Internacionales
2/7/2026
El fantasma del socialismo recorre también Estados Unidos
El "efecto Mamdani”, su alcance y contradicciones.
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Las recientes primarias demócratas en el Estado de Nueva York constituyen uno de los acontecimientos políticos más significativos de 2026 en Estados Unidos. Tres candidatos respaldados por el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, derrotaron a representantes del aparato tradicional del Partido Demócrata, dos de ellos congresistas en ejercicio. El resultado confirmó que el llamado "efecto Mamdani" no fue un episodio aislado vinculado únicamente a su victoria como alcalde, sino la expresión de una corriente política organizada que comienza a disputar espacios de poder dentro del Partido Demócrata.
¿Qué expresa este triunfo?
El fenómeno combina varios procesos de fondo.
En primer lugar, un descontento creciente de la población con respecto a la gestión de Trump. Existe una decepción con las promesas del magnate respecto a la resurrección de EE.UU. La economía está a los tumbos, hay un recrudecimiento inflacionario lo cual ha pegado un nuevo salto con la guerra en Irán y un deterioro de las condiciones de vida. Este inconformismo se ha empezado a traducir en las calles con las movilizaciones multitudinarias presididas por la consiga “No Kings” (ningún rey).
En segundo lugar, una profunda crisis del establishment demócrata. Amplios sectores de jóvenes, trabajadores precarizados, inmigrantes y profesionales urbanos consideran que el partido abandonó una agenda de reformas sociales para acercarse a Wall Street, Silicon Valley y los grandes donantes.
En tercer término, aparece una radicalización generacional. La vivienda inaccesible, la deuda estudiantil, el elevado costo de la salud y el deterioro del nivel de vida han llevado a una parte importante de los menores de 40 años a cuestionar el capitalismo estadounidense en términos mucho más explícitos que generaciones anteriores.
Finalmente, la guerra de Gaza se convirtió en un catalizador político. La oposición al respaldo de Washington al gobierno israelí generó una fractura especialmente intensa entre los jóvenes demócratas, favoreciendo a candidatos identificados con la izquierda.
Los candidatos impulsados por Mamdani centraron sus campañas precisamente en esos ejes: vivienda, transporte público, sindicatos, salud pública y oposición a la política exterior tradicional del Partido Demócrata.
¿Es un fenómeno exclusivamente neoyorquino? Ya comienzan a observarse réplicas en otros Estados. La noticia más significativa llegó desde Colorado, donde la socialista democrática Melat Kiros derrotó en las primarias a una congresista con quince mandatos consecutivos, otro golpe al aparato demócrata. Reuters interpreta este resultado como parte de una ola de victorias progresistas que trasciende Nueva York.
También existen condiciones favorables en ciudades como Chicago, Seattle, Minneapolis, Portland Boston y en algunos distritos de Los Ángeles y San Francisco. Todas comparten características semejantes: fuerte sindicalización de empleados públicos, alto porcentaje de graduados universitarios, encarecimiento extremo de la vivienda y presencia importante de votantes jóvenes.
¿Existe una simpatía creciente hacia el socialismo? Sí. Las encuestas de la última década muestran un giro importante. Diversos estudios de Gallup, Pew Research Center y YouGov revelan que entre los menores de 30 años la valoración positiva del socialismo supera ampliamente a la existente entre los mayores de 60; una parte considerable de la juventud tiene una opinión tan favorable -o incluso más favorable- del socialismo que del capitalismo, cuya imagen ha disminuido de manera sostenida entre los votantes demócratas jóvenes.
La identificación con el socialismo es vaga, no tiene contornos claros y precisos propios del marxismo clásico ni las corrientes de izquierda que enarbolan esa causa. El término "socialismo” recoge anhelos y aspiraciones sociales como salud universal, educación pública gratuita y el apoyo, de un modo general, a sindicatos fuertes y mayores impuestos a las grandes fortunas. En el plano político, la reprobación a la escalada bélico lanzada por Trump llega casi al 70 por ciento de la población, lo que nos retrotrae en el tiempo, guardando todas las distancias, a la oposición que fue generando la guerra de Vietnam. El rechazo al genocidio palestino y el papel de EE.UU. encabeza la indignación popular. Esto, con todos sus límites y matices, expresa un cuestionamiento a la política exterior norteamericana y, en esa medida, es una condena a la política imperialista. Y como es sabido, la política exterior es una continuación de la política interna. Y es lo que se evidencia en el crecimiento del descontento y de la protesta contra el presidente republicano.
El papel de Democratic Socialists of America (DSA)
El crecimiento del DSA constituye uno de los datos centrales. Después de la campaña presidencial de Bernie Sanders en 2016, la organización pasó de unos pocos miles de afiliados a convertirse en la mayor organización socialista estadounidense en varias décadas. Aunque posteriormente sufrió divisiones y retrocesos, mantiene una influencia considerable en numerosas campañas locales y estatales, especialmente en Nueva York. Mamdani representa precisamente esa nueva generación formada políticamente en torno al DSA y al "sanderismo".
¿Hasta dónde puede llegar la "onda expansiva”? No se nos puede escapar que el Partido Demócrata mantiene un aparato nacional muy poderoso, apoyado por gobernadores, grandes donantes y sindicatos tradicionales. Además, el sistema electoral estadounidense dificulta enormemente la aparición de fuerzas independientes. Sin embargo, la dirección demócrata comienza a percibir que ignorar esta corriente puede tener un costo político importante. Incluso figuras nacionales buscan ahora tender puentes con Mamdani y el ala progresista.
Ahí justamente reside el principal dilema. ¿Cuál es la estrategia que debe abrazar la izquierda?
Mamdani, al igual que Sanders, Alejandra Ocasio Cortez y del DSA plantean disputar un espacio y progresar dentro del Partido Demócrata. Alimentan la ilusión de una transformación interna y hasta un vehículo de un cambio social de uno de los partidos que es pilar del imperialismo yanqui. Bajo esta orientación, el DSA cumple el papel de contener la radicalización de los trabajadores y la juventud en el marco institucional vigente.
Esto representa un callejón sin salida como lo prueba los primeros meses de gestión de Mamdani que ha chocado con la burocracia estatal y el frondoso aparato del Estado capitalista como es el municipio Nueva York. Ha chocado no solo con el gobierno federal de Trump sino también con la cúpula del Partido Demócrata, de la que forma parte la gobernadora del Estado de Nueva York. La reforma propuesta por Mamdani -control de alquileres, transporte público gratuito, impuestos a los ricos, vivienda social- hace aguas por la falta de fondos que el Estado federal como el estadual le retacean. Su gobierno se encuentra cercado y condicionado por el establishment económico y político. Apenas ha podido cumplir, y en forma parcial, la promesa de guarderías gratuitas.
Resortes claves de la ciudad como la policía y fuerzas de seguridad siguen conducidos por funcionarios de la gestión anterior. Es imposible conciliar las aspiraciones de las masas con el Estado capitalista y los partidos que lo sostienen. La satisfacción de las reivindicaciones populares -hasta la más elementales- plantean una reorganización integral del país sobre nuevas sociales, o sea una transformación anticapitalista, socialista, tarea que está reservada a los trabajadores.
Esto solo puede ser llevado adelante rompiendo las ataduras con el Partido Demócrata y la clase capitalista y construyendo una fuerza política independiente y revolucionaria de la clase obrera. No hay atajo posible. Es imprescindible desarrollar este debate entre los miles de trabajadores y jóvenes que han volcado entusiastamente sus simpatías y adhesión a Mamdani y al DSA del cual este forma parte.




