07/04/2011 | 1171

El desastre nuclear en Japón

No sólo las plantas nucleares son obsoletas

-Exclusivo de internet

Semanas antes del terremoto y tsunami, las agencias repetían la noticia que Japón había sido superado por China como segunda economía mundial. La recesión en Japón, iniciada con la crisis de la propiedad inmueble y el hundimiento de su bolsa en 1989, se cruza con el crecimiento a tasas alta de la economía china.

El retroceso de Japón fue acentuado por la suba del yen y las dificultades para exportar. Pero también la calidad de sus productos está en declive. Se revela en los reclamos sin precedentes a Toyota por vehículos con fallas y defectos. El presidente de la empresa tuvo que dar explicaciones en el Congreso de Estados Unidos. Hasta mayo de 2010, esas fallas produjeron 89 muertes. El gobierno de Estados Unidos la penalizó con la mayor multa a una empresa, por 16,4 millones de dólares, que la empresa no apeló.

Obsolescencia nuclear

En diciembre de 2008, la Agencia Internacional de Energía Atómica (Iaea) decía que «las reglas de seguridad están desactualizadas», lo que produciría «serios problemas para las estaciones nucleares de energía» ante un fuerte terremoto. La planta de Fukushima está diseñada para «soportar terremotos de magnitud 7.0», según revelaciones de cables de WikiLeaks; el terremoto del 11 de marzo fue de magnitud 9.0.

La planta accidentada, fabricada y operada por Tepco comenzó a operar en marzo de 1971 con tecnología del ’50 y debía salir de funcionamiento en febrero de 2011, semanas antes del accidente, según las autoridades japonesas (http://en.wikipedia.org/wiki/Fukushima_I_Nuclear_Power_Plant ).

El «gobierno japonés se opuso al cierre de otras plantas nucleares en el oeste de Japón» que presentaban riesgo ante terremotos. En la Agencia de Seguridad Nuclear Japonesa (JNISA), «creían que los reactores eran suficientemente seguros y los análisis de seguridad eran apropiadamente conducidos» (Daily Telegraph, 15/3).

The Guardian hace referencia a un incidente de Kushiwazaki, un reactor en el noroeste de Japón, donde, un terremoto de escala 6.8, el 16 de julio de 2007, produjo un incendio de dos horas y permitió contaminación radiactiva de agua filtrada de la planta. Los ministros japoneses ignoraron advertencias sobre los reactores nucleares», dice en el titular (12/3).

Revisión total

Japón tiene 54 reactores nucleares -más de la décima parte del total mundial- establecidos en una zona geológicamente inestable y con alta densidad de población. «Obviamente -dice un experto-, Japón tendrá que repensar todo» (Daily Telegraph, 19/3).

Al gobierno y los expertos japoneses les cabe toda la responsabilidad de lo sucedido, no ha sido un «accidente», ha sido negligencia criminal. Ya se han detectado «trazos de radiación de la planta de Japón dañada (en Estados Unidos) desde California hasta Massachusetts, llevada a través del Pacífico, por ríos o el viento. Funcionarios dicen que no hay riesgo para la salud pública». También se han detectado «trazas de radiación en Canadá, Corea del Sur, China y Alemania» (Wall Street Journal, 29/3).

«La canciller Angela Merkel ha dicho que cerrará siete de las 17 plantas nucleares». El argumento es su obsolescencia, ya que son anteriores a 1980. Y ha dejado un alerta sobre la vetustez de todo el parque nuclear mundial (Daily Telegraph, 19/3).

Es uno de los sectores, a nivel mundial, donde no hay inversiones suficientes para renovar las plantas. El número de reactores en construcción es inferior a los que ingresan a la vejez. Están en construcción 65 reactores, 27 de los cuales están en China, cuyo gobierno dice que paralizó todos los proyectos. La agencia atómica del Reino Unido ha dicho que hay que esperar a las nuevas reglas que emergerán luego de la catástrofe de Yukushima (Daily Telegraph, 23/3).

Los reactores en actividad que tienen más de 30 años, son 154 y representan el 35% del total; y con 25 años hay funcionando 304 (69% del total) y no hay proyectos para renovarlos (www.world-nuclear.org).

Un cable de la CNN titula: «La mitad de los reactores de Estados Unidos tienen más de 30 años». En Estados Unidos, el 20% de la electricidad se genera en plantas nucleares».
Hay 440 reactores nucleares operando en 30 países, con una capacidad combinada de 376 GWe. En 2009 proveyeron 15% de la electricidad mundial (www.world-nuclear.org).

