¿Disolución del Reino Unido?

Qué hay detrás del pacto entre los partidos de gobierno de Irlanda del Norte, Gales y Escocia.

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Acuerdo de Cardiff

“Si usted remueve mañana al Ejército inglés e iza la bandera verde en el Castillo de Dublín, a menos que haya establecido la organización de la República Socialista, sus esfuerzos habrán sido en vano”. La cita corresponde al socialista James Connolly, mártir del Levantamiento de Pascua de 1916, quien consagró su vida a poner en pie al proletariado irlandés como una fuerza política independiente en la lucha anticolonial y antiimperialista. Su vida militante y su elaboración teórica lo distinguieron del nacionalismo burgués y pequeñoburgués; Connolly luchó por una república obrera.

A lo largo de la historia la cuestión irlandesa estuvo siempre presente en la lucha contra el dominio británico, por la independencia nacional y contra la partición de la isla impuesta por Inglaterra. El acuerdo del “Good Friday” firmado en Belfast en 1998 dejó a Irlanda del Norte en manos de la Corona y selló la integración del nacionalista Sinn Féin a un gobierno común obligatorio con el unionismo pro-inglés y los partidos realistas leales al Imperio Británico. El nacionalismo del Norte abandonó las armas y consumó su traición. Su par, el Sinn Féin actuante en la República de Irlanda, junto a los partidos burgueses que presumen de ser herederos de la independencia, hace varias décadas que enterraron la lucha por la unificación del Sur y del Norte.

La constitución reformada en 1998 (artículos 2 y 3) establece que la unificación solo será posible por medios pacíficos con el consentimiento de la mayoría de las jurisdicciones. En los hechos la República de Irlanda se desentendió de de la unidad y la subordinó a un plebiscito sin fecha ni tiempos.

Qué hay detrás del pacto de Cardiff

Los primeros ministros de las administraciones de Irlanda del Norte, Escocia y Gales están promoviendo referéndums para negociar su separación del Reino Unido. Los autonómicos se declaran “europeístas” y rechazan el Brexit. El movimiento separatista, que se expresó en la Declaración de Cardiff firmada por los líderes del Sinn Féin de Irlanda del Norte, el partido escocés SNP y el galés País Cymru, le reclama al primer ministro inglés Andy Burnham la convocatoria a los referéndums. Metiendo presión afirman que la “era de Westminster -el gobierno de Londres- está llegando a su fin” y que el propio Burnham podría ser el último primer ministro del Reino Unido.

Pese al tono beligerante no se trata por ahora de una ruptura inmediata, sino de un juego de presiones para que Inglaterra revise su posición sobre la Unión Europea. Las tendencias hacia la fuga evidencian el retroceso histórico y las debilidades del Imperio Británico. Los anuncios formulados en Cardiff agitan las disputas en Europa y entre el Reino Unido y los Estados Unidos -siempre prestos a meter mano en esta crisis política internacional. Donald Trump visitó la República de Irlanda y se mostró "entusiasmado" ante la posibilidad de una Irlanda reunificada. El imperialismo norteamericano quiere direccionar una eventual salida de Irlanda del Norte del Reino Unido y beneficiarse de esta iniciativa.

En Dublín están radicadas poderosas multinacionales yankis como Apple, Google y otras. El primer ministro Michael Martin enfatizó que EEUU es un socio imprescindible de Irlanda. La jugada de Trump no se agota en la búsqueda del voto de la numerosa e influyente comunidad norteamericana de origen irlandés en un año electoral complicado porque en el horizonte asoma la derrota republicana. Trump agita la demagogia de una Irlanda unida para condicionar al Reino Unido a que asuma un papel más activo en el Estrecho de Ormuz y en la guerra contra Irán en Medio Oriente. Varias veces Trump acusó al gobierno inglés de desentenderse de sus compromisos con la Otan. En la misma línea, Trump amenazó al gobierno británico con rever la histórica posición de apoyo estadounidense a la "autodeterminación de los kelpers", señuelo que habilita la piratería inglesa en las Islas Malvinas.

Las declaraciones de Trump en Irlanda -adonde llegó invitado por el primer ministro Martin- provocaron el rechazo conjunto del Partido Conservador y del laborismo británico, pero también de Reform UK, el partido de ultraderecha amigo del presidente norteamericano. Los autonomistas de Belfast dicen que la unificación es la "mirada de Trump". Lejos de una unidad de la derecha mundial, los intereses de rapiña de los imperialismos desestabilizan gobiernos y conducen a maniobras, enfrentamientos y guerras. Está por verse hasta dónde escala el conflicto a ambas márgenes del Mar de Irlanda.

La República de Irlanda está gobernada por una coalición de derecha y es hoy uno de los países de Europa donde el capital tiene mayor libertad de movimiento y menos controles estatales. No por nada, el libertario Milei puso al gobierno irlandés como ejemplo de “libertad económica”. Trump está embarcado en una aventura de pronóstico reservado por la volátil situación política en la República de Irlanda donde conviven una presidenta izquierdista y propalestina -Catherine Connolly, sin parentesco con James Connolly y sin poder efectivo para gobernar- con un gabinete derechista. La alianza de derecha gobernante está formado por los partidos Fianna Fáil, fundado en 1926 por el varias veces presidente Eamon de Valera, y el Fine Gael, democristiano de derecha. Esta alianza cuenta con el apoyo del Grupo Regional Independiente que le asegura la mayoría parlamentaria.

El Sinn Fein, ligado históricamente al nacionalismo burgués y al disuelto IRA, está en la oposición parlamentaria y sigue siendo el partido con mayor cantidad de votantes propios. Esta contradicción se puso de relieve en la elección presidencial en la que Catherine Connolly arrasó como candidata independiente de izquierda con el apoyo y voto del Sinn Féin.

Vigencia de una Irlanda obrera y socialista

La arremetida de los EEUU, la negativa de Inglaterra a ceder sus posiciones en el Reino Unido y las traiciones del nacionalismo y el “republicanismo” burgués confirman la profecía política de James Connolly. La unidad política y transformación social de Irlanda no va a llegar de la mano de una burguesía nacional que –como afirmaba Connolly- está siempre dispuesta a traicionar al pueblo, ni mucho menos del imperialismo norteamericano que quiere hincarle el diente a la Isla Esmeralda. Al momento, el Sinn Féin mantiene un prudente silencio frente a la injerencia del trumpismo, enemigo mortal de Palestina y de los pueblos y oprimidos del mundo.

Defendemos el derecho a la separación de Irlanda del Reino Unido. Todo golpe al imperialismo debilita a los opresores y fortalece a los trabajadores y a los pueblos oprimidos. La salida a esta crisis plantea la unidad revolucionaria y anticapitalista de los proletarios ingleses, irlandeses, escoceses y galeses. Es decir, la revolución obrera y una federación de Estados socialistas.

El carácter semicolonial de Irlanda del Norte es la evidencia de una tarea nacional irresuelta. El nacionalismo entregó la lucha por la independencia del Norte y la unidad con el resto de la isla. La “autonomía” planteada en Cardiff está al servicio de nuevos enclaves capitalistas en el marco de la Unión Europea y la Otan. Las tareas nacionales pendientes son parte de la lucha por una república socialista de Irlanda como defendió James Connolly ciento diez años atrás.