28/10/1993 | 405

El plebiscito de Fujimori

El último domingo de octubre, el dictador Alberto Fujimori someterá a plebiscito una constitución redactada a su medida por una Asamblea amañada y fraudulenta que sesionó bajo el estado de sitio.


La constitución de Fujimori implanta un régimen político reaccionario hasta los tuétanos;  liquida  las libertades públicas, concentra la “suma del poder” en las manos del Ejecutivo; crea la curiosa figura de los “decretos legislativos”,  liquida las asambleas municipales, en beneficio de los intendentes; establece que los ascensos militares serán fijados por el Ejecutivo sin intervención del Congreso. Al tope de esta catarata, Fujimori ha puesto la legalización de la pena de muerte. La nueva constitución, al prohibir que el Estado sea propietario de empresas comerciales o industriales, eleva las privatizaciones al rango de precepto constitucional, también liquida conquistas obreras en masa como la estabilidad laboral, la educación gratuita y el derecho a la vivienda.


 


Las “cartas” de Fujimori


A pesar de su carácter declaradamente reaccionario y antipopular, el resultado del plebiscito no ofrece incógnitas: se espera un triunfo arrollador de Fujimori, que podría alcanzar el 70% de los votos, aunque las encuestas de las últimas horas “confirman un sorprendente crecimiento en los últimos días del voto por el “no”  que podría alcanzar del 35% al 45% lo que significaría un desgaste para Fujimori” (Jornal do Brasil, 27/10).


Semejante resultado no debería extrañar. Las elecciones se realizan bajo un régimen de terror, con las ciudades militarizadas y con bandas paramilitares que responden directamente al “entorno” presidencial y asesinan impunemente a militantes opositores. La dictadura ha puesto al movimiento obrero fuera de la ley de hecho, después de asesinar al secretario general  de la CGTP, Pedro Huillac, y hasta la propia “oposición legal” está proscripta igualmente de hecho. La CGT ha denunciado la sistemática detención de militantes que hacen campaña por el “no” y la prohibición oficial de actos públicos de la oposición. Por si esto fuera poco, Fujimori domina plenamente los medios de prensa y la justicia electoral.


Pero los factores que anuncian la victoria de Fujimori son más profundos.  El “Financial Times” (29/9) reconoce que “comienza a retornar una frágil confianza”. Los pulpos imperialistas se han llevado la parte del león en la privatización de las empresas públicas —particularmente en la minería— y del sistema previsional. Después de mucho tiempo, los bancos acreedores han comenzado a recibir nuevamente remesas en pago de la deuda externa.


Otro motivo no menor del pronosticado triunfo de Fujimori es que el “comando del no” está encabezado por partidos odiados por las masas y en abierta descomposición: el partido de Belaúnde Terry, el APRA de Alan García y hasta la stalinista Izquierda Unida, que han hundido cada una de las reivindicaciones populares en nombre de la “defensa de la democracia”.


Pero la mayor carta de triunfo de Fujimori es la aparente capitulación de Abimael Guzmán, el líder de Sendero Luminoso. A través de dos cartas y un video dirigidos al “señor presidente Fujimori”, Abimael Guzmán pide al gobierno abrir “negociaciones de paz”… ;justifica el golpe de estado del 5 de abril de 1992 y reconoce sus “éxitos” en el plano económico y militar. La publicitada capitulación de Guzmán habría sido rubricada también por Elena Iparraguirre, su esposa y “segunda” en la jerarquía de Sendero, y por otros dirigentes encarcelados. Según el “Expreso” de Lima (17/10), los militares permitieron a Guzmán conversar telefónicamente con Oscar Ramírez Durand, dirigente “histórico” de Sendero que se encuentra en el exterior.


La aparente capitulación de Guzmán constituye una victoria política de la dictadura, que montó un operativo enderezado especialmente a quebrarlo. Guzmán fue encerrado en una celda subterránea de tres metros por dos; la única persona que podía acceder a la celda era Vladimir Montesinos, asesor de Fujimori y su “representante personal” ante los organismos de inteligencia. Montesinos está acusado, incluso por ex militares, de organizar los “escuadrones de la muerte” que asesinaron a centenares de trabajadores y estudiantes. En estas condiciones, bajo la presión de las informaciones “filtradas” por los servicios de inteligencia sobre la detención de la cúpula de Sendero y los golpes a la organización, fue obtenida la capitulación de Guzmán, que puede llevar a la completa desintegración de su organización.


Mientras tanto, la miseria de las masas en las ciudades es explosiva y se ha agravado bajo el régimen de Fujimori: el 70% vive en condiciones miserables, apenas un 12% de la población tiene empleo fijo, mientras que ingresan cotidianamente  más de 1.000 millones de narcodólares. En el campo se libra una sorda guerra entre los campesinos y los representantes de los bancos y el gran capital por la propiedad de la tierra. Perú sigue siendo un auténtico volcán social.

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