El entorno económico de Bin Laden

Que Bin Laden fue un antiguo agente de la CIA, responsable de los grupos islámicos que intervinieron en Afganistán contra las tropas rusas, ya se sabía. Que es agente financiero de uno de los clanes de la gran burguesía saudita y de los príncipes del petróleo, es igualmente notorio, aunque los medios se han extendido menos sobre la cuestión. Pero en esta historia, ¿cómo desenmarañar lo tuyo de lo mío, los intereses financieros norteamericanos de los intereses sauditas?


Es que Arabia Saudita, compartida o no entre los clanes principescos, es a la vez la base militar, la plataforma petrolera y la principal agencia financiera de los Estados Unidos en la región. Por cierto, desde hace varios años la clase dirigente saudita está dividida entre pro y anti-norteamericanos y el poder está en la balanza. El control de los recursos petroleros está en juego. El clan que quiere desembarazarse de la presencia militar norteamericana ha puesto sus esperanzas en Bin Laden, es decir, sobre los métodos terroristas (¡que en este caso son cualquier cosa menos el arma de los pobres!). Pero la nebulosa financiera ligada a Bin Laden (a través de la cual un gran número de los mayores bancos y holdings financieros sauditas invierten en Estados Unidos, Inglaterra y Francia) está íntimamente ligada a los intereses de los bancos y sociedades norteamericanas. Terrorista o no, la gran burguesía principesca saudita forma parte de las finanzas occidentales y de sus mafias petroleras. Si Bush quisiera realmente declararle la guerra a los socios de las redes terroristas de Bin Laden, sería a la muy reaccionaria Arabia Saudita (que en materia de oscurantismo religioso no tiene nada que envidiarle a los talibanes) a la que tomaría por blanco, no a Afganistán. Pero la Arabia Saudita es tabú. Y con razón. Más allá incluso de lo que se imagina.


Esto es por lo menos lo que revela un informe oficial norteamericano titulado “Entorno económico de Osama Bin Laden”. Este informe, redactado en diciembre de 1999 y actualizado por última vez en junio de 2001, ha sido citado el 26 de septiembre en el Senado norteamericano. Realizado por el Tesoro estadounidense, está publicado en el sitio de información económica norteamericano “Intelligence Online” y es citado en el cuadro de la lucha contra la nebulosa financiera de Bin Laden. Da una lista completa de múltiples sociedades capitalistas, de financistas internacionales y de hombres políticos cuyos intereses se entrecruzan con los de Bin Laden, entre los que se encuentran no sólo numerosas sociedades norteamericanas e igualmente ciertos dirigentes norteamericanos conocidos como James A. Baker III, antiguo secretario de Estado del presidente George Bush; Frank C. Carlucci, antiguo secretario de Defensa del presidente Ronald Reagan; Richard G. Darman, antiguo director de la Oficina de Presupuesto del presidente George Bush (1989/93), y John Sununu, antiguo secretario general de la Casa Blanca (presidencia de George Bush), sino también ¡los propios Bush padre e hijos! Parece entonces que si la familia real saudita no tiene ningún secreto para Bin Laden, la familia presidencial norteamericana, ella también muy extendida, tampoco casi los tiene.


Según el mismo informe, todos esos dirigentes norteamericanos mantienen relaciones de negocios con el principal sostén financiero de Bin Laden, el multimillonario saudita Ben Mahfouz, a través del fondo de inversiones norteamericano Carlyle Group, como así también otro importante número de sociedades: “George W. Bush ha sido entre 1990 y 1994 miembro del Consejo de Administración de Caterair, filial del Carlyle Group (…) Abdullah Taha Bakhsh, inversionista saudita y socio de Khalid Ben Mahfouz y Gaith Pharaon, se ha convertido en accionista de la empresa de Bush, Harken Energy Group, con alrededor del 11,5% de las acciones en 1987 (…) Talat Otham es miembro del norteamericano Consejo de Políticas del Medio Oriente, junto a Frank C. Carlucci. James R. Bath, que representaba en los Estados Unidos los intereses de Salem M. Bin Laden en los términos de un acuerdo de administración de 1976, entró a fines de los años ‘70 en el capital de dos sociedades de responsabilidad limitada llamadas Arbusto, propiedad de George W. Bush (entidades luego fusionadas en Harken Energy), con una inversión de 50.000 dólares.


¿Hacer la limpieza en esta alta sociedad? Habría demasiados daños colaterales en lugares muy altos. Entonces, hay que hacerles pagar a los campesinos afganos, los cuales por lo menos no tienen un solo dólar que perder. Y si los sobrevivientes no tienen pan, ¡qué coman manteca de maní! Los Bush son generosos.