21/07/2005 | 909

El embajador yanqui le pide explicaciones a Kirchner

La 'gobernabilidad' en cuestión

El culebrón de la disputa peronista aportó en la última semana la única gran novedad de la injerencia en el entrevero del embajador norteamericano, Lino Gutiérrez. El hispanoparlante se inquietó, ante Solá, por las consecuencias del choque para la gobernabilidad —una preocupación que obviamente el embajador argentino no le presenta a Bush ante el empantanamiento norteamericano en Irak. De donde se concluye que, con Kirchner, a la Argentina colonia se suma ahora un peronismo que se asume también como colonia. Menem ya no es gobierno pero sigue vigente la estructura social y política que impuso en su decenio.


Gutiérrez, que luego acompañó a Kirchner a Lincoln (en lo que resultó a la postre un acto de campaña electoral), sacó como conclusión de la reunión que el kirchnerismo está convencido que la crisis peronista sólo se resuelve con la completa derrota de Duhalde en octubre. Es decir que no habría en carpeta ningún proyecto de reconciliación. En Diputados, sin embargo, parece imponerse la alternativa de una conducción tripartita del bloque peronista, en reemplazo de la jefatura de Díaz Bancalari, o de un jefe equidistante, que podría ser Jorge Argüello. Los kirchneristas, o un sector al menos, sostienen que hay que romper el bloque y formar uno de carácter peronista-transversal. Este enfoque ya había sido adelantado por Kirchner y por su mujer, que evaluaron, en distintos actos públicos, que el peronismo sería un fenómeno histórico agotado y que la renovación política pasaría por una nueva coalición —de características centroizquierdistas. Que Cristina se encuentra animada de un espíritu de cambio no deja de sorprender, cuando se recuerda que en una de sus recientes visitas a Francia se declaró bonapartista, o sea chiraquiana (del partido que fundó De Gaulle). De todos modos, la pareja presidencial se desayuna cuando ya es la hora de la merienda, porque nadie puede sanamente sostener como una novedad, después de la experiencia isabeliana y de diez años de menemato, el agotamiento del peronismo como realidad histórica. La verdadera medida de la descomposición del peronismo, en la actualidad, es que ninguna de sus facciones ni dirigentes ha sido capaz todavía de darle sepultura, cristiana o no, varias décadas después de su agotamiento. Para colmo de pesares los kirchneristas quieren ‘aggiornar’ la política nacional mezclando a punteros como Othacehé o Ishi o a otros más encumbrados como De la Sota, con desempleados políticos que quedaron a la vera del camino como consecuencia del inolvidable derrumbe de la Alianza. De lo que trama el kirchnerismo nunca podrá decirse que “juntos son polvorita”.


¿Gutiérrez quedó convencido de lo que le dijeron? Lo sabremos cuando se abran los archivos dentro de treinta años, pero mientras tanto la reacción de su patrón fue poner en duda su presencia en Mar del Plata, en noviembre, en la Cumbre de las Américas. En Washington deben pensar que tener que chuparse una crisis peronista, con todo lo que ya les pasa en Irak y con los continuos reveses que sufren en América Latina, sería un poco más que mucho. ¿Le alcanzará con la promesa que debe haberle hecho Kirchner de militarizar a ‘La Feliz’? Después de tanto denigrar a los piqueteros, Bush puede llegar a tener que vérselas con ellos, y muchos más, por supuesto.


Otro capítulo del culebrón tiene que ver con Lavagna, que ha quedado convertido, si no en prenda de unidad, al menos en prenda de la gobernabilidad —lo que no es poca cosa cuando los grandes capitales están haciendo en Argentina beneficios fabulosos. Moyano le pegó al ministro repetidas veces, lo que no deja de ser una señal. El fin del ciclo de Lavagna, sin embargo, no solamente lo anuncia la desintegración del peronismo sino también el estallido inflacionario, porque pone al desnudo que su programa de peso barato llega a su fin. Los capitalistas vuelven a hacer plata especulando con la deuda pública, lo que significa que quieren una revalorización del peso frente al dólar. Esta es, por el momento, de todos modos, la tendencia mundial, incluso después de la caída del euro que siguió al fracaso del referendo francés. Kirchner quiere las manos libres para usar el dinero público en negocios privados, como la promesa de financiar a las contratistas españolas que quieren ensanchar la General Paz con financiamiento del Banco Nación. O como ocurrirá seguramente con el ingreso del grupo Dolphin en Edenor, que será debidamente ‘apoyado’ por la caja del Estado nacional.


Los consultores del kirchnerismo están anunciando por anticipado una victoria por goleada para el gobierno, incluso que el duhaldismo no llegará al segundo lugar en los comicios bonaerenses; declaran que la oposición, en cualquiera de sus variantes, ya descuenta una derrota por muerte. Veremos dijo Lemos. Lo único cierto en todo esto es que la oposición patronal se encuentra desmoralizada ante la evidencia de los apoyos económicos que recibe el gobierno de todos los capitalistas. La semana que acaba de pasar vio a los pulpos españoles otorgar un espaldarazo de esos a De Vido, el tesorero de la familia, que a cambio les ha reservado nuevos negocios y mejores tarifas. (Las nuevas emisiones de deuda pública fueron holgadamente sobresuscriptas.) Kirchner también sumó a la CGT. Pero las contradicciones sociales, más poderosas que nunca, están ahí, prosiguiendo su trabajo de topo. De un modo u otro, la enésima tentativa de la burguesía de sacar a Argentina adelante terminará en un fracaso más agudo que el de las que la precedieron. Con esta perspectiva el Partido Obrero está avanzando con sólidos pasos en el reagrupamiento político de la izquierda y de los luchadores. Lo que acaba de ocurrir en Santiago del Estero es sólo otro mojón.

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