El imperialismo busca un punto final

Abajo la condena contra Manning

El soldado Bradley Manning, responsable de la filtración de cables secretos sobre los crímenes de guerra del imperialismo yanqui (que difundiera Wikileaks), fue finalmente condenado a 35 años de prisión por un tribunal militar. La fiscalía, que había solicitado 60 años de cárcel, no pudo probar la acusación principal de "colaboración con el enemigo", por lo que resultó finalmente condenado por otros cargos -entre ellos, por violación de la Ley de Espionaje (profusamente aplicada por el gobierno de Obama en los últimos años).


Una condena ejemplificadora


El fallo contra Manning constituye un intento del imperialismo de poner un freno a las revelaciones masivas de estos años sobre sus crímenes de guerra y sobre el gigantesco aparato de espionaje que ha montado contra otros países y contra su propio pueblo. El fallo es también una advertencia contra aquellos que simplemente difundan las filtraciones desde la prensa. Al mismo tiempo, el destino de aquellos que desafiaron el aparato de espionaje busca actuar como un factor adicional de amedrentamiento: Edward Snowden, cuyas filtraciones pusieron en evidencia el programa de vigilancia electrónica (Prism) de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), se encuentra asilado en Rusia, y Julian Assange (Wikileaks) se encuentra virtualmente encarcelado en la embajada ecuatoriana en Londres. El gobierno británico, involucrado en esta trama por las revelaciones de Snowden sobre los vínculos de sus servicios de espionaje con la NSA yanqui (también se sabe de los vínculos de esta agencia con los servicios alemanes), ejerce una presión abierta para frenar las divulgaciones del periodista Glen Greenwald en The Guardian: detuvo durante varias horas a su pareja en el aeropuerto de Londres y reclama la devolución del material filtrado por Snowden. Los periodistas del diario británico protagonizaron, en el sótano del diario, una pequeña rebelión: frente al intento de dos espías de confiscar una computadora, optaron por destrozarla a golpes ante sus ojos para no entregarla -previa remisión al exterior de una copia de ese material.


Aunque el imperialismo ha condenado a Manning, fracasó en su intento por demonizarlo y legitimar el accionar del aparato de espionaje bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo. La figura de Manning ha ganado un notable ascendente en sectores de la intelectualidad y la cultura, así entre asociaciones civiles. Hasta Lady Gaga, la estrella de la música pop que cuenta con 40 millones de seguidores en twitter (cinco millones más que Obama), se pronunció contra el fallo desde su cuenta. El diario La Nación (22/8) afirma que "la posible popularidad y 'elevación a mito' de Manning a partir de ahora es una de las posibilidades que se manejan en medios políticos".


Estado de excepción


A todo esto, las revelaciones sobre la magnitud del aparato de espionaje no cesan. The Wall Street Journal ha revelado que la NSA "conserva el contenido de cada uno de los correos electrónicos que se intercambian los ciudadanos estadounidenses, así como las llamadas telefónicas vía internet" (ídem). También se sabe ahora que Facebook y Google, entre otras compañías que operan en internet, son debidamente remuneradas a cambio del alquiler de su base de datos a los servicios secretos.


La condena contra Manning simboliza el estado de excepción que reina en Norteamérica y la tendencia del capital a gobernar por medios cada vez más autoritarios frente a la crisis. Para sostener su política imperialista, los Estados necesitan avanzar en una militarización creciente de sus propias sociedades y en la supresión de derechos civiles. Luchemos por la libertad para Manning.