El “establishment” celebra la victoria de Obama por anticipado

El lunes 27, Wall Street tuvo una espectacular suba del 11 por ciento, a pesar de que las "novedades" provenientes de los bancos y empresas siguen siendo "tan negras" como en los últimos dos meses. La eventual reducción de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal -con la que algunos pretendieron explicar semejante euforia de los especuladores-   es menos que una aspirina... después de que los salvatajes por varios billones de dólares no lograran impedir que las bolsas del mundo siguieran cayendo.

La explicación del jolgorio de los especuladores que operan en Nueva York la dio un comentarista de la CNN: a una semana de las elecciones presidenciales, las encuestas parecen confirmar no sólo que el candidato Barak Obama se va a alzar con la presidencia sino que, además, logrará amplias mayorías en ambas cámaras del congreso. En otras palabras, la espectacular suba del lunes 28 es el "voto anticipado" de Wall Street por Obama.

No es para menos. El candidato demócrata se ha rodeado de verdaderos "próceres" financieros como Paul Volcker (jefe de la Reserva Federal bajo Carter y Reagan), Larry Summers y James Rubin (funcionarios de Clinton).

Los grandes "nombres" del "establishment" norteamericano están con Obama, no sólo en el campo económico. Lo apoyan Kissinger, Colin Powell (ex canciller de Bush) y los más importantes medios de la prensa de los Estados Unidos. No sólo eso: es el candidato que más fondos recaudó en toda la historia de Estados Unidos.

No hay la menor duda. Barak Obama es el candidato del "establishment" norteamericano, que impulsa un giro político de conjunto que pueda sacar al Estado de la bancarrota financiera, la crisis política y el empantanamiento militar al que lo han llevado ocho años de gobierno de derechistas y neoconservadores.

Lo que saludan los especuladores de Wall Street, los expertos de relaciones exteriores y los voceros de los militares es que el voto del 4 de noviembre llevará a la presidencia al hombre que, en su opinión, es el único calificado para rearmar la autoridad política del Estado frente a los explotados norteamericanos, las burguesías rivales y los países oprimidos. Es decir, de los que -en opinión de la burguesía norteamericana- deberán pagar el costo de la crisis y de la reconstrucción económica.