Por casa

Un editorial del New York Times dice que: «El tipo de reactor usado en la planta de Fukushima -hecho por General Electric, conocido como Mark 1, un reactor de agua en ebullición- es largamente conocido por su débil sistema de contención» (¡!). Esto explica por qué la contaminación radiactiva alcanzó niveles tan altos y se extendió a miles de kilómetros de Fukushima. El comentario recomienda revisar las plantas nucleares en California, construidas en una «zona sísmica», la falla de San Andrés.

El presidente de Francia, cuyo país es provisto en un 75% por energía nuclear, anunció que «todas las plantas nucleares tendrán una revisión», aunque será «voluntaria».

Radiación y petróleo

Hace un año, British Petroleum y Deepwater Horizont, Halliburton y Transocean produjeron en el Golfo de México el mayor derrame de petróleo de la historia; fue un acto de negligencia para bajar costos. Anadarko acusó a BP de «groseramente negligente»; se usaron malos materiales en la perforación. Halliburton proveyó cemento de baja calidad para sellar el pozo y el gobierno no tenía capacidad ni tecnología para controlar la extracción, dice The Economist en «Marea negra y abogados manchados» (2/11/10).

Tepco, la empresa propietaria de la planta de Fukushima- está quebrada. No tiene fondos para hacer frente al desastre ecológico y humanitario que ha provocado. Luego de distribuir dividendos por producir «energía barata», ahora el gobierno de Japón le dará fondos para enfrentar la tragedia.

Las nuevas plantas en proyecto, su rediseño ante el accidente de Fukushima, con nuevas normas de seguridad estarán en el debate. Los inversores privados se alejaran de todos los proyectos luego de este accidente y los gobiernos deberán cargar con el financiamiento de los proyectos en curso. El uso de «energías alternativas» tendrá un nuevo impulso. Un experto comenta que: «La mayoría de las plantas nucleares en países desarrollados, incluido Japón, fue construida hace 30-40 años y están cerca del fin de su vida útil». Los verdes tendrán quiénes financien sus proyectos (Financial Times, 27/3).

Japón se respaldó en la producción de energía (recordemos que estamos hablando de la tercera economía mundial) en plantas obsoletas administradas por Tepco, hoy técnicamente quebrada, cuando otras alternativas de producción de energía están al alcance de la mano. La energía geotérmica y eólica. Las acciones de Tepco cayeron a un cuarto de su precio antes del «accidente». Japón, sin embargo, está situado en un colchón de lava volcánica, el «Círculo de fuego», que tiene 108 volcanes en actividad que pueden proveer energía para calefacción de los hogares, para descongelar las carreteras, etc. Y con menos contaminación.

Pero antes de que se produzca un cambio, la demanda de petróleo producirá nuevas tensiones en el «mercado del crudo», mientras las revoluciones árabes reducen la oferta. La demanda en el corto plazo puede incrementarse y producir subas en sus precios, de un ingrediente inflacionario en la economía mundial.

«Efecto monetario» de la reconstrucción de Japón

Luego del terremoto, la moneda japonesa -el yen- se valorizó, pero mucho menos que cuando el terremoto de Kobe (1995). En aquella subió 25% en pocas semanas, la repatriación de fondos para la reconstrucción y el desarme de posiciones apalancadas llamadas «carry trade», que consisten en endeudarse en yenes y poner el dinero a tasas mayores en el extranjero, el desarme de estas posiciones pueden generar «caídas» como el viernes (1º/4) en su cotización. El G7 esperó el mismo fenómeno de «Kobe» y puso a actuar «toda su artillería», pero no fue necesario el yen; luego de un «fortalecimiento» inicial, se «devaluó» frente al dólar y ahora cotiza a menor valor que el momento del terremoto-tsunami.

¿Un cambio de tendencia?, analistas dicen que con una deuda de 250% del producto bruto, la moneda japonesa puede comenzar una declinación. Si esto sucede, un nuevo ingrediente se colará en la «guerra monetaria», coches japoneses, memorias de computadoras, productos electrónicos de bajo costo pueden inundar el mercado mundial. Y al interior de Japón, las importaciones para la reconstrucción y la mayor dependencia de combustibles fósiles agregarán inflación.

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