recesión, que es la más profunda de los últimos años.


En este cuadro de catástrofe capitalista, el gobierno de Julio Mahuad –que se encuentra negociando un acuerdo con el FMI– ha salido a ‘recuperar la confianza de los mercados’ atacando al movimiento obrero y popular y entregando el país a los acreedores externos. Envió al Congreso una ‘ley de racionalización y reordenamiento financiero’ que reduce las indemnizaciones de los empleados estatales y que permite el despido sin indemnización en caso de huelga. El gobierno se prepara para impulsar despidos masivos, antesala de la privatización de las grandes empresas públicas (teléfonos, petróleo y energía eléctrica). Al mismo tiempo, retrasó el pago de los salarios a los docentes y estatales y elevó brutalmente el precio de los combustibles y el transporte. Pero todavía plantea aumentar en un 50% el impuesto al consumo popular (IVA). Este nuevo ataque ha desquiciado por completo las ya misérrimas condiciones de vida de los explotados, el 65% de los cuales está por debajo de la llamada ‘línea de pobreza’.


La burguesía ecuatoriana está dividida: sectores enteros rechazan el aumento del IVA porque temen que aumente la recesión. La división burguesa se manifiesta en la parálisis del Congreso y en la aparición de sectores burgueses que plantean la moratoria de la deuda externa y denuncian el papel del FMI en las crisis del sudeste asiático y Brasil.


Irrupción popular y crisis política


El ataque oficial contra los trabajadores ha desatado una enorme respuesta obrera y popular. Las centrales eléctricas y la industria petrolera están ocupadas por sus trabajadores, que amenazan con cortar el suministro si es aprobada la ‘ley de reordenamiento’. Los docentes están en paro desde hace un mes en reclamo del pago de los salarios atrasados. Hay marchas campesinas. Para esta semana se anuncia una gran concentración de trabajadores estatales frente al Congreso y una huelga nacional de 48 horas, con manifestaciones y cortes de rutas.


A menos de seis meses de haber asumido, el derrumbe económico y la resistencia popular han puesto al gobierno en completa crisis. La propia prensa ecuatoriana, en consecuencia, especula tanto con la renuncia anticipada de Mahuad como con un ‘autogolpe’ que disuelva el Congreso y aplique leyes de emergencia contra los trabajadores.


Ante Mahuad vuelve a plantearse la misma disyuntiva que no pudo resolver, hace apenas un año y medio, el derrocado Bucaram.