21/09/2021

El gigante inmobiliario Evergrande pone a China en problemas

El anuncio por parte del gigante inmobiliario chino Evergrande de que enfrenta dificultades para saldar sus deudas, ha desatado una gran preocupación en los mercados financieros, que este lunes se expresó en una caída del 11% de la bolsa de Hong Kong. La caída se extendió a otras bolsas del mundo.

Evergrande acumula una deuda superior a los 300 mil millones de dólares, equivalente al 2% del PBI chino. Más de 240 entidades bancarias y financieras están expuestas a esa deuda. Por lo pronto, la firma no ha podido cumplir en fecha con algunos desembolsos y sus pagarés se cotizan al 30% de su valor nominal. En lo que va del año, sus acciones cayeron un 80%.

El grupo creció en los ’90 aprovechando el boom inmobiliario de ese entonces, pero ha basado su crecimiento en un fuerte apalancamiento, es decir que se ha endeudado para financiar sus operaciones. El vertiginoso endeudamiento de las constructoras chinas se estaba haciendo insostenible y llevó a las autoridades chinas a imponer límites el año pasado, lo que detonó la crisis del gigante.

Evergrande es solo la punta del iceberg. La deuda de los promotores inmobiliarios chinos ascendía a 4,4 billones de euros a fines del segundo trimestre de este año. Y los préstamos hipotecarios a 4,8 billones. Para darse una idea de su magnitud, todo el PBI chino equivale a 13,4 billones (El Economista, 20/9).

En base al estudio de 132 empresas del rubro, la consultora Nomura concluyó acerca de estas que “su índice de apalancamiento neto promedio ponderado, definido como deuda neta dividida por el capital, casi se duplicó desde el 58,7% de 2010 hasta el pico reciente del 111,9% en 2017, y se ha mantenido elevado en 91,0% en 2020” (ídem, 15/9). Ante la crisis, Evergrande ha obligado incluso a sus empleados a hacerles préstamos, que en algunos casos ascienden a los 60 mil dólares, y que no está claro que les vayan a ser devueltos.

Paralelamente, hay 1,4 millones de viviendas sin terminar, lo que ha desatado protestas de los compradores, que exigen sus viviendas o el reembolso de su inversión.

Una eventual quiebra de Evergrande no solo tendría un gran impacto sobre el sector financiero, sino sobre toda la economía china, empezando por la industria de la construcción. El sector inmobiliario explicaba el 12% del PBI de la potencia asiática en 2020 (ídem, 20/9). Evergrande es además un comprador de tierras al Estado.

A la luz de todo esto, no está claro si el gobierno chino la dejaría caer, o procedería a un rescate. Pero tampoco son claras las herramientas de que dispone el Estado para un salvataje. A fin de cuentas, la deuda total de China (empresas no financieras, hogares y gobierno) alcanzaba al 280% de su PBI en junio del año pasado (Caixa Bank, 6/4). Por lo pronto, la compañía sopesa una posible reestructuración de su deuda.

La limitación del endeudamiento de las constructoras chinas se enmarca en un mayor intervencionismo por parte de la burocracia gobernante, que incluye pujas con el sector tecnológico, arrestos de algunos empresarios y una mayor presión hacia los evasores de impuestos.

Por un lado, a la burocracia, que quiere conducir el proceso de restauración capitalista en sus propios términos, le asusta la creciente autonomía de la clase capitalista. Por otro, le alarma la situación social y la posibilidad de movilizaciones populares, ya que la pandemia ha significado grandes penurias para la población, pero a la vez los ricos se han hecho más ricos. “No podemos permitir que la brecha de la riqueza se convierta en un abismo infranqueable”, advirtió Xi Xinping en un discurso en julio, en que también alertó que el colapso de la URSS obedeció a que “el Partido Comunista de la Unión Soviética se separó del pueblo y se convirtió en un grupo de burócratas privilegiados preocupados solo por proteger sus propios intereses” (citado por Michael Roberts, «China y la prosperidad común», Sin Permiso, 14/9).

La burbuja especulativa que ahora amenaza con pincharse en China, con sus secuelas dentro del gigante asiático y en el resto del mundo, es una expresión más de la crisis capitalista. Esa crisis requiere la intervención independiente de los trabajadores en todo el mundo.

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