03/06/2004 | 853

¿El Ejército norteamericano será la próxima baja en la guerra de Irak?

El gobierno de Bush envió el Ejército a Irak para destruir el régimen asesino de Saddam Hussein y para salvar al pueblo iraquí. Soldado por soldado, esta fue la fuerza más capaz y preparada que esta nación jamás ha enviado a un campo de batalla.


Pero debido a la forma en que ha manejado la guerra y la posguerra, podría terminar socavando la eficacia del Ejército y poniendo en peligro a nuestra seguridad nacional.


El Ejército está estirado en una capa muy fina.


El gobierno de Bush decidió echar a Saddam en el otoño de 2001, poco después de atacar Afganistán y aproximadamente 18 meses antes de la invasión. Debido a que necesitaba tropa del Ejército para hacer la guerra contra los talibanes y contra Al-Qaeda y para cumplir con compromisos del Ejército en los Balcanes, en el Sinaí, y en Corea, el gobierno debe haber usado ese tiempo para aumentar el tamaño del Ejército activo de 10 a 13 divisiones (hasta 15.000 tropas conforman una división). Aún sigue resistiendo agregarlas.


En vez de hacer eso, el gobierno decidió luchar en Irak a la baratilla. Desoyendo el consejo de profesionales militares veteranos que le indicaron al gobierno que se iba a necesitar a varios centenares de miles de combatientes, la administración sólo envió a 130.000 tropas a Irak.


La administración agravó el problema al dejar de proveer a las tropas de una guía respecto de qué hacer después de la guerra o no darles los equipos adecuados para llevar a cabo una ocupación. Les dijeron a las tropas que iban a ser saludados como libertadores, que su número la iba a reducir a 30.000 para los finales del verano de 2003, que varias naciones iban a comprometer grandes cantidades de tropas y que una parte importante de la seguridad en Irak se iba a manejar el ejército iraquí y fuerzas de policía, que quedarían intactos.


Como nada de este escenario halagüeño se ha hecho realidad, el Ejército y los Estados Unidos han sufrido en varias formas.


Primero, en vez de volver a casa para una marcha triunfal, como hicieron después de la Guerra del Golfo Pérsico, las tropas invasoras fueron obligadas a permanecer en Irak por lo menos un año.


Segundo, las tropas emprendieron misiones para las cuales no fueron entrenadas o equipadas. Por ejemplo, cuando cayó el régimen de Saddam, sólo 2% de los Humvees (vehículo multi-propósito y resistente) fueron blindados. Esto condujo a una alta tasa de bajas sumamente inesperada. Aproximadamente 14 meses después de la invasión, casi 800 soldados norteamericanos han sido muertos, y el Ejército estima que la cuarta parte de los muertos en combate en Irak podrían estar vivos hoy si hubieron podido contar con más blindaje alrededor de ellos.


Tercero, muchas unidades de la Guardia Nacional y de las reservas han sido movilizadas y enviadas a Irak y a Afganistán con poca anticipación y con poco o ningún entrenamiento –la Brigada 800 de Policía Militar encargada de la cárcel Abu Ghraib, por ejemplo). Durante el primer año de ocupación, cerca de 20% de las tropas eran de la Guardia y las reservas. Este número ha crecido hasta llegar a 40% en el segundo año.


Cuarto, muchas unidades, incluyendo las reservas, han tenido extendido su período de servicio de un año, y algunos han sido enviados de vuelta a Irak o a Afganistán antes de pasar siguiera un año en sus casas.


El Ejército está estirado en una capa tan delgada que está retirando 10% de las tropas en Corea para enviarlas a Irak, y movilizando algunos de los 17.000 miembros de las Reservas Preparadas Individuales (soldados que no entrenan con ninguna unidad y cuyo nivel de preparación es por lo tanto sospechoso). Además, el estado global de preparación del Ejército ha sufrido.


Las cuatro divisiones que acaban de volver de Irak no estarán listas para el combate por seis meses, y el Ejército ha tenido que cancelar casi la tercera parte de sus ejercicios de entrenamiento programados durante el último año. Nueve de las 10 divisiones del Ejército o están llegando de o yendo a Irak y Afganistán, y 24 de 33 de sus brigadas de combate están en aquellos dos países.


Encuestas llevadas a cabo por publicaciones del Ejército como Stars and Stripes y The Army Times demuestran que estas novedades están teniendo un efecto devastador en la moral de las tropas.


La política de “parar las bajas”, que fue instituida hace más de un año, impide que individuos abandonen el servicio militar desde el momento en que su unidad es notificada de que será desplegada hasta 90 días después de que vuelvan.


No hemos llegado aún al punto en que tendríamos que retirar de Irak el Ejército para salvarlo, pero estamos cerca. Precisamente como Vietnam destruyó al Ejército de conscriptos, Irak podría destruir el Ejército todo-voluntario.


No extraña que el Colegio de Guerra del Ejército diga que el Ejército se está acercando a su punto de máxima tensión tolerable, y que el teniente general retirado del Ejército William E. Odom plantee que, por el bien de nuestra seguridad, deberíamos retirar nuestras fuerzas de Irak lo más rápido posible.


Para remediar la situación, el gobierno necesita agregar dos divisiones de servicio activo lo antes posible. Una demora colocará al Ejército y al país en peligro.