07/03/1996 | 484

El ‘bluff’ de Aznar

El viernes previo a las elecciones generales españolas, el alza de la Bolsa de Madrid mostraba la euforia de la burguesía española ante el anunciado triunfo del derechista José María Aznar sobre Felipe González. “Nunca en la España post-franquista, ningún partido político recibió de parte de los empresarios un respaldo público tan explícito como el Partido Popular” (Financial Times, 20/2/96).


Sin embargo, en sus trece años de gobierno, González abarató los despidos e impuso una salvaje ‘flexibilización laboral’ que duplicó la desocupación (a pesar del crecimiento económico español) y precarizó por completo la situación de los trabajadores. Hoy, más del 35% de los trabajadores son ‘contratados’ a seis meses (o menos) de plazo. Como lo reclamó la burguesía española (y en contra de sus propias promesas electorales), Felipe González mantuvo a España dentro de la Otan. Como lo reclamó la burguesía, González llevó adelante una política de ‘mano dura’ contra la ETA y los separatistas vascos que llegó, incluso, al montaje de un aparato terrorista de Estado –los llamados GAL, versión española de la ‘Triple A’ lopezreguista. Esta política rabiosamente capitalista le valió al PSOE español el apoyo de los explotadores españoles y del imperialismo mundial.


No existían entre Aznar y González diferencias políticas de fondo. Aznar había prometido un ‘manto de olvido’ para el escándalo del terrorismo estatal y había llegado a un ‘acuerdo de caballeros’ con González para mantener un ‘pacto de silencio’ sobre la cuestión jubilatoria hasta después de las elecciones, un síntoma seguro de que ambos pretendían meterle la mano en el bolsillo a los trabajadores.


¿Qué llevó entonces a la burguesía española a “saltar el cerco” (Financial Times, 20/2) y dar su apoyo a Aznar? Según los propios capitalistas españoles, la necesidad de un gobierno con mayoría parlamentaria propia, que tuviera la ‘autoridad’ necesaria para aplicar el programa que ambos candidatos compartían. Aznar, sin embargo, no consiguió la mayoría; sólo obtuvo 157 bancas, muy lejos de las 176 necesarias. Entonces, la victoria se convirtió en derrota y la euforia bursátil en crisis política.


El gobierno que debía ser ‘fuerte’ por obligación ha quedado a merced de los partidos nacionalistas vasco y catalán, a los que necesariamente deberá recurrir si quiere formar gobierno. “Pero –advertía el Financial Times dos semanas antes de las elecciones– será extremadamente difícil que el PP logre atraer a esos partidos a alguna forma de entendimiento, menos todavía a una coalición”. Tan precaria es la situación del ‘vencedor’ Aznar, que cabe la posibilidad —evocada por el propio González— de que el PP ni siquiera pueda formar gobierno.

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