22/09/2021

El aberrante sistema de control de los choferes de Amazon

Cámaras que vigilan hasta el movimiento de los ojos.

"Conductor distraído", denuncia la aplicación.

“Las cámaras Netradyne que Amazon instaló en nuestras camionetas no han sido más que una pesadilla”. El testimonio pertenece a uno de los choferes que presta servicios de entrega -a través de una empresa tercerizada- para la firma del multimillonario Jeff Bezos, y forma parte de una investigación del sitio norteamericano vice.com, publicada el 20 de septiembre.

En los primeros meses del año, el gigante del comercio electrónico empezó a instalar un sistema de vigilancia de los conductores que los monitorea durante todo el tiempo en que está encendido el vehículo, a través de cuatro cámaras.

El argumento de la empresa es la seguridad del personal, pero en realidad es un mecanismo de control e incluso de abaratamiento de costos. Si un trabajador comete una infracción, como por ejemplo distraerse o pasar una luz en rojo, empeora su calificación dentro de un rango que va de “fantástico” a “deficiente”. Del promedio de esta calificación dependen ciertos pagos a los proveedores de entrega, que a su vez trasladan la presión a los empleados, cortándoles bonificaciones o pagos extras si no alcanzan un desempeño óptimo.

Además de la enorme presión y tensión que este sistema genera, los choferes se quejan por sus deficiencias. Así, se dan casos en que Netradyne penaliza el simple hecho de mirar por los espejos retrovisores, esto debido a que la penetración del sistema es tal que llega a controlar el movimiento de los ojos. Aunque existe un sistema de apelación para estos casos, los trabajadores dicen que es un mecanismo engorroso y muchas veces se desestiman sus reclamos.

Los choferes, mientras tanto, resisten como pueden, valiéndose de algunos recovecos: tapan con cinta las cámaras, o usan anteojos negros, para evadir el control ocular.

Netradyne es una pieza más al servicio de una descomunal maquinaria de explotación. El año pasado se conocieron denuncias de choferes que orinaban en botellas o incluso defecaban en bolsas, para ahorrar tiempo y cumplir con los ritmos de trabajo.

En los almacenes, las condiciones también son brutales. Hay índices de productividad por hora, bautizados por el Wall Street Journal como “bezosismo”, cuyo incumplimiento expone a los empleados a la sanción o el despido. Los gerentes organizan “horas de energía”, arengas de 60 minutos para intensificar el trabajo, donde se establecen comparaciones con departamentos que tienen mejor desempeño. Entre el “black friday” de noviembre y la navidad, es decir el pico de ventas, las jornadas se extienden hasta las 60 horas semanales e incluso se vuelven comunes las llamadas a las ambulancias, ante la descompensación del personal (Business Insider, 18/9).

Esta presión extrema provoca un alto nivel de renuncias, que genera una gran rotación en la compañía. Asimismo, los gerentes deben cumplir con una cantidad de despidos cada año, lo que muchas veces lleva a estos a contratar gente simplemente para cesantearla, y así cumplir los objetivos (ídem).

Amazon cuenta con más de un millón de empleados en el mundo, la mayor parte de ellos en Estados Unidos. Tuvo un enorme crecimiento a partir de la pandemia.

Los trabajadores vienen luchando por poner en pie un sindicato. En marzo, los empleados del depósito de Bessemer, Alabama, lograron que se convoque una consulta sobre la cuestión. La patronal lanzó una campaña intimidante y logró que el planteo fuera rechazado, con 1.798 votos en contra y 738 votos a favor.

De todos modos, el sindicato que patrocinó la consulta presentó un recurso ante la Junta Nacional de Relaciones Laborales. Un funcionario de ese organismo evaluó que debido a las presiones de Amazon, la elección debería rehacerse. El tema está ahora en manos de una dirección regional del organismo citado (EzAnime.net, 15/9).

Tras la derrota de la consulta sindical, Amazon procedió a un aumento de sueldos, que llevó el inicial a entre 18 y 22,50 dólares la hora, como un modo de tratar de ahogar las tendencias organizativas.

A comienzos de septiembre, algunos trabajadores de la compañía se movilizaron en Manhattan, Nueva York, junto a la Asamblea de Trabajadores contra el Racismo, reclamando el derecho a la sindicalización (Spectrum noticias, 6/9).

La guerra no ha terminado.

En esta nota

También te puede interesar: