25/02/2020

El coronavirus agrava la crisis mundial con nuevos desplomes

La multiplicación de los casos y la extensión a otros países atizan los efectos de la bancarrota mundial.

El día de ayer estuvo dominado por el efecto caótico en los mercados mundiales provocado por las advertencias de la OMS respecto a la propagación del coronavirus: “el mundo debe prepararse para una posible pandemia”.


El virus ya cuenta con 2.442 víctimas fatales y unas 77.000 personas contaminadas, solo en China. Ya hay registrados unos 43 casos de infecciones y 8 muertes en Irán; más de 200 casos en Italia, que suman ya 7 muertes; en Japón se estiman 850 afectados y 4 muertos; en Corea del Sur se trata de 977 casos contaminados y son 10 los muertos; y la lista sigue, sumando focos infecciosos en al menos unos 29 países (Israel, Kuwait, Bahrein, Afganistán, entre otros). Esta propagación del virus por fuera de China empujó a un derrumbe generalizado de las bolsas y el mercado financiero global.


La situación crítica de China ha afectado de forma drástica a su economía, planteando la virtual paralización de la industria y los servicios, lo que ha desencadenado un efecto dominó con consecuencias gravosas pata toda la economía mundial.



China se ubica hoy como la segunda economía mundial con participación en gran parte del engranaje económico y productivo del mercado global. De ella dependen las industrias de varios países, así como de la provisión de sus piezas, componentes y suministros. La paralización de la industria china ha traído como consecuencia la caída de la demanda de insumos y la suspensión de los contratos de importación alegando como causal las cláusulas que se amparan ante eventos de “fuerza mayor”. Por su peso, esto ha significado la caída de los precios de las materias primas industriales (cobre, aluminio, gas natural líquido, etc.), lo cual también ha contribuido a depreciar las monedas de los principales países exportadores de las mismas, entre ellos Brasil, Sudáfrica y Australia (New York Times, 13/2). Algo similar ocurre con las materias primas las cuales se ven afectadas con la caída de las importaciones del principal país importador del mundo. La crisis china también se ha trasladado a la industria automotriz y tecnológica, que dependen en gran medida de insumos y componentes que se fabrican en el país. En tanto, el aislamiento de ciudades enteras también ha provocado una caída en el consumo interno.


El efecto coronavirus también ha contaminado los mercados financieros, principalmente a operaciones especulativas de alto riesgo. Los capitales especulativos salen de los activos y posiciones más riesgosas para refugiarse en activos seguros como el oro y bonos del Tesoro de los Estados Unidos. En esta línea se han derrumbado las acciones argentinas en Wall Street, llegando a montos de hasta el 8,5% y haciendo aumentar el riesgo país. Se espera que cuando el mercado de valores argentino inicie sus operaciones mañana se refleje una caída de los principales activos financieros.


La amenaza de una extensión global del virus está sacudiendo a la economía mundial ya que plantea sumar una variante de crisis a un mercado mundial sumergido en las profundidades de la bancarrota económica y la puja entre bandos capitalistas. La crisis del coronavirus ha agudizado esta tendencia a la crisis, acentuando las estimaciones y los pronósticos respecto a la reducción del crecimiento de las principales economías. De replicar los efectos chinos a Europa y el resto del mundo, podríamos encontrarnos ante un escenario de un total descalabro de la economía mundial inducido por la aplicación unilateral de cada país de medidas restrictivas para enfrentar la extensión del virus, lo cual conllevaría la suspensión y ruptura de un sinnúmero de contratos y acuerdos comerciales internacionales.


En resumen, el coronavirus se ha transformado en un agravante de la crisis capitalista mundial.

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