07/11/2021

Escala la guerra civil en Etiopía

El Cuerno de África, un foco de conflicto internacional.

En las últimas horas, el Frente Popular de Liberación del Tigray (FPLT) ha tomado la ciudad de Kemissie ubicada a un poco más de 300 km de la capital etíope Addis Adeba. Esta victoria lleva a la guerra civil a otro nivel ya que las fuerzas rebeldes -a las que se han sumado en los últimos meses las milicias de otros grupos étnicos- han anunciado que iniciarán más temprano que tarde la marcha hacia la capital con la intención de tomar el gobierno por asalto.

Tensión en el cuerno de África

Desde noviembre del 2020 Etiopia vive una guerra civil. Para entender el estado de situación hay que analizar las características políticas de la región y en particular de Etiopía.

Ubicada en el Cuerno de África, Etiopía se suma a una serie de conflictos que vienen desestabilizando la región desde hace varios años. Sudán, Somalia, Eritrea y Etiopía viven en estado de guerra interna desde hace varias décadas con picos de intensidad como es el caso de la guerra civil etíope al día de hoy. A ellos se les suma el actual desarrollo del conflicto en Yemen con la concreta intervención de Arabia Saudita. Cada uno de estos países conforma un enclave geopolítico importante, por eso no es de extrañar que los países imperialistas comiencen a mirar con mayor atención el desarrollo de los acontecimientos.

África aún hoy sigue soportando las consecuencias del colonialismo y la intervención del imperialismo para repartir los recursos del continente. La mayoría de las economías africanas son netamente exportadoras de materias primas, sufren una extracción constante mientras se sumergen en la pobreza. Lejos de haber logrado sacarse de encima el yugo colonial, las distintas naciones africanas subsisten en una tendencia constante a los conflictos internos producto del apoyo de las grandes naciones al ascenso o descenso al poder de alguna etnia. En rasgos generales, esta situación se replica a lo largo del continente.

Etiopía, historia de guerra

El caso de Etiopía no es una excepción, aunque tiene peculiaridades distintivas. En 1270 se funda el Imperio Etíope, que se extiende hasta 1974, cuando sucumbe por el propio peso de sus fracasos y la persistente hambruna generada por sus políticas. Desde 1972 hasta 1974, enormes movilizaciones dan lugar a la Revolución Etíope, llevando a que distintos grupos del ejército, subidos a la ola de descontento, depusieran al emperador e instauraran un nuevo gobierno con el apoyo de la Unión Soviética. La caída de la URSS precipita una enorme crisis que se había venido cocinando en Etiopía y luego de casi 3 décadas de gobierno, el DERG (Consejo Administrativo Militar Provisional) cae en medio de movilizaciones y de la lucha armada, en este caso protagonizada por el FPLT, de características nacionalistas y representante de una de las etnias, hasta ese momento, más desplazadas, la tigriña.

Desde 1991, el FPLT ha sido protagonista de la historia política del país. Llegando al poder luego de una prolongada guerra contra el DERG, desarrolló la conformación de un estado autodenominado multiétnico federal en Etiopía. A saber, el país se dividió en regiones autónomas compuestas por las etnias mayoritarias del país. Al norte, la etnia tigriña jugó un papel clave y fue la más favorecida, mientras el gobierno etíope era encabezado por Meles Zenawi; el FPLT fue sin duda la fuerza que más prosperó. Los conflictos internos en torno a la distribución del dinero del Estado etíope generaron conflictos durante la década del 90 y principios del siglo XXI, todos ellos sosegados por la figura de Meles Zenawi. Sin embargo, los conflictos recrudecieron ante su muerte en 2012.

En 2018 asume Abby Ahmed, representante de la etnia Oromu, en acuerdo con el FPLT, para la confirmación de un gobierno de unidad. Sin embargo, las tensiones dentro del gobierno comienzan rápidamente a aflorar. Luego de décadas en el poder, la etnia tigriña comienza a perder lugar y Ahmed se encarga de desplazar funcionarios y miembros del ejército de lugares claves. Al mismo tiempo, la distribución de los ingresos del Estado ya no fluyen de la misma manera; Ahmed buscaba un centralismo más duro, pero para ello debía enfrentar a las distintas autonomías provinciales. Distintas etnias comienzan a entrar en conflicto con el gobierno federal. Así, ante las elecciones regionales en la provincia Tigriña, el gobierno de Ahmed a mediados de 2020 y con la excusa de la pandemia pretende que sean pospuestas. En un claro acto de enfrentamiento, el gobierno autónomo de Tigray las lleva adelante y comienza un conflicto político sobre el reconocimiento de la gobernación. Para finales de 2020, el gobierno central lanza una intervención militar para regularizar la provincia y atacar de manera directa al FPLT.

El avance del ejército gubernamental es rápido y sangriento, incluso llegando a bombardear la capital de la provincia, junto con tropas del vecino Eritrea. El conflicto durante los primeros meses de 2021 pareció haber llegado a un impasse. Sin embargo, la ofensiva de febrero del FPLT cambia todo el panorama. Comienza la avanzada recuperando territorio y rápidamente avanza con Addis Adeba como faro. Distintas guerrillas étnicas confluyen con el FPLT y se suman a la guerra contra el gobierno central y las fuerzas gubernamentales comienzan a retroceder.

Al día de hoy, la situación parece ser crítica para el gobierno de Ahmed. Hace 2 semanas, el presidente convoca a los ciudadanos a defender la capital a toda costa, en un reconocimiento de que la guerra civil llega a su punto cúlmine. Con la caída de Kemisse y la ampliación del frente opositor parece que el gobierno de Ahmed se encuentra en las vísperas del colapso. Por eso, no es de extrañar que Biden intervenga con la intención de apaciguar el conflicto y llegar a una transición acordada. Una delegación diplomática se encuentra en Etiopía con estos fines y es evidente que Estados Unidos pretende sacar su tajada de esta guerra. Apoyará al mejor postor, es decir, quien le garantice las posibilidades de hacer pie en la región, así como también evitar una desestabilización general.

La situación en Etiopía y en el Cuerno de África deja en claro que las posibilidades de desarrollo del continente africano no pueden darse con la intervención constante del imperialismo y sus políticas coloniales, así como con la postración de las clases dominantes locales. El desarrollo de la región requiere una salida revolucionaria de los explotados, contra el imperialismo y las burguesías nativas, que supere los enfrentamientos sectarios y confesionales.

En esta nota