18/04/2002 | 750

El «orden» no reina en Cisjordania

Si no es Auschwitz, la acción del ejército sionista se parece en mucho a la del ejército nazi en Varsovia para enfrentar el avance soviético. Se han cavado fosas comunes para disimular la amplitud de la masacre en los campos de refugiados. En Jenin y Nablus, la población civil fue bombardeada sin miramientos; los soldados sionistas disparaban contra los campos de refugiados usando a árabes del común como escudo. Hay una limpieza étnica en marcha; varios ministros sionistas ya reclaman la expulsión del millón de árabes israelíes del territorio oficial del Estado. Los centros culturales más eminentes han sido destruidos y saqueados, en buena parte en beneficio de oficiales y soldados. El latrocinio no es nuevo en el ejército sionista.


El pueblo palestino se ha defendido y se defiende aún heroicamente. Esta lucha cimenta poderosamente su destino nacional; las posibilidades del sionismo son, a partir de esta guerra, menores que nunca. Un 10% de la reserva israelí se ha negado a ir al combate en los territorios ocupados; muchos no han vacilado en declarar su solidaridad con los árabes palestinos.


La negativa del «paloma» Powell a exigir el retiro sionista, ha confirmado hasta qué punto el imperialismo yanqui en su conjunto defiende la política terrorista de Sharon. Pretendió que Arafat aceptara una tregua con las tropas sionistas como gendarmes del reducido territorio asignado a su administración. Una destacada columnista del Financial Times (10/4) señaló con toda claridad que la invasión sionista forma parte de la política de ataque militar a Irak, de ningún modo la contradice. El asesinato de Irak tiene como condición previa la «pacificación» de Cisjordania.


Un amplio sector del «establishment» norteamericano y el mismo Powell han coincidido con el reclamo izquierdista democratizante de que la ONU envíe una fuerza militar de interposición comandada por los propios yanquis. Sería convertir a Palestina de nuevo en un protectorado. Sería también el preludio para ajustar cuentas con Irak. La fuerza de interposición está siendo negociada con Sharon, quien reclama como condición del sionismo la completa «limpieza» del «terrorismo» palestino y un derecho de supervisión para el ejército sionista.


La defensa de la resistencia palestina no pasa por la ONU o el Pentágono, sino por la asistencia de una lucha internacional masiva. Es por eso que Powell se mandó a Marruecos, Egipto, Siria y Jordania, para asegurarse que sus gobiernos siguen teniendo en claro que el enemigo no es el sionismo sino el pueblo de su propio país.


Los árabes y judíos deben unirse para expulsar al imperialismo mundial de Palestina, como lo plantearon la III y IV Internacionales, porque sólo por esa vía podrán conquistar la posibilidad de un libre desarrollo nacional. El sionismo se ha revelado otra vez como el sepulturero del libre desarrollo judío.

